Cambiemos lanzó su campaña electoral con un timbreo, la fórmula que aplica desde que Mauricio Macri ganó la Ciudad en 2007. La imagen de cercanía con la gente pero sin actos masivos es un clásico del PRO y desde el oficialismo buscan que en los comicios se imponga el eje «pasado-futuro» por sobre las complicaciones económicas que atraviesa la población.
El presidente estuvo junto a María Eugenia Vidal en Haedo, pago chico de la gobernadora. «Mi gobierno expresa el cambio que querían, yo soy presidente porque hubo gente que dijo ‘basta’ y voy a quedarme hasta el último día que la gente me necesite», dijo Macri en medio de la recorrida.

«Sigue habiendo una mayoría que, aun con dificultades, confía en nosotros. Hay indicadores de la macroeconomía que permiten mostrar una mejora, pero en lo micro puede que no repercuta en todos los sectores por igual», explicó a Tiempo uno de los cerebros de la campaña macrista.

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El campo es uno de los sectores donde el oficialismo puede exhibir avances. Sin embargo, en el gobierno son conscientes de que el crecimiento macro no se notará ni en las PASO de agosto, ni en las generales de octubre. ¿Qué mensaje tendrán para atraer a los perjudicados por el «modelo»? «Vamos a contarles lo que hemos recibido, lo que hemos hecho y, para adelante, lo que queremos seguir haciendo», señalaron  sin muchas precisiones en el Ejecutivo.
Cuatro meses atrás, desde el gobierno aseguraban que la elección ya estaba ganada de antemano porque Cambiemos sería el único partido con representación en los 24 distritos nacionales. Todos los focos estaban puestos en la provincia de Buenos Aires, donde la participación de Cristina Fernández aún era una incógnita.

Con el enigma resuelto y con encuestas que en el mejor de los casos muestran paridad entre el oficialismo y el kirchnerismo en territorio bonaerense, la intención de polarizar con Cristina no parece la mejor opción. Por eso, ahora los dardos van directo hacia Sergio Massa.

«Cristina vende pasado. Sus spots son tristes, no enamoran a nadie, es el ‘teresaparodismo’ volcado a la política», ironizaron desde Casa Rosada.
«La Provincia va a ser prioridad en asignación de recursos y de funcionarios. Por su peso electoral está por encima del resto del país», aseguraron.

Mar del Plata, una de las localidades con mayor peso electoral en el distrito bonaerense, puede depararle un trago amargo a Cambiemos.  La gestión de Carlos Arroyo es un dolor de cabeza para el gobierno: «Hay que diferenciar la imagen de la gestión local de la provincial, que tiene niveles muy altos de aceptación», confiaron en el PRO.

En la Ciudad de Buenos Aires, el distrito insignia del PRO, el oficialismo con Elisa Carrió a la cabeza prefigura un resultado récord.
Los grandes centros urbanos son el fuerte del macrismo y Cambiemos aspira a ganar Córdoba y Santa Fe, aunque la Docta parece que continuará siendo esquiva al partido amarillo. «