El enganche que se asomaba espera un juicio por homicidio

Jugaba en Argentinos, estuvo a préstamo en Atlético Paranaense. Era una promesa. Pero está preso desde enero, acusado junto a su padre y su primo del crimen de Joan Villegas. Cabral asegura que no participó de la pelea.
22 de julio de 2017

La vida de Luciano Cabral cambió para siempre en las primeras horas del primer día de este año. La de Joan Villegas, de 27 años, terminó ese mismo amanecer. Sufrió una golpiza feroz. El ataque con cascotes le provocó la muerte por hundimiento de cráneo. Fue en el barrio El Inmigrante, de General Alvear, al sur de Mendoza, donde Cabral, jugador de Atlético Paranaense de Brasil, se acercó para pasar las fiestas. Hay cinco acusados por homicidio agravado con participación de menores: el ex enganche de Argentinos Juniors, su padre, su primo y dos menores.

“Hoy me lleva a estar en esta situación el haber salido a buscar a mi papá y a mi primito. Me despertó mi tía –le dice Cabral a Tiempo desde el complejo penitenciario de San Rafael, Mendoza- para decirme que había problemas con esta persona, que había fallecido. Entonces salí a buscarlos. Al encontrarlos a ellos después de haber pasado la situación esa se confundió todo. Me incluyeron en esa pelea”. Cabral está detenido desde el 4 de enero a la espera del juicio que lo declare culpable o inocente por el asesinato de Villegas. En General Alvear -30 mil habitantes, pueblo chico e infierno grande- dicen que las familias Cabral y Villegas llevan una enemistad de más de diez años.
La defensa del futbolista asegura que la semana que viene será importante porque se hará la prueba de ADN, lo que cerraría la investigación y permitiría que arranque el juicio. Hasta que no haya sentencia, algo que se espera para dentro de unos cuatro meses, el enganche seguirá detenido. “Me levanto con ganas, pero son muchas horas encerrado. Hay un momento en que las pierdo”, describe. Los días que lo llevan a hacer trabajos con madera le sirven para despejar la cabeza. “Ser futbolista me juega en contra. Por miedo a la fuga o a supuestos contactos, me han negado la libertad tres veces”, cuenta el mendocino de 22 años.

Argentinos, club formador y dueño del pase, se presentó en la Justicia como garante para que le otorguen la libertad hasta que llegue el momento del juicio. Gabriel Heinze, entrenador del Bicho, quería ir a buscarlo con su propio auto para llevarlo de nuevo al Diego Armando Maradona. El pedido no prosperó. En estos meses en los que Cabral estuvo detenido, Argentinos se consagró campeón de la B Nacional. “El presidente, los hinchas, el plantel y los utileros me han brindado su apoyo siempre, con banderas o con saludos que me llegan. Los partidos no los puedo ver, pero siempre estoy preguntando cómo salió Argentinos. Cada apoyo del fútbol me da más esperanzas, acá cada gesto se siente como algo muy fuerte”
Cabral también recibió algunas visitas del mundo de la pelota. El Lobo Ledesma, con quien compartió mediocampo en La Paternal, lo visitó en San Rafael para tomar unos mates y darle aliento. “Se subió a un avión sólo para verme. Me sorprendió. Yo no quería que tuviese este recuerdo mío, quería que cuando piense en mí sea corriendo a su lado, o jugando a la pelota. No detrás de las rejas”. El entrenador Hugo Tocalli, que lo llevó a las selecciones juveniles de Chile, también se acercó hasta San Rafael hace dos semanas junto a su colega Víctor Arroyo, quien entrenó a Cabral en las inferiores de River. “Sólo estuvimos media hora porque no era día de visita. Nos recibió y nos convidó unos mates. Charlamos de fútbol y de la vida. Le recomendé que no aflojara: que hiciera abdominales, que se cuidara el físico porque tiene que volver a las canchas. Él está desesperado por volver a jugar, se sigue sintiendo un futbolista”, rememora Tocalli.

En el complejo penitenciario hay una cancha de fútbol 5 con piso de cemento. Durante la semana, los días de limpieza le permiten a Cabral jugar 20 minutos a la pelota. Los sábados, una hora de corrido. “Espero esa hora del fin de semana. Mi papá va al arco y ya tengo mi equipo. Desde el primer día que estoy acá adentro que todos saben quién soy porque me decían que me veían jugar por la tele. Me han pedido fotos, autógrafos. Ni yo ni ellos podíamos creer que nos encontremos en estas condiciones”. Cabral, que además de la cancha comparte la celda con su padre, dice que está un poco más pesado por la falta de entrenamiento.
Tocalli lo minimiza: dice que son solo unos kilos.
Hasta el primero de enero de este año la carrera de Cabral parecía la del típico buen proyecto: debut prometedor en Argentinos -donde heredó la diez de Riquelme- y participación en las juveniles de Chile. Hasta Marcelo Gallardo lo había sugerido como refuerzo para River. En junio de 2016, tras el descenso del Bicho, pasó a préstamo a Atlético Paranaense. En Brasil no estuvo cómodo. Dice que extrañaba. Por eso volvió a su barrio a pasar las fiestas. De eso, cuenta, es de lo único que se arrepiente. A partir de ahí, las prioridades pasaron a ser otras. “Hoy en día sueño primero con salir. Tengo una hija de siete meses, eso me lo hace muy difícil. Y tengo muy claro que no se me va a hacer fácil volver a jugar al fútbol por la situación y las cosas que se han hablado de mí. No cualquier club me va a abrir las puertas. Pero ojalá pueda seguir haciendo lo que me gusta y lo que más amo”.

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