Las petroleras que extraen petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta cuentan con grandes ventajas. Enormes recursos para explotar; costos bajos de producción tras más de 10 años de actividad intensiva; un convenio colectivo de trabajo especial con condiciones más flexibles que en el resto de las cuencas de hidrocarburos del país y, desde la sanción de la Ley Bases, ninguna atadura al mercado interno y facilidad plena para exportar.

A todo ello se le suma un mercado internacional del petróleo que, si bien tiene una oferta algo excedida, sostiene precios por encima de los U$S 60 el barril ahora que Estados Unidos busca retirarse de la guerra que inició junto con Israel contra Irán. A ese valor, las operaciones en Vaca Muerta son plenamente rentables.

Esta fue la realidad evidentemente favorable que llevó al gobierno de Javier Milei a no incluir en el Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI) a la producción de petróleo y gas. El RIGI otorga a las empresas beneficios tributarios, aduaneros y cambiarios por 30 años sin posibilidad de que el Estado argentino pueda revertirlos.

Sin embargo, en febrero de este año el Ministerio de Economía incluyó esta actividad, técnicamente conocida como upstream. Inmediatamente después de la publicación del decreto 105/26, que autorizaba esta inclusión, Pampa Energía, cuyo principal accionista es Marcelo Mindlin, presentó un proyecto para sumarlo al RIGI en una zona de Vaca Muerta conocida como Rincón de Aranda. El plan incluyó un compromiso de inversión por U$S 4500 millones. Este martes, la cartera que dirige Luis Caputo aprobó sumar al RIGI a este proyecto.

El incremento de la producción, prevista para 2027, tiene por destino exclusivo la exportación. El petróleo extraído ingresará sin escalas al oleoducto Vaca Muerta Sur para viajar hasta la costa atlántica de Río Negro y allí ser embarcado en los barcos petroleros. Ese oleoducto también tiene los beneficios del RIGI.

Con el RIGI y el súper RIGI –que está en debate en el Congreso– la Casa Rosada plantea un diseño de una economía futura de la Argentina en el que el extractivismo sea la actividad principal, con pocos beneficios y muchos perjuicios para el país: sin desarrollo de proveedores (las empresas en el RIGI pueden importar sin costo), sin asimilación de nuevo conocimiento, sin divisas necesarias para pagar importaciones industriales no beneficiadas por el RIGI y sin empleo de calidad.