Exjefe de Inteligencia durante la dictadura, responsable de cientos de desapariciones, torturas y abusos sexuales son solo algunos de los puntos presentes en la historia de Antonio Musa Azar Curi. El genocida excomisario y represor murió a los 85 años en Santiago del Estero donde cumplía la presión domiciliaria en su casa.

Con crímenes también en plena democracia, sobre Musa Azar Curi pesaban seis condenas y unas 60 causas pendientes. Falleció después de permanecer internado en un centro de salud privado por un ACV que sufrió el pasado 12 de septiembre, según confirmaron fuentes allegadas.

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El director del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), Luis Garay, dijo a Télam que “es el fin de un ciclo” y agregó que esta muerte “remueve muchas cuestiones que tienen que ver con cuestiones personales y colectivas”. Sostuvo que si bien “no murió impune, tenemos una sensación de impotencia, porque se llevó a la tumba muchos secretos”.


Por su parte, Pedro Orieta, abogado querellante en causas de lesa humanidad, dijo que con esta muerte “quedan truncadas muchas investigaciones que estaban en instrucción; más allá de las condenas que pesaban sobre él”.

Antonio Musa Azar Curi había nacido el día 6 de diciembre de 1936 en la localidad de Árraga, departamento Silipica de Santiago del Estero. Ingresó a la policía provincial en 1956 y en 1972 formó parte de la Dirección de Informaciones Policiales (DIP), el servicio de inteligencia de la fuerza.

El 24 de junio de 2008 fue condenado, a cadena perpetua, por la Cámara del Crimen de II Nominación de Santiago del Estero, por la violación y asesinato de dos mujeres en plena democracia, en 2003, Leyla Nazar y Patricia Villalba, conocido como el doble crimen de La Dársena. En el marco de esa causa, sus abogados apelaron pero la condena fue ratificada por la Suprema Corte de Justicia.


En 2010 el Tribunal Oral Federal de Santiago del Estero lo condenó a cadena perpetua por el secuestro, tortura y asesinato de Cecilio Kamenetzky, ocurrido en septiembre de 1976.

En 2012 fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de Consolación Carrizo, por la tortura de 31 personas y por secuestros y violaciones sexuales. Fue un fallo histórico en el cual se condenó el abuso deshonesto (sexual) en perjuicio de un detenido varón y finalmente fue destinado a la cárcel de Ezeiza.

En 2018 fue condenado a diez años de prisión por la causa Caballero y en noviembre de 2017 un tribunal de Santiago del Estero le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria, aunque horas después, esta medida fue suspendida.