La comunicación tuvo dos interrupciones. Una cuando entró una llamada de la TV púbica de Venezuela. La otra fue provocada por una réplica que, aún menor, obliga a la precaución. Sergio Musella es un periodista venezolano, cubre deportes en Venevisión, en Fútbol de primera, en Diario Nacional y en FM Center. Pero desde las 18:04, hora venezolana del miércoles, cuando se desató el primer sismo, casi no duerme sumergido en la cobertura de la tragedia.
-¿Cuáles son tus sensaciones tres días después de los dos terremotos?
-Es de pánico absoluto. Nunca había vivido un movimiento telúrico tan fuerte aquí en Venezuela. Sí me habían tocado temblores pero no de la magnitud ni de la destrucción que he visto en estos días. Nací y crecí aquí, siempre he estado aquí. Me ha costado mucho asimilar que lugares o edificios que frecuentaba estén afectados o ya no existen. Una sensación de vacío en el estómago. Muy particular y difícil de describir.

-¿Recorriste La Guaira u otras zonas afectadas?
-No pude bajar a La Guaira porque ahorita no tengo mi carro. Estaba en un taller mecánico y hasta el momento no sé si aún existe. Pero puedo asegurar que La Guaira es una zona de calamidad total desde que empiezas a entrar por la autopista: edificios, casas, todo eso está destruido. Aquí, en Caracas, muchos edificios sufrieron daños pero se cayeron en tres sectores puntuales. Vivo en Los Amanes, cerca de las minas de Baruta, un sector popular que lo sufrió y tuvo varios fallecidos. En Palos Grandes; en Altamira, en el este; San Bernardino, al norte, y el Paraíso, al oeste, todavía están sacando gente de entre los escombros. La Guaira, San Antonio de los Altos y sitios satélites como Guarenas y Guatire están casi totalmente destruidos.
-¿La magnitud del desastre es producto de la fuerza del terremoto o de no haberlo previsto?
-El terremoto fue bestial y lo superó todo. No solo en Caracas, también en el occidente, como Maracaibo, Valencia, Naguanagua en el estado Carabobo, Tucacas en el estado Falcón. En todos esos sitios hay destrozos y muertos, pese a que las casas y todas las estructuras tienen una normativa sísmica, incluso reforzadas a raíz del terremoto del 1967. De hecho, estaré siempre agradecido al ingeniero que construyó el edificio de 23 pisos donde vivo, porque yo no estaría hablando contigo. Salvo que se cayeron algunos adornos, no pasó mayor cosa.
-¿Qué pasa en La Guaira?
-Ingenieros y geólogos explican que pasa algo particular: es una zona costera y desde la tragedia de Vargas (1999), para construir se refuerza el suelo con sus normativas sísmicas. Pero allí, y en muchos lados, los edificios se cayeron, no aguantaron la violencia de estos terremotos. Fueron dos bestiales muy seguidos. Y el epicentro fue en la zona costera en Naiguata.

-¿Sigue habiendo escenas de pánico?
-Sí, sí, cómo no. De hecho, hace dos horas (es sábado y anochece) sentimos la réplica más fuerte, de casi 5 puntos. Hay una angustia muy fuerte, posterior al temblor. Por más que te digan: «No, tranquilo que el edificio está bien”, tú ves las grietas… Hay pánico generalizado. Las personas siguen durmiendo en plazas, en las calles, dentro de los autos. Obviamente nadie está preparado para este tipo de eventos. He vivido simulacros y muchos acataban las normas, pero otros se lo tomaban a chiste. Uno les decía: «Cuando lo necesites, no vas a saber qué debes hacer». Y pasa lo que pasó en este día: mucha gente lo único que hizo fue correr. Ahorita mismo ves gente nerviosa, o caminando en círculos porque aún no entienden qué buscar o no conocen lugares seguros.
-¿Hasta dónde puede crecer el desastre?
-Es el peor desastre en la historia del país. Vivimos el del ’99 y hoy, 27 años después, todavía no se sabe cuántas víctimas hubo. Se dice que fueron 300 mil, o medio millón. Pero fíjate, esta vez hay tanta gente desaparecida más allá de las cifras oficiales que están empezando a salir. Ya los números son escandalosos. Se triplicaron las cuentas, así pasan las horas. Las cifras pueden ser de muchos ceros. Como venezolano me afecta mucho porque uno dice, caramba, o sea, qué le hicimos al mundo que nos ha tocado recibir tanto golpe por todos lados. No conozco quién no tiene un familiar que lo perdió todo o murió o está desaparecido. Te salpica por un lado u otro.
-Decís cifras que hielan la sangre. Más aún si se tiene en cuenta que en Caracas viven unos cinco millones de habitantes.
-La población afectada en todo el país llegaría a ser del 15%. Recién en un mes se sabrán con certeza los números de fallecidos. Es que en muchos lados no quedó nada en pie, Ricardo. Nada.

-¿Cómo reaccionó el gobierno?
-Creo que también vive el estado de estupor. Pero hay muchos trabajos destacables. Por ejemplo el de los Ángeles de las Autopistas, un grupo de paramédicos que acude a todas horas para tratar de rescatar a las víctimas. Se han escuchado testimonios que estremecen directamente desde algunas zonas del desastre, donde hasta el momento no ha podido llegar la ayuda. La respuesta no es que ha sido lenta, es que no dan abasto y, al mismo tiempo, llegar al lugar no ha sido fácil. Por otra parte, allí está el aeropuerto Simón Bolívar, en la zona de Maquetia.
-No se debe dejar de mencionar el bloqueo que sufre Venezuela desde hace años.
-Este gobierno viene desatendiendo la necesidades del país, más allá del bloqueo. Por ejemplo, cuando llegaron aviones procedente de El Salvador y Dominicana, lo primero que hicieron fue abastecer a tres hospitales de Caracas que estaban desabastecidos y no conseguían material para atender a la a tantas víctimas. Cuando yo digo por qué nos merecemos esto, engloba lo político, lo religioso, lo social, crisis económica. Son tantas desgracias juntas que no entiendo el origen de esto. En cualquier país puede ocurrir algún desastre natural, pero tanto… «
Las tecnologías
Benjamín Amaru es un prolífico cantante y compositor independiente, nacido en Suiza, de ascendencia iraní, quien hace un tiempo tiene buen éxito en Venezuela, donde ya lanzó unos 40 temas con su particular estilo pop mixturado con melodías muy pegadizas. Desde Caracas lanzó un conmovedor testimonio: “Oye, bendiciones. Estamos bien, en Caracas con mi viejo. Fue brutal esto de hoy. Efectivamente fue un episodio que nunca había experimentado tan crudo. Más o menos 20 segundos brutales. Mira, voy caminando justamente a reencontrarme con mi compañera. Y tengo delante ahí unos edificios al frente y no se ve nada, y está totalmente apagado del lado de la montaña de ella. En casa de mi hijo, se cayó todo y sí, sí,
se partieron cosas, pero tuvo la fortuna de que no le pasó nada. Fue descomunal.
(…) Subió la temperatura y ahorita bajó muchísimo. No pienso que sea una cosa fortuita, pienso que están probando cosas acá. Estos hijos de puta, hijos de las mil putas, están probando sus tecnologías y pasó lo de hoy porque no… O sea, yo ya había vivido tres temblores en mi vida. Lo de hoy fue brutal, en Caracas fue un desastre. Se cayeron varios edificios. Esto fue brutal”.
