En Medio Oriente, el después de la guerra es un antes de la guerra

Turquía reveló que en las bases de EE UU en Siria se entrenan las milicias kurdas. La resolución de la crisis de Catar con sus vecinos árabes y la alianza de Israel con Arabia Saudita prenuncian conflictos.
22 de Julio de 2017

No fue casualidad que la agencia estatal turca de noticias Anadolu publicara el miércoles 18 un mapa del Kurdistán sirio con las bases militares estadounidenses donde se adiestra a las milicias kurdas que están derrotando al Estado Islámico (EI). En por lo menos dos de ellas también están estacionados 75 efectivos franceses. El artículo reveló, además, los tipos y números del personal, las armas y los vehículos.

Casi en simultáneo, el presidente Donald Trump canceló el programa de la CIA para armar y entrenar a grupos rebeldes en Siria. La medida –largamente reclamada por Rusia– es una concesión mayor a Vladimir Putin y reduce la influencia norteamericana en el país después de que el EI sea derrotado. "En Siria venció Putin", declaró un directivo de la agencia de inteligencia al The Washington Post. Ambos hechos forman parte de los realineamientos que se están produciendo en todo Levante luego de las reuniones que Trump y Putin mantuvieron en Hamburgo el pasado 7 de junio durante el G20.

Con la publicación, Turquía mostró el apoyo militar que Washington y París están dando al Partido de la Unión Democrática del Kurdistán (PYD) al que Ankara considera una prolongación del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que desde hace 30 años lleva una sangrienta guerra por la independencia de Kurdistán con el Estado turco.

El "desliz" turco se produjo al mismo tiempo que fuentes kurdas difundían fotos de un largo convoy motorizado estadounidense que entraba a Siria desde Irak con la intención –según observadores locales– de perpetuar la presencia estadounidense en el norte de Siria después de la próxima caída de Rakka, la "capital" del Estado Islámico.

Con su jugada, Turquía buscaría imponer al Kremlin y a la Casa Blanca su presencia en el norte de Siria, mientras que ambas superpotencias se estcionan en tres zonas desmilitarizadas del suroeste y sur del país y EE UU parece tener el visto bueno ruso para quedarse en el noreste.
No se sabe qué decidieron Putin y Trump durante sus conversaciones en Alemania, pero sus efectos se están viendo: la pacificación conjunta del sur de Siria coincide con el comienzo de solución para la crisis entre Catar y sus vecinos de la Península Arábiga. Efectivamente, la decisión de los cuatro países que desde hace un mes bloquean al pequeño emirato (Arabia Saudita, Baréin, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos) -al que acusan de apoyar internacionalmente a los Hermanos Musulmanes- de reducir sus trece demandas originales a seis, es resultado de la mediación de EE UU que quiere a sus aliados unidos, pero dejando de financiar el terrorismo islámico.
El gobierno turco de Recep Erdoğan ha salido victorioso de la crisis. Desde el inicio sostuvo a su aliado catarí y hasta aumentó el contingente turco allí, se acercó a Irán y ambos aprovisionaron al sitiado.

En alianza con Israel, por el contrario, la monarquía saudita (enfrascada en una conflictiva transición del Rey Salmán a su hijo Mohamed bin Salman) decretó el bloqueo de Catar, después de que durante su visita a Riad en mayo, Trump condenara públicamente a la Hermandad Musulmana. Los sauditas creyeron que su pequeño vecino era pan comido, pero se equivocaron. Kuwait y Omán no se sumaron al bloqueo, Irán afianzó su vínculo con Catar y Turquía se inmiscuyó en el Golfo. Rusia, en tanto, aumentó su rol mediador. Los sauditas y su aliado Benjamin Netanyahu han salido derrotados de la crisis. Al rechazar el plan ruso-norteamericano para Siria, además, el líder israelí se encontró con que los rusos se estacionaron al pie de las alturas ocupadas del Golán.

La crisis en torno a Catar profundizó la división de Levante entre dos coaliciones enfrentadas que Rusia y Estados Unidos intentan controlar. Para recuperar la iniciativa, es probable que Tel Aviv apoye a los kurdos contra Siria, Irak y Turquía. Por eso la publicación del mapa debe entenderse como una seria advertencia de Erdoğan. El cercano fin de la guerra preanuncia el avance confluyente de Ankara y Damasco sobre los kurdos. En Levante, el después de la guerra es antes de la guerra. «

Berlín y Ankara apuestan alto

Después del fallido golpe de Estado en Turquía en julio de 2016 y a medida que la guerra en Siria se acerca a su fin, las relaciones entre la Unión Europea (UE) y el gobierno de Recep T. Erdoğan han empeorado aceleradamente. En Turquía hay diez alemanes detenidos por motivos políticos y los dirigentes de ambos lados han cruzado duros epítetos. El valor estratégico que Turquía tenía durante el bipolarismo de Obama y la guerra en Siria desapareció por las buenas relaciones entre Alemania, Rusia y China y por el actual realineamiento en Levante, pero en Turquía sobreviven todavía tres millones de refugiados que podrían inundar Europa, si la UE cierra definitivamente las negociaciones para la admisión del país en la Unión. Ambas partes tienen a la vez intereses divergentes y convergentes que se balancearán la próxima semana, cuando en Bruselas se reúnan representantes de Turquía y de la UE donde mantendrán una reunión para discutir las relaciones bilaterales. Ese día se sabrá cuánto cuesta un compromiso.

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