Mientras los mercados financieros festejan la baja del riesgo país y las altas tasas de interés que paga el gobierno para conseguir dólares, la economía real presenta una faceta completamente diferente. Allí predominan los indicadores que muestran una caída en el consumo, cierre de empresas, destrucción de empleos y una incertidumbre sobre los próximos meses.

Una de las señales en ese sentido la entregan las estimaciones sobre la inversión, que volvió a caer en lo que va de 2026. Desde el punto de vista técnico, la formación bruta de capital fijo (tal como se la denomina en los informes oficiales) representa el porcentaje del Producto Interno Bruto que un país destina a adquirir maquinarias, infraestructura y tecnología, en vez de destinarlo al consumo inmediato.

Si esa proporción es baja, la economía tendrá menos vigor para producir en el futuro y sus bienes de capital corren el riesgo de depreciarse por el desgaste o atraso tecnológico. Por el contrario, una mayor inversión eleva la productividad, reduce los costos logísticos y expande la capacidad de producción.

En el informe del Indec sobre la evolución de las cuentas nacionales en el primer trimestre de 2026 se observa una caída de 1,7% con respecto al último trimestre de 2025. Desde ese momento, la tendencia se acentuó. El índice de inversión que elabora la consultora OJF (una de las más seguidas por el mercado local), de Orlando Ferreres, mostró una caída de la inversión real de 6,6% interanual en mayo. En particular, en el rubro Maquinarias y Equipos hubo una caída de 12% interanual. La reducción acumulada del índice entre enero y mayo fue de 7,7%.

El informe de OJF dice que «la inversión sigue siendo el componente más rezagado de la demanda agregada. El resultado no sugiere aún un cambio de tendencia que permita pensar en una recuperación». Y agrega que «hacia adelante no esperamos cambios en el corto plazo», hasta tanto no comiencen a verse resultados del las inversiones hechas al amparo del RIGI.

Según el trabajo, en mayo la inversión bruta en volumen físico apenas fue de 16,5% del PBI, el nivel más bajo desde la megadevaluación de diciembre de 2023. Esto implica que apenas llega al rango crítico del 15% al 17% necesario para cubrir la depreciación y evitar la descapitalización de la economía.

Son decisiones

La baja de la formación de capital se agudizó a partir de la decisión del gobierno libertario de eliminar toda inversión pública para asegurar el superávit fiscal. Eso llevó al deterioro de la infraestructura vial, logística y de transporte.

Por eso entre los propios sectores que apoyan al gobierno hay preocupación. Entienden que si no se mejora en esas cuestiones, sus costos se disparan y no pueden competir con la avalancha importadora.

“El mundo demanda y tenemos la responsabilidad de contestar con más producción. Pero para que pueda ser coordinada y conducida se necesita infraestructura”, dijo esta semana el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, al recibir a representantes de otros sectores en la tradicional Exposición Rural. “El país tiene que invertir en infraestructura. Sin eso, es muy difícil que la industria pueda competir en términos internacionales y que el agro pueda exportar 200 millones de toneladas», agregó Gustavo Weiss, titular de la Cámara Argentina de la Construcción.

Por fuera del sector público, los privados también dudan sobre si vale la pena invertir. De hecho, la industria apenas funciona al 58,4% de su capacidad instalada, según estimó el Indec. La vacilación de los empresarios se vincula a un mercado anémico. En la última Encuesta de Tendencia de Negocios del Indec, el 53,2% de los encuestados dijo que el factor que más limita su producción es la escasa demanda interna. Asimismo crecieron los problemas de financiamiento y la incertidumbre sobre el futuro.

Falacia contable

La reducción de la inversión también genera un efecto contable que puede conducir a conclusiones engañosas. Según el informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política, que funciona en el ámbito de la UBA, en 2025 la proporción de la inversión en el total de la demanda agregada bajó de su promedio histórico de 15% a sólo el 13%. Esto dio lugar a que creciera la proporción del consumo privado. «Este pasó de presentar un 56% de la demanda agregada en el promedio de 2004-2024 a un 60% en la actualidad. Midiéndolo como proporción del PBI, pasó de 65% a 69%», señala el informe de coyuntura elaborado por el economista Joaquín Waldman.

Eso puede conducir a la falsa conclusión de que «el consumo está volando», como dijeron el ministro de Economia, Luis Caputo, y el vocero presidencial Adrián Ravier. Otra falacia libertaria que, está claro, no se corresponde con la realidad.  «

La apuesta oficial por el RIGI

El gobierno confía en que el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) motorice la economía en los próximos años. Entre otros beneficios, la iniciativa establece que las firmas que comprometan montos superiores a U$S 200 millones en sectores considerados estratégicos (energía, minería, agroindustria, siderurgia y tecnología) gozarán de una rebaja de diez puntos en el Impuesto a las Ganancias, amortización acelerada de bienes de capital, facilidades para pagar el IVA, exención de aranceles para importar maquinaria y libre disponibilidad de las divisas obtenidas.

 Según el ministro Luis Caputo, ya hay 21 proyectos admitidos en el RIGI, con una inversión prometida de U$S 46 mil millones. Tantas ventajas tributarias despertaron las quejas de la Unión Industrial Argentina. Su presidente, Martín Rappallini, sostuvo que “queremos un RIGI industrial, para que el sector tradicional transable tenga el mismo régimen». Y agregó: «Todo lo que se está planteando todavía no está impactando. Hace 15 años que la economía no crece”.