Las piezas del laberinto judicial que rodeaba la desaparición de Agostina Vega comenzaron a encajar de la peor manera. Este sábado por la tarde, un despliegue de 250 efectivos de la Policía de Córdoba, apoyados por drones y perros adiestrados, localizó los restos de la adolescente de 14 años en un predio rural lindero al barrio Ampliación Ferreyra, en el sudeste de la capital provincial. El hallazgo se concretó luego de que la investigación cerrara el cerco sobre el único sospechoso, Claudio Gabriel Barrelier, cuya coartada terminó de desmoronarse en las últimas horas del viernes.

La localización del descampado, ubicado a unos 17 kilómetros de la vivienda del detenido en el barrio Cofico, fue el resultado de un cruce de pruebas tecnológicas y una declaración clave. La fiscalía a cargo de Raúl Garzón obtuvo el registro de un domo policial cuyas cámaras captaron el movimiento exacto de Barrelier el pasado lunes: el acusado ingresó al sector rural a las 11:45 a bordo de un vehículo que había pedido prestado horas antes y se retiró del lugar a las 12:15. Acorralado por la evidencia fílmica, el propio imputado terminó admitiendo ante las autoridades haber estado en ese predio durante esa franja horaria.

El ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros, se hizo presente en el lugar del operativo junto al fiscal Garzón y a Gabriel Vega, padre de la menor, para coordinar las tareas periciales en el terreno. «Estamos acá porque hay una línea investigativa que indica que el acusado y detenido estuvo en este lugar», había señalado el funcionario poco antes de que se confirmara oficialmente el trágico desenlace. Con el hallazgo del cuerpo se desestimó de forma definitiva la estrategia de la defensa de Barrelier, que durante la semana había intentado desviar la atención alegando que la menor registrada por las cámaras ingresando a su propiedad no era Agostina, sino su propia hija de 11 años.

La reconstrucción del caso determinó que el derrotero comenzó la noche del sábado 23 de mayo, alrededor de las 22:30. Agostina tomó un remís desde su casa en el barrio General Mosconi para viajar unas 50 cuadras hasta el domicilio de Barrelier, quien es expareja de la madre de la víctima. El chofer del coche de alquiler declaró oportunamente ante la Justicia que el propio acusado salió a pagar el valor del viaje y que la adolescente descendió en el lugar, siendo esa la última vez que se la vio con vida. Los peritos forenses concentran ahora sus esfuerzos en el descampado de Ampliación Ferreyra para recolectar la totalidad de la evidencia que determine cómo se ejecutó el femicidio.