Primero fue Mendoza. Después la Ciudad de Buenos Aires y La Plata. La rebelión pandémica de Juntos por el Cambio encontró una nueva bandera: la quita del barbijo en todos los niveles educativos. Con nueve semanas a la baja de casos y un 89% de la población con al menos una dosis, desde el Ministerio de Salud salieron a responder que, si bien es cierto que la situación epidemiológica es satisfactoria, se espera una suba de contagios en otoño, hay una subvariante de Ómicron, y el barbijo permite evitar no solo los contagios de Covid sino también el del virus de la Influenza, que se multiplica en todo el país y por el cual ya se emitió un alerta. Los más contagiados: la franja joven.

Desde lo comunicacional, lo primero que salió a anunciar la administración de Horacio Rodríguez Larreta, a través de su jefe de gabinete, Felipe Miguel, fue que el uso del barbijo ya “no es necesario”. Horas después, lo cambió a que “deja de ser obligatorio”. Dos conceptos diferentes.

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La ministra de Salud, Carla Vizzotti, enfatizó que desde el Ministerio no van a abogar porque se deje de usar, menos en este contexto de frío donde crecen otros virus de transmisión oral: “el aumento de enfermedades respiratorias se puede llegar a dar en el aula, por eso la recomendación es usar barbijo, no solo en escuelas, en lugares cerrados también. Es una herramienta que demostró disminuir la transmisión del virus”. En ese marco, el viernes comenzó la campaña de vacunación antigripal. La funcionaria aclaró que ambas vacunas (gripe y Covid) pueden darse de forma simultánea.

“A esta altura ya se sabe que el Covid se transmite por aire y que la probabilidad de contagio depende de la incidencia (cuánta gente está contagiando), y de las medidas de cuidado: distancia, barbijo y ventilación”, apuntó el físico de UBA–Conicet y exdecano de Exactas, Jorge Aliaga.  Y acotó: “Si hay baja incidencia y se asegura distancia y ventilación no es de alto riesgo sacar barbijo. Si no se garantiza distancia y ventilación, hay que usar barbijo.”

“Están subiendo los casos –informó a Tiempo el subsecretario de Atención Primaria de Salud porteño, Gabriel Battistella, en referencia a la gripe–, el pico de influenza que hay habitualmente en abril–mayo, se adelantó para marzo. Hay un desconcierto viral importante con esto y el Covid. Gran parte es población joven y chicos”. Consultado acerca de si el quite de barbijo justo en este contexto no ayuda a que circule más el virus entre la población infantil, respondió: “Lo analizaremos con datos concretos del tablero que tenemos de seguimiento”.

A esto se agrega otro factor: en Ciudad los casos de Covid dejaron de bajar. El senador correntino Martín Barrionuevo, que lleva un relevamiento diario de la evolución epidemiológica de la pandemia, lo planteó esta semana: “hay un cambio de tendencia en CABA, con un leve crecimiento”.

Desde el Ministerio de Educación bonaerense remarcaron a Tiempo: “Nuestra provincia sostiene la pertinencia del barbijo desde primer grado. Continuamos con los lineamientos del Consejo Federal de Salud (COFESA) sobre los cuidados sanitarios en el aula”. En Salud de Provincia acotaron que no está cancelada la idea de sacar los barbijos, sobre todo de la población más infantil de primaria, pero que primero debe pasar el actual brote de Infuenza y ver cómo evoluciona la situación del Covid con los primeros fríos y las dosis de refuerzo.

La decisión del gobierno porteño encierra contradicciones: el ministro de Salud, Fernán Quirós, admitió que esperan una nueva crecida de casos de Covid en otoño; también admiten que se vive un brote de Influenza, que se contagia por vía aérea; y el quite de barbijos tampoco vino acompañado de inversión en equipos de ventilación, detectores de CO2 o mejoras en infraestructura de las escuelas.

“Está comprobado que el uso de barbijos en las aulas afecta negativamente el aprendizaje, la comunicación y los procesos de socialización. Por eso estamos trabajando con los diputados y senadores de la Provincia para que su uso deje de ser obligatorio”, afirmó esta semana el diputado macrista Cristian Ritondo, a pesar de que no hay estudios fehacientes que indiquen cuánto y de qué manera afecta el barbijo en la enseñanza, sobre todo en los chicos más grandes (en nivel inicial ya no se usa el tapabocas en casi ninguna jurisdicción). El investigador del Conicet, Rodrigo Quiroga, le respondió: «Es falso que los chicos ya no contagian. Es falso que científicamente no hay ninguna justificación para su uso». Agregó que una vez que se saca será muy difícil reintroducirlo en caso de que sea necesario, y que hacerlo previo al invierno es un error, teniendo en cuenta que es más difícil apelar a la ventilación.

Aliaga dio el ejemplo de que el uso del barbijo “está comprobado en Japón, donde se usa en invierno desde hace mucho. Nada de ciencia detrás de esto, sólo una decisión política”.

Buenas noticias, pero con alertas

Con el 89% de la población con al menos una dosis, y el 80 por ciento vacunada con dos, Argentina registró por novena semana consecutiva un descenso en la cantidad de casos de Covid-19: la última semana mostró una baja del 98,14% respecto del pico máximo de la pandemia en enero cuando hubo más de 800.000 infectados.

Pero hay dos alertas: por un lado, solo el 41% se aplicó las tres dosis. Y en menores de 40 años la cifra es aún más alarmante. El otro problema es la variación de las cepas de cara a la llegada del frío. En Europa ya se ve una suba de los contagios con una subvariante de Ómicron (BA.2), que está presente también en la Argentina y que es un 30% más contagiosa que su versión original. En ese contexto, a pesar de haberse perdido la percepción social del riesgo, aplicarse la dosis de refuerzo es clave. «

La ventilación, clave

Una de las críticas a las administraciones macristas que quitaron el barbijo de las escuelas apunta a que no complementaron la medida con otras iniciativas que atenúen la potencial transmisión del virus en los ambientes. En CABA, por ejemplo, no construyeron nuevos escuelas durante estos dos años de pandemia ni adaptaron aulas para espaciarlas. Tampoco adquirieron equipos de ventilación o de uso de medidores de CO2, como hizo la Provincia de Buenos Aires que ya el año pasado había comprado 33 mil.

Ese aspecto es clave para la prevención en ámbitos educativos. Un estudio italiano de la fundación Hume mostró esta semana que la ventilación puede reducir los casos de Covid-19 en las escuelas en un 82%. Comparó el contagio de coronavirus en 10.441 aulas en la región central de Marche. Las infecciones por Covid fueron marcadamente más bajas en las 316 aulas que tenían sistemas de ventilación mecánica, con una reducción de casos más acentuada según la potencia de los sistemas.