Hola, Burgo, cómo va

Acabo de ver a Lionel Messi en la cancha. No era la primera vez, ya lo había visto muchas veces -en Eliminatorias, en Copa América, en algún amistoso, en los tres Mundiales anteriores- y, sin embargo, pareció como si lo fuera. Tiene 38 años, está a punto de cumplir los 39, ganó todo lo que jugó, tiene las mejores marcas de cualquier futbolista, es un señor mayor para el fútbol pero juega a la pelota como si fuera un chico que recién empieza. 

La inmensidad del Arrowhead, el estadio de los Kansas City Chiefs, fue su propia inmensidad. Inició en este gigante su sexta Copa del Mundo, una marca en sí misma compartida por el otro superfutbolista de este tiempo, Cristiano Ronaldo, y por el arquero mexicano Memo Ochoa. Pero nadie le hizo goles a once selecciones distintas en Mundiales. Argelia fue su nueva víctima. Hizo un hat-trick por primera vez en un partido de esta competición. Messi hace cosas por primera vez en un momento de la vida en la que los futbolistas, por lo general, hacen cosas por última vez.

Como los héroes que cumplen su misión y se van del plano, Messi pidió el cambio después de haber completado su función frente a Argelia. Vos, Andrés, me hablabas ayer de cómo los Mundiales nos organizan, de cómo con ellos medimos el tiempo de nuestras vidas, pero también sobre cómo el fútbol nos hace felices con los nuestros, en los abrazos, en los pequeños gestos, y yo ahora te digo no solo lo que significa ese tiempo sino también esos héroes como Messi. Félix tiene a Messi. Camilo y Santiago, mis hijos, a los que ayer les escribí con emoción, tienen a Messi. El fútbol es muchas cosas además de un juego hermoso y fascinante, pero sobre todo son estos momentos.

Anoche vi a Messi
Foto: Agencia Xinhua

Nos fuimos de Arrowhead con la conciencia intacta de saber que habíamos estado en un partido inolvidable. No sabemos cómo sigue esta historia, pero sabemos qué pasó anoche en Kansas City. No solo por Messi, también por el equipo. Por una selección que hace ya siete años se mantiene en competición con la elite, dos veces campeón de América y una vez campeón mundial. Ahora defiende ese título y lo hace mejor que nadie. Hasta acá, Sudamérica sufría. Hasta acá, hasta Argentina. Hasta Messi.

¿Y qué nos queda de Messi? ¿Vos me podés decir? Porque se ve que nos queda mucho. Que administra el descanso y las aceleraciones. Anoche marcó como el primer defensor. Hizo que el resto se contagiara de ese compromiso. El líder llama, hay que hacer lo que dice el líder. 

Anoche vi a Messi
Foto: Florencia Arroyos NA

Es válido preguntarse si anoche construyó su mejor actuación mundialista, superadora de la semifinal con Croacia en Qatar, un partido que conmovió al mundo. Acá tiene casi 39 años, ya es campeón, es su sexto Mundial,  y saca tres goles. Quizá con Messi la cosa sea siempre ser algo mejor. Vi los goles de Messi desde un palco de prensa que está arriba de todo en el estadio, una especie de gran balcón vidriado en el que estás aislado y, a la vez, podés ver perfecto el movimiento de cada jugador. Como si se tratara de una mirada cenital. Me enteré después de las lágrimas y del abrazo con Lionel Scaloni que terminó entre lágrimas. Esta selección siempre fue emocional, así ganó en Qatar. Pero desde ahí arriba, desde esa nave con vista al campo, vi un jugador espléndido y decidido en busca de algo más en su carrera con espíritu amateur. Había amor a la tarea, amor al fútbol. Pensé en lo que le dijo el Indio antes de morir. “Lionel, compatriota. Habla Indio -le dijo en un audio-. Acá soy uno más que te quiere saludar, te quiere aplaudir. Has sido un tesoro deportivo argentino. Dios y el Diablo te dieron una destreza inimaginable. Te felicito. Me has hecho pasar momentos muy divertidos y poder gozar a algunos amigos extranjeros también”. Y terminó: Postdata: ¿qué tal si ganás un campeonato del mundo más? Estás para eso viejo, estás para eso».

Y a veces es solo eso. Se le pide a Messi y sus compañeros que se expresen en determinadas situaciones, que salgan a apoyar algún reclamo, que se involucren en nuestros asuntos cotidianos, y quizá solo se trate de jugar al fútbol para algunos, para Messi, un fabricante de felicidad. No es poco eso para un pueblo tantas veces golpeado. Es mucho. Messi está acá, nos dice que esta historia sigue. En la cancha, en México o en Buenos Aires, nos dedicamos a disfrutarlo. 

Anoche vi a Messi
Foto: Agencia Xinhua