Estalló el verano de los protocolos

Barbijos en la playa, alcohol en gel en la arena, distanciamiento por doquier. Las vacaciones 2021 son un desafío para los veraneantes y para el sector turístico, con una única meta: que continúen.
(Foto: Telam)
3 de enero de 2021

Será una temporada distinta, qué duda cabe. Con postales diferentes a las de cualquier otro verano. Con barbijos y alcohol en gel, pero también con medidas que hasta pueden resultar atractivas para quienes suelen evitar las aglomeraciones estilo La Bristol de la era pre Covid. Porque mantener la distancia es una de las claves para vacacionar en tiempos de protocolos.

En la costa bonaerense, en los destinos patagónicos o cuyanos, los cuidados son los mismos. Mucho aire libre, restricciones en los ámbitos cerrados y tapabocas, siempre. Con estas pautas, el sector que permaneció más estancado durante los primeros meses de la pandemia encara una temporada en la que la meta es, en el muy corto plazo, que las vacaciones sencillamente continúen.

“Tener una playa repleta no es un éxito esta temporada”, define Federico Scremin, presidente del Ente Municipal de Turismo de Mar del Plata. Y refuerza la idea: “El éxito es que esto pueda ser duradero. De nada serviría que hoy lleguen millones de personas pero tengamos que cerrar en una semana”.

En diálogo con Tiempo, Scremin cuenta que los preparativos para esta temporada atípica incluyeron la ampliación de las playas públicas mediante un acuerdo con los balnearios privados, que retiraron carpas y sombrillas para dejar más espacio disponible. El parámetro a respetar es una distancia de cuatro metros entre sombrilla y sombrilla.

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(Foto: Telam)

A la playa, con barbijo 

Hay “concientizadores” que caminan las playas. Así los llama Juan Ibarguren, secretario de Turismo de Pinamar. Y explica que se ocupan de observar que no se comparta el mate, que se cumpla el distanciamiento. Estas campañas apuntan a que la relajación vacacional no deje de lado los cuidados sanitarios, en el marco de una pandemia que está lejos de dar tregua. “El quid de la cuestión es la responsabilidad de cada uno. El Estado hizo todo lo posible para cuidarnos, pero vamos a depender mucho de la responsabilidad individual”, remarca.

En las bajadas a las playas públicas marplatenses, personal municipal se ocupa de controlar el uso de barbijos. Una vez en la arena, la indicación es usar el tapabocas hasta instalarse en la sombrilla, carpa o lona propia y tenerlo a mano para volver a colocárselo en espacios comunes –como los baños– o al interactuar con trabajadores y vendedores.

“En líneas generales, no les molesta que les indiquemos que usen tapabocas. A veces la gente se enoja, pero es la excepción. Están bien predispuestos, aunque se ve un hartazgo generalizado. Ante la mínima situación, como nos pasa en todos los ámbitos, hay un estrés colectivo que se nota”, describe Rodolfo Parato, uno de los dueños del mítico Torreón del Monje, y asegura que esa ansiedad se va “al segundo día de ver el mar, después de un año tan complicado, sobre todo para la gente de Capital, que en muchos casos estuvo seis meses encerrada en un departamento”.

Dentro del balneario, además de las medidas en la playa, la piscina se usa con una reducción del aforo. “Lo trabajamos con señalética y personal salvavidas; intentamos sectorizar la pileta para que haya cinco grupos de cuatro personas al mismo tiempo, con un espacio para cada uno”, explica Parato, quien además es uno de los directivos de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (AEHG).

En los balnearios marplatenses, el precio de una sombrilla arranca en 3000 pesos por día, con variaciones según los servicios de cada playa. “Entran cuatro personas. Es más barato que un combo en una casa de comidas rápidas para toda la familia y es para pasar el día en un lugar seguro”, invita el empresario.

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Chau al desayuno buffet

El sector gastronómico cruza los dedos para que el buen clima acompañe, y no solo el sanitario. Porque la principal oferta de bares, confiterías y restaurantes es al aire libre, ampliada para la ocasión. Entre otras adaptaciones a tiempos pandémicos, como la consulta de menús vía celular. En Mar del Plata, según el referente de la AEHG, la oferta gastronómica es variada en materia de precios: entre $ 450 –menús ejecutivos– y $ 750 en promedio por comensal.

En los hoteles, tal vez los más golpeados desde la llegada del coronavirus a los destinos turísticos, la clave está en la reducción del uso de los espacios comunes. Esto implica olvidarse de algunos hábitos vacacionales, como el desayuno buffet. En este verano 2021, los servicios de desayuno son con turnos o en las habitaciones. “No se puede estar sirviendo la gente de un mismo plato, eso ya no va”, grafica Parato.

A diferencia de las plazas hoteleras, de lenta ocupación, los aparts, casas y departamentos son más requeridos. Así se percibe en Pinamar, donde “el 90% de las plazas son casas y departamentos, y solo el 10% plazas hoteleras, que están sufriendo un poco más la temporada”, según Ibarguren.

