Los más de diez años de acción que tuvo Montoneros como organización político-militar dieron lugar a un número considerable de trabajos de distinta índole. Libros, películas y series recorrieron, con sus matices y sus enfoques, los acontecimientos que encumbraron a Montoneros como una de las marcas más fuertes de los años setenta en la Argentina. Pocos han puesto la lupa en la historia de la organización luego del 24 de marzo de 1976, fecha del Golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura. Menos aún en la Contraofensiva, la estrategia política, propagandística y militar planeada desde el exilio que terminó por sellar el desenlace de la organización. 

La Contraofensiva: el final de Montoneros, publicado por Fondo de Cultura Económica, es un libro que echa luz a un tema sobre el que sólo había algunas producciones, más literarias o periodísticas que historiográficas. La publicación es la adaptación de la tesis doctoral de Hernán Confino, Doctor en Historia, Becario Posdoctoral de Conicet y Docente de grado y posgrado en el Área de Historia de la Universidad Nacional de San Martín y aborda el tema por fuera de los lugares comunes que lo describen como  una “aventura mesiánica” o un “suicidio”. Más que una “excepcionalidad” el autor sitúa al intento de retorno montonero como “parte de un devenir histórico más amplio” y cita como ejemplo paralelo el operativo del Movimiento de Izquierda Revolucionario en Chile, contra la dictadura de Augusto Pinochet. 

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Con el testimonio de una veintena de ex militantes y un variado material de archivo, Confino logra reconstruir el contexto de exilio en el que fue concebida la acción para correrse de lo que define como “hermenéutica de la derrota”, la concepción más resultadista que limita el abordaje histórico de los últimos años montoneros, como si a finales de la década de 197o los militantes no cargaran aún con la incertidumbre de su propio futuro.  “El boom de la historia reciente que se dio a partir de 2005 estudió la radicalización política que se produjo desde la segunda mitad de los sesentas  hasta el golpe de Estado de 1976. Luego de esa fecha -explica Confino-, el movimiento disciplinar tendió a mirar las formas de la represión del terrorismo de Estado. La historia de las organizaciones quedó, por tanto, fragmentada, y poco se supo sobre sus derivas luego de 1976. A partir de la consolidación del campo de los exilios políticos, se dio una (nueva) entrada a la historia de las organizaciones en el exterior. En ese movimiento se sitúa este libro, que quiere comprender las condiciones históricas de la desarticulación de Montoneros, en el contexto más amplio de transformación de la oposición a la dictadura desde el paradigma de la revolución al de los derechos humanos”. 

En octubre de 1978, luego del Mundial, ante el temor de que Montoneros dejara de representar una alternativa política en el país, con el pronóstico de un aumento en la conflictividad sindical por el mal contexto económico,  la jefatura montonera decidió el inicio de la Contraofensiva. Entre 1979 y 1980 unos 200 militantes -muchos no pertenecían a Montoneros antes de su exilio-, volvían en secreto a la Argentina con el objetivo de mostrar que la organización aún tenía músculo, con la intención de hacer crecer el descontento social que, suponían desde México, existía en el país. Cerca de la mitad resultaron asesinados y secuestrados. Con el tiempo se supo que el regreso no fue tan secreto como se pensaba: el libro cita fichas de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA) en las que se daba cuenta con detalles de buena parte de los movimientos de los militantes, como la intención de ingresar al país por los pasos fronterizos terrestres.

La Contraofensiva estuvo organizada en tres secciones, con tareas definidas para cada una. Las Tropas Especiales de Agitación (TEA) eran grupos de propaganda que tenían como objetivo producir interferencias en las señales de televisión o pintar paredones con consignas que demostraran la presencia en la Argentina. Las Tropas Especiales de Infantería (TEI), con entrenamiento previo en el Líbano, tenían la misión de realizar una serie de atentados contra algunos funcionarios de la política económica de la dictadura, encabezada por José Alfredo Marínez de Hoz. Los intentos de atentados fueron tres: contra Guillermo Klein, secretario de Coordinación y Programación Económica; Juan Ernesto Alemann, ministro de Hacienda; y Francisco Soldatti, presidente del Banco de Crédito Argentino. Y por último, el Movimiento Peronista Montonero, anunciado en 1977 en Roma, con dirigentes que volvían al país para intentar articular iniciativas comunes con otras fuerzas políticas. “En la decisión de iniciar la Contraofensiva -relata el libro- se solaparon razones explícitamente políticas, que subrayaban las posibilidades que tenía Montoneros de liderar una guerra revolucionaria contra la dictadura, con factores de índole emotivo, como la incomodidad en el exilio y las ganas de volver al país o de honrar el recuerdo de las y los militantes desaparecidos”.

Aunque se trate de la adaptación de una tesis doctoral y cuente con un riguroso trabajo disciplinario, el libro lleva un sostenido ritmo narrativo que permite viajar con la imaginación al contexto de esos años, aún sin tomarse licencias literarias para relatar los hechos. La construcción de escenas que más de cuatro décadas después parecen inverosímiles -una reunión en Madrid de más de 200 exiliados de distintas organizaciones, en una suerte de convocatoria abierta para quienes quisieran participar de la Contraofensiva sin demasiadas medidas de seguridad o las jornadas de entrenamiento de las TEI en Siria- resultan precisas. 

El peso de La Contraofensiva: el final de Montoneros, sin embargo, parece estar en la veintena de testimonios que personifican el relato y que aún con la distancia del tiempo demuestra el amplio abanico de ideales y sentimientos que llevaron a los militantes a tomar el protagonismo político en un contexto tantas veces revisado. “Las inseguridades fueron experimentadas por la mayoría de quienes regresaron al país y se toparon con la amenaza del terrorismo de Estado. Este costado de las y los montoneros estuvo lejos de representar el tipo ideal con el que se ha definido a los combatientes revolucionarios, dispuestos a ofrendar sin miramientos la propia vida por la causa”, describe Confino en el libro. No sólo está lejos de esa representación: también del accionar de una conducción que evitó modificar las políticas decididas desde el exterior pese a que la inteligencia militar tenía un alto conocimiento de los planes de la organización, lo que puede explicar la muerte y/o el secuestro de casi la mitad de los militantes que participaron de estrategia político-militar. La idea de la infiltración de Montoneros a través de su jefatura quedó instalada como una explicación de la desarticulación de la organización. Entre otras cosas el libro expone que esa no fue la única causa.