El bombardeo a Plaza de Mayo contado desde una oficina de la Casa Rosada

Por: Claudia Regina Martínez

Martín Ortiz revisita el 16 de junio de 1955 en "Telefonistas". La obra sigue a tres trabajadoras en las vísperas del ataque terrorista de aviones de la Marina y la Fuerza Aérea.

El 16 de junio de 1955 se concretó el atentado más sangriento de la historia argentina. Aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea bombardearon Plaza de Mayo para sembrar el terror y derrocar al presidente Juan Domingo Perón. Más de 300 personas fueron asesinadas, más de 1200 resultaron heridas y se arrojaron 14 toneladas de explosivos contra población civil, en pleno corazón de la república. Setenta y un años después, el dramaturgo y director Martín Ortiz decidió volver sobre aquella fatídica jornada desde un lugar inesperado: la central telefónica de la Casa Rosada.

Así nació Telefonistas, la obra que se presenta los viernes en el Centro Cultural de la Cooperación, que combina historia, drama y pequeñas dosis de humor punzante para narrar las horas previas al ataque a través de tres trabajadoras que, mientras atienden llamados y comentan los rumores del día, quedan atrapadas en el centro del brutal atentado terrorista.

Ortiz no se propuso escribir una reconstrucción documental ni una obra histórica en el sentido estricto. Lo que le interesaba era utilizar un acontecimiento del pasado para interrogar el presente. Se trata de una búsqueda que atraviesa buena parte de su producción teatral reciente y que ya había explorado en Cisneros, una tragedia argentina y Museo Beresford.

“La historia argentina representa para mí un territorio que puedo visitar para hablar de nuestro pasado y, sobre todo, de nuestro presente”, explica. La pregunta que guía sus trabajos es siempre la misma: qué permanece hoy de aquellos conflictos, tensiones y disputas que marcaron al país.

En el caso de Telefonistas, la respuesta apareció en un episodio sistemáticamente omitido en la historiografía oficial.  “Es un hecho histórico que se silenció desde el poder, más allá de los que lo tenemos presente. Está bastante tapado”, sostiene. El dramaturgo recuerda que en 2025 se cumplieron 70 años del bombardeo sin que existieran conmemoraciones de la magnitud que merecía una tragedia de semejante dimensión.

Ortiz señala que el olvido no es casual. Considera que el bombardeo ocupa un lugar incómodo dentro de ciertos relatos políticos contemporáneos. “Hay una negación histórica”, afirma. Y va más allá: “¡Un Ejército nacional bombardeó a su propio pueblo!”. Su reflexión apunta también a los debates actuales sobre la violencia política. Ortiz señala que existe una tendencia a condenar determinados episodios de los años ’70 mientras se omiten antecedentes como este bombardeo sobre ciudadanos civiles. En ese sentido, considera que el ataque constituye un punto de inflexión fundamental para comprender la escalada de violencia que atravesaría el país en las décadas siguientes. “Es un hecho bisagra”, resume. Esa mirada histórica se cruza inevitablemente con el presente político. Ortiz define la actualidad argentina como una época de “indisimulado, impune y desvergonzado autoritarismo”.

Rosa, Margarita y Mabel, tres empleadas de la central telefónica de la Casa Rosada, son las protagonistas de la obra. Mientras afuera crecen las tensiones y los rumores de conspiración, ellas discuten sobre amor, trabajo, amistades, celos y política. Una es fervientemente peronista, otra profundamente antiperonista y la tercera intenta mediar para evitar los conflictos.

El universo femenino le ofrecía la posibilidad de explorar también las transformaciones sociales de la época. “Eran mujeres que empezaban a ser más independientes y más combativas desde su feminismo”, señala. A través de ellas aparecen cuestiones vinculadas con el trabajo, la autonomía y las relaciones de género en una Argentina que estaba cambiando aceleradamente.

La estructura de la obra acompaña esa tensión entre lo cotidiano y lo histórico. Ortiz la define como una “comedia trágica”, una fórmula que le permite combinar momentos de humor con el avance inexorable hacia la tragedia. Durante buena parte de la acción predominan los diálogos ágiles, los cruces ideológicos y las situaciones cómicas entre las tres trabajadoras y un coronel cercano a Perón que circula por las oficinas. Sin embargo, a medida que se acerca el momento del bombardeo, el clima se oscurece. “La historia va virando hacia algo más trágico”, adelanta el director.

Ese cruce entre política y teatro no es nuevo en su trabajo. Ortiz sostiene que ambas dimensiones están profundamente vinculadas. Para él, la escena es un espacio privilegiado para discutir el presente, incluso cuando la acción transcurre en otros tiempos históricos. En Museo Beresford, por ejemplo, incorpora referencias constantes a la coyuntura actual y a figuras del gobierno. Según cuenta, el público suele agradecer esa combinación de humor y reflexión política.

Hacer teatro en el contexto económico actual, reconoce, implica desafíos adicionales. La caída del consumo cultural y las dificultades económicas condicionan tanto la producción como la asistencia de espectadores. Sin embargo, observa una paradoja: la crisis también genera una necesidad renovada de crear. “La crisis hace que se quiera producir más, que se quiera crear más”, concluye.


Telefonistas

De Martín Ortiz. Elenco: Celeste Gerez, Carla Haffar, Luciana Procaccini, Cristian Sabaz. Viernes a las 20:30, en el C. C. de la Cooperación, Corrientes 1543 (CABA).

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