El secretario de Turismo pinamarense también resalta que “la mayoría de los bares están abiertos” y eso “ayuda a descomprimir alguna que otra fiesta clandestina. Ya fueron disminuyendo las denuncias: tiene que ver con esto, que haya alternativas”.

Villa Gesell ya viene de una temporada difícil: el año pasado el clima vacacional se interrumpió cuando un grupo de rugbiers asesinó a golpes a Fernando Báez Sosa a la salida del boliche Le Brique. Este año, pandemia mediante, los boliches permanecerán cerrados y en la playa solo se permitirá la actividad gastronómica. Además de los cuidados, se busca reflotar el perfil familiar del balneario.

La nocturnidad en los distintos destinos tendrá opciones mucho más acotadas. El baile deberá esperar. “Hay restaurantes y cervecerías. Eventos no. No los hemos autorizado ni lo haremos”, avisa Gustavo Gennuso, intendente de Bariloche, donde los últimos dos meses de 2020 el promedio de casos diarios de coronavirus se mantuvo estable pero alto.

“Estuvimos nueve meses sin trabajar. Para una ciudad que depende del turismo, es como que a la Provincia de Buenos Aires le saquen la cosecha”, compara. Y asegura que, por eso, ante una temporada inusual, “hay mucho entusiasmo, y trabajadores y emprendedores que respetan muchísimo los protocolos. Todos los barilochenses saben que de eso depende su trabajo”.

Es algo que se repite en cada destino: tras tantos meses sin trabajar, las medidas de cuidado se respetan a rajatabla en hoteles, restaurantes y paseos. Para que el turismo pueda funcionar, nada menos. Así lo plantea el marplatense Scremin: “Es un año largo y difícil y a veces la gente quiere descansar también del tapabocas, pero debe entender que los cuidamos a ellos también. A nadie le sirve venir de vacaciones y contagiarse”.

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(Foto: Ministerio de Turismo de la Nación)


La clave es el aire libre

En cada destino turístico, las lupas de los controles sanitarios apuntan hacia los espacios céntricos, los locales gastronómicos y los ambientes hoteleros, además de lo que sucede en los espacios comunes de los balnearios. Pero en los destinos de montaña, donde las actividades se desarrollan en áreas extensas,  para recorrer en excursiones y paseos, la preocupación es menor.

“En los senderos, generalmente, se mueven grupos familiares, de gente que convive, que se mueven al aire libre. Hay guardaparques que van observando los movimientos, pero nos parecen lugares seguros”, considera Gustavo Gennuso, intendente de Bariloche.


En los refugios de montaña sí se tomaron más precauciones, y no todos se abrieron en el marco de la pandemia. Solo los que tienen instalaciones más espaciosas y adaptables a los cuidados sanitarios básicos.


“Este es un lugar ideal, por el espacio libre que tiene para disfrutar de la naturaleza”, convoca Gennuso. La ciudad comenzó los preparativos de la temporada en octubre, con una prueba piloto de turismo –realizada a nivel provincial– para ensayar todos los protocolos. A partir del 4 de diciembre, la temporada de la era pandémica se puso en marcha. Y tuvo su debut diez días más tarde, durante el eclipse solar total, que se disfrutó en buena parte de la Patagonia.

Medidas

Certificado Verano. Se puede obtener hasta tres semanas antes del viaje, con los correspondientes datos de alojamiento y estadía. No todos los destinos lo requieren. Se puede consultar y tramitar en el sitio <www.argentina.gob.ar verano="">

Reservas de
último momento.
En destinos de la Costa Atlántica, como Pinamar, los hoteles registraron un inicio de temporada con poca concreción de reservas pero con gran cantidad de consultas. En el sector estiman que será la regla este verano: reservas que se hacen a último momento, con decisiones tomadas en función de la situación sanitaria, que presenta un preocupante rebrote.

Ni mate ni protector. La pandemia anuló, entre muchas otras cosas, las rondas de mate. Pero hay otros elementos típicos del verano que tampoco se sugiere compartir. Por ejemplo, el protector solar. “Informar a las y los visitantes que deben evitar compartir protectores solares, ropa, accesorios u otros efectos personales”, dice el protocolo Covid-19 para balnearios elaborado por el Ministerio de Turismo de Nación y las cámaras del sector.

Artistas callejeros.
En ciudades como Mar del Plata y Pinamar, debieron registrarse y obtener autorización para mantener control del uso del espacio público. “No va a poder ser como en otras temporadas, por ejemplo, sobre la calle Rivadavia, que solía tener mucha aglomeración”, avisó el ente turístico marplatense.

De regreso

En todos los balnearios de la Costa Atlántica de la Provincia de Buenos Aires, por disposición del gobierno provincial, si se detectan turistas que hayan recibido un diagnóstico de Covid-19, deberán interrumpir sus vacaciones y regresar a sus ciudades de origen, siempre que tengan vehículo y presenten cuadros leves o asintomáticos.

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