No es nuevo ni disparatado. Cristina Fernández viene pidiendo una instancia de intercambio político desde que empezó con su serie de discursos públicos. La bala que no salió aceleró todo. La convocatoria pública la puso en palabras el senador Carlos Parrilli, este viernes, cuando dijo “ella nunca ha puesto límites”. Ahora, la pelota está del otro lado de la cancha.

En medio de un hermetismo total, propio de la vicepresidenta, Tiempo pudo reconstruir los puntos básicos que puso sobre la mesa desde diciembre del año pasado en Plaza de Mayo. Si bien es cierto que la cúpula del kirchnerismo está evaluando las consecuencias y posibles costos de la convocatoria, como también los distintos posibles resultados, Cristina insiste en “tener lo que tienen otros países, que construyeron la madurez democrática suficiente para sostener un marco mínimo de consenso institucional de una idea de Nación. Consiste en no exterminar al adversario ni tratar de asesinar presidentes”, sintetizan fuentes del Senado.

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El punto central de la propuesta que extiende Cristina es la institucionalidad, que tal como explicó este jueves en el Senado rodeada de religiosos y religiosas, no significa crear nuevas leyes. “Es un acuerdo de la política, un pacto que pone un piso”, explicaron fuentes cercanas. Por lo pronto, Mauricio Macri dijo este viernes en Pergamino que aceptaría participar de la convocatoria “con la Constitución sobre la mesa”, el texto fundacional del país al que aludió Cristina en todas sus alocuciones públicas.

Las interpretaciones de la respuesta de Macri varían dentro del kirchnerismo. Para algunos, el líder de la oposición dijo que sí y no negó la posibilidad. Pero quienes hacen una lectura pesimista interpretan una negativa “porque cuando es necesario bajar un cambio, él redobla la apuesta y vuelve a hablar mal del kirchnerismo y poner condiciones”.

“Cristina no está poniendo condiciones, está diciendo que busquemos un acuerdo como país en un marco de no agresión al otro. Además, vuelve a plantear que en ese diálogo no hace falta acordar ideas políticas ni proyectos de país”, explicaron.

Los emisarios políticos fueron varios. El rol de canciller que ocupa dentro del kirchernismo Eduardo “Wado” de Pedro lo llevó a iniciar los contactos. Dos meses antes de la bala que iba a disparar Fernando Sabag Montiel el 1 de septiembre, el senador puntano Adolfo Rodríguez Saá se había ocupado de gestionar una reunión de la vicepresidenta con su coterráneo, el senador del PRO y amigo personal de Macri, José Torello.
Más allá de su fundador, el resto de la dirigencia del PRO insiste en que el diálogo institucional se tiene que dar en el Congreso, a la vez que aclaran que no han recibido una invitación formal.

Este jueves, en su primera aparición desde el atentado, Cristina recordó su encuentro con el economista Carlos Melconian: “La gracia no es juntarse con los que piensan igual. La gracia es juntarse con los que piensan distinto y ver, si al menos en economía, podemos tener un acuerdo mínimo”. “Porque todos hablan de la inflación. El problema es que la inflación viene porque no tenemos moneda que es lo que yo opino, vieron en las conferencias que venía dando de la economía bimonetaria. Es eso, hay que ponerse medianamente de acuerdo en eso para volver a reconstruir”, expresó en una invitación al diálogo con la oposición.

Por lo pronto, Cristina volverá a hablar este viernes 23 para ejercer su defensa en el juicio que se le sigue por vialidad, cuyos protagonistas son jueces y fiscales que juegan al fútbol con Macri en su quinta de Los Abrojos en la localidad bonaerense de Villa de Mayo. Otra de las causas que cruza a ambos dirigentes es la que investiga las conexiones de este grupo autodenominado Revolución Federal con algunos sectore cercanos al ala dura del PRO.

Es por eso que, según explican, el acuerdo que se puede llegar a dar entre ambos dirigentes “es mínimo”. “Es un pacto de no violencia política porque, como dijo Cristina, quedó roto el que estaba vigente desde 1983”.«