Ping pong de verano, Violeta Urtizberea: “Soy malhumorada y bastante puteadora”

La actriz viene de una familia de cómicos pero confiesa que tiene un carácter bastante difícil. Cuenta que no le gusta volver a ver lo que filma y que no presta libros bajo ninguna circunstancia. ¿Los antídotos contra su mufa? La playa, la moda y estar en casa con su hijita Lila.

Violeta Urtizberea es actriz. Comenzó a trabajar con su padre Mex siendo una niña, en programas como Cha cha cha y Magazine For fai, para luego recorrer su propio camino en teatro y televisión. En la pantalla chica hizo de todo, y en envíos muy populares como Gasoleros, Locas de amor, Mujeres asesinas y Graduados, entre otros. Hoy es parte del elenco de La 1-5/18 y se sube al escenario con el unipersonal Una casa llena de agua en calle Corrientes. En el tiempo que le queda libre disfruta de su vida en pareja junto al cantante Juan Ingaramo y juntos crían a la pequeña Lila.

—¿Qué siente una actriz antes de salir al escenario?
—Siempre me pongo nerviosa y ansiosa, pero contenta. La letra, los movimientos, los pies, siempre hay cosas que hay que repasar. Si es un estreno, tiene además eso de no saber cómo va reaccionar la gente, pero siempre hay una tensión que se libera apenas empieza la escena.
— ¿Recordás tu peor performance?
—Hay muchos tipos de fracasos teatrales: o no va nadie, o una se siente que estuvo malísima porque te la pasaste fursiando todo el tiempo, o te olvidas de algo. Pero me acuerdo en una obra que se llamaba Isósceles que a una persona le agarró un ataque de epilepsia en el medio de la función, ya no pude retomar, y salió muy mal.
— ¿El show siempre debe continuar?
—Depende el caso, pero digamos que por regla, si pasa algo no hay que marcar el error y quedarte enganchado. Si algo falla, perdónatelo y seguí.
— ¿Y en la tele?
—Es otra gimnasia, se puede repetir y tiene otro registro más rítmico. Pero estoy acostumbrada a ambas cosas. Es lo que me gusta.

— ¿Sos mandona con vos misma?
— Sí, pero con los años trato de ir sacándole peso a las cosas, para pasarla algo mejor.
— ¿No te gusta volver a ver lo que hiciste?
— La verdad que no, a veces me encuentro con algo y lo veo, pero no soy de estar pendiente.  
—Y Foquito, el trabajo que hiciste hace poco en la TV Pública narrando cuentos infantiles animados, ¿no se lo mostrarías ni a tu hijita?
— No sé si le coparía…
— ¿Por?
—Y… Una vez le mostré algo que hice para el programa de Topa, cuando ella tenía 4 meses, y no le dio bola. ¡No me creía que era yo!
—Bueno, pero este programa tiene 13 capítulos, ¡alguno tiene que andar!
—Habrá que probar. Me gusta fomentar la lectura, me parece súper importante.

¿Los libros van al estante siguiendo alguna regla?
—Los tengo por orden alfabético, por el apellido del autor. Aunque en los estantes de abajo, ya Lila impuso un nuevo orden, caótico. De la T a la Z ya es un desastre, pero me resigno.
— ¿Y sos del equipo que presta o del que encanuta los libros?
—No, prefiero comprar uno nuevo y regalarlo. Es que los míos están subrayados y les hago notas, con cosas que me llaman la atención. A la única que le presto es a mi mamá. Pero una vez me perdió uno, así que cada vez que le vuelvo a prestar algo se lo recuerdo.
— ¿Le das mucha importancia  la pilcha y la moda?
—Sí, soy re coqueta, me interesa. Me gusta ver ropa que se pone la gente, pienso qué me voy a poner. No soy fanática ni especialista, pero le doy bola, no me da lo mismo.
— ¿Es el espíritu de la actriz que se disfraza?
—Puede ser. La ropa es un elemento más que sirve para la composición de los personajes. También observo mucho los pelos, los maquillajes, todos detalles que pueden sumar, como las expresiones. Es algo a lo que estoy atenta.
— ¿Cómo son las vacaciones ideales?
—En la playa, leyendo bajo una sombrilla, pero no lo veo pasando ahora…
— La lista de los lugares que hay que ir antes de morir según los expertos, ¿es…?
—No son los lugares, son las ganas. O quizá ir a un lugar y no hacer lo que la lógica indica: quizá no quiero ir a museos o a ver monumentos a los que “hay que ir”, sino dejarme llevar. Pero por ahora prefiero la vida tranqui. Más casera.
— ¿Hay un instrumento o sonido que no te banques de los que suenan en tu casa?
—No. La música es central en casa.  Lo único que me da cosa es que ahora Juan quiere comprarse una batería, y ahí la veo más complicada.
— ¿No hay espacio?
— ¡No! Es un elemento poco estético, además.
—¿Cualquier hijo o hija de Mex nacería graciosa?
— En toda mi familia el humor es parte del cotidiano y una manera de ver la vida, sin tomarse tan solemnemente todo. Lo ridículo y lo antiheroico siempre es gracioso
—¿Y eso aplica a cuando te enojas?
—No, tengo un carácter podrido, pero trato de evitar conflictos. Soy malhumorada y  bastante puteadora, pero se me pasa rápido… ¡Por suerte!

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