Los que saben dicen que los terremotos de esta semana en Venezuela se deben a movimientos tectónicos de las placas del Caribe y la Sudamericana, con las consecuencias catastróficas que se seguirán revelando en los próximos días. Pero hay otros movimientos en la región que se fueron acelerando desde el regreso de Donald Trump la Casa Blanca.

No se podrá decir que el empresario inmobiliario no avisó de cuál sería su estrategia. Desde el mismo 20 de enero de 2025, cuando puso el foco en el control del canal de Panamá. De hecho, ese año fue capitalizando sus primeros “éxitos” con el triunfo del rico empresario Daniel Noboa en Ecuador, en abril, y de Rodrigo Paz en Bolivia, en octubre. Para entonces, en Chile había ganado José Antonio Kast, un nostálgico pinochetista, y había tenido que salvar del naufragio a Javier Milei -su más ferviente incondicional- en las legislativas argentinas.

El 2025 culminaría con dos datos del nuevo panorama que se podía esperar de Trump. El 30 de noviembre, en elecciones en las que hubo desde manipulación mediática a denuncias de fraude, se hizo de la presidencia de Honduras Nasry Asfura, el “pollo” del expresidente Juan Orlando Hernández, condenado por narcotraficante e indultado por el inquilino de la Casa Blanca el 1 de diciembre. El 4, Trump anuncia su Estrategia Nacional de Seguridad, donde destaca el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, de 1823. La frutilla del postre burocrático para avanzar por las buenas o las malas de América Latina.

Con el secuestro de Nicolás Maduro, el 3 de enero pasado, la Administración fue coronando una seguidilla de cambios en pos de un alineamiento con sus objetivos que desde la guerra fría no lograba Estados Unidos. Comenzando con lo que ya podría llamarse “disolución” del chavismo, en el gobierno de Delcy Rodríguez. Un modelo para la aspiración de dominar esta parte del mundo mediante la injerencia estadounidense, de la mano indudable del gobierno israelí, en el marco de la disputa con China.

Así, el 5 de enero Delcy Rodríguez denunciaba la intromisión de Israel en la operación que terminó con Maduro y su esposa detenidos en Nueva York, el 1 de abril envió un saludo especial por el día del Pesaj, un hecho inusual con los presidentes bolivarianos. Al mismo tiempo, los gobiernos -otra vez, el argentino es el más entusiasta- se acercan a la administración de Benjamin Netanyahu en gestos de incondicionalidad. Kast, por ejemplo, asumió el 11 de marzo y designó a Gabriel Zaliasnik, extitular de la Comunidad Judía de Chile (CJCh, el equivalente de nuestra DAIA) como embajador en Israel.

Días antes, en el hotel Trump National Doral de Miami, el presidente estadounidense presentó el Escudo de las Américas, una iniciativa ultra que tuvo entonces el apoyo de 11 gobiernos. A los mencionados se agregó Nayib Bukele, de El Salvador, y los de Costa Rica, Guyana, Paraguay, Panamá, República Dominicana y Trinidad-Tobago.

Luego de sendos encontronazos con el colombiano Gustavo Petro, el extremista Abelardo de la Espriella (ADLE)  terminó siendo elegido presidente de Colombia con el sello de la “democracia trumpista”. Es decir, denuncias de maniobras espurias a granel y de un sistema de conteo muy cuestionado. Si Petro apoyaba la causa palestina, no debía pasó mucho para que ADLE jurara renovar una alianza con Israel y la promesa de trasladar la embajada colombiana a Jerusalén.

El caso de Perú ni siquiera se le puede atribuir a la gestión de Trump ya que en el país andino las operaciones electorales son de vieja data, lo mismo que la crisis política. Keiko Fujimori, declarada presidenta electa al cabo de 20 días de discutido escrutinio, también garantiza fidelidad a Washington y al credo neoliberal que abrazó su padre, el fallecido dictador y genocida Alberto Fujimori. El dato de las últimas horas es que Elar Juan Bolaños Llanos, secretario general de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), presentó su renuncia alegando “factores graves vinculados a la manipulación de mis equipos de cómputo con información que yo no he generado, ni redactado, el ingreso constante de solicitudes por el Sistema de Gestión Documentario, vulnerada y con grave afectación de datos personales, que ha afectado la adecuada tramitación y gestión de las mismas”.

Donald Trump enfrenta el 7 de noviembre elecciones clave para el último tramo de su gobierno. Pero antes Brasil tiene unas presidenciales en las que el estadounidense se está jugando todo por Flavio Bolsonaro. En ambas canchas se juega parte del futuro de las ultraderechas regionales. «