La vuelta a Washington tras la celebración del Día de la Bastilla en París no le trajo buenas noticias a Donald Trump. Por un lado, el proyecto de ley de los republicanos para eliminar la reforma de salud que introdujo Barack Obama no parece prosperar. Por el otro, la investigación sobre la presunta interferencia rusa en las elecciones del año pasado avanza y pone bajo la lupa las actividades del círculo más íntimo del presidente de los Estados Unidos. Aunque la posibilidad de un juicio político debido a estas relaciones de sus allegados con el Kremlin parecen haberse diluido un poco, todavía pende esa espada sobre la cabeza del magnate (ver aparte). 

Donald Trump Jr. y Jared Kushner, hijo y yerno del mandatario respectivamente, fueron llamados a declarar ante el comité de Inteligencia del Senado, que investiga si el entorno del jefe de Estado estuvo coordinado con la supuesta interferencia del Gobierno ruso en las elecciones. Ante el cuerpo parlamentario también tendrá que presentarse Paul Manafort, ex jefe de campaña del republicano. Las citaciones se hicieron públicas luego de que se conociera que el hijo de Trump tuvo el año pasado un encuentro con una abogada rusa que prometió información sobre la candidata demócrata Hillary Clinton.

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A través de su cuenta de Twitter, Trump Jr. publicó la serie de correos electrónicos en las que se pactó el encuentro, como forma de demostrar que no fue la campaña del republicano la que solicitó la reunión. También aseguró que no utilizaron la supuesta información prometida. Sin embargo, nada de eso logró que las críticas y la desconfianza disminuyeran.

Las investigaciones también alcanzan al fiscal general, Jeff Sessions, cabeza del Departamento de Justicia. Conocidas sus conexiones con Rusia, Sessions se recusó a sí mismo de investigar la supuesta injerencia de Moscú, luego de que Trump despidiera a James Comey, el jefe del FBI que tenía a su cargo las pesquisas. 

La decisión de apartarse no le cayó nada bien al mandatario, quien la semana pasada confesó que se arrepiente de haberlo nombrado a cargo del Departamento de Justicia. “No debió haberse recusado. Y si iba a recusarse a sí mismo, me lo tendría que haber dicho antes de aceptar el puesto y yo habría elegido a otra persona”, le dijo al New York Times. Sessions fue el primer senador republicano en apoyar la candidatura de Trump a la presidencia. A pesar de estar en la cuerda floja, el funcionario aseguró que seguirá en el cargo y que no renunciará.

Si bien se sabía que Sessions había mantenido durante la campaña una reunión con el embajador ruso en Estados Unidos, Serguéi Kislyak, el funcionario estadounidense ha negado que hubieran hablado sobre las elecciones. Una nota del Washington Post publicada el viernes afirma, en cambio, que sí lo hicieron. En exclusiva, el diario citó como fuentes a funcionarios del gobierno actual y del anterior, quienes hicieron referencia a reportes del diplomático ruso a sus jefes en Moscú en los que supuestamente Kislyak admite que trataron temas relacionados a las elecciones.

Trump cuestionó este sábado la nota publicada en el diario de la capital estadounidense, a pesar de que días antes había criticado a Sessions. “Una nueva filtración de (los servicios de) inteligencia del Amazon Washington Post, esta vez contra el fiscal general Jeff Sessions. ¡Estas filtraciones ilegales, como las de Comey, deben parar!”, dijo a través de su cuenta de Twitter. Fiel a su estilo, el jefe de Estado se preguntó qué sucede “con todos los lazos entre Clinton y Rusia”, entre los que enumeró la empresa de un ex jefe de campaña demócrata, un supuesto trato para vender uranio y discursos pagos. “Mi hijo Donald dio abiertamente sus correos a los medios y a las autoridades, mientras que la deshonesta Hillary Clinton eliminó (y lavó con ácido) sus 33 mil correos”, se quejó.

En una seguidilla de mensajes en la red social, el mandatario también recordó que “el presidente de los Estados Unidos tiene el poder total para perdonar”. Una posibilidad que está evaluando ante las investigaciones. “¿Por qué pensar en eso cuando el único crimen hasta ahora son las FILTRACIONES en nuestra contra? NOTICIAS FALSAS”, aclaró.

Pero el debate ya está instalado: llegado el caso, ¿puede Trump perdonarse a sí mismo? «

En guerra con la prensa

La relación entre Trump y los medios de comunicación empeora con cada noticia. Las filtraciones que aparecen en las portadas del Washington Post o del The New York Times no mejoran la situación. Ante cada exclusiva, el presidente recurre a una serie de tuits, muy temprano en la mañana, para desquitarse contra cada nota que le parece equivocada. En esos espacios, bautizó “fracasado” al The New York Times y “falsa” a la CNN.

El periódico neoyorquino fue uno de los destinatarios de sus mensajes más recientes. A través de Twitter, Trump acusó este sábado al New York Times de frustrar un plan para matar al líder del Estado Islámico, Abu Bakr al Bagdadi. «El fracasado New York Times frustró un intento de EE UU para matar al terrorista más buscado, Al Baghdadi. (Pusieron) Sus enfermizos intereses por encima de la seguridad nacional», escribió Trump.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el jefe del grupo yihadista falleció hace meses, pero en el país norteamericano desconfían de la información. El jefe del grupo de Operaciones Especiales de Estados Unidos afirmó el viernes pasado que su equipo estaba “particularmente cerca” de Bagdadi en 2015, pero que la pista se perdió tras unas filtraciones a la prensa, lo que provocó el tuit de Trump.