La feroz tormenta que devastó a Bahía Blanca y golpeó con fuerza en gran cantidad de distritos bonaerenses el 17 de diciembre pasó prácticamente al olvido para la mayoría, en medio de una oleada de malas noticias que llegan casi a diario. Pero en el Delta del Tigre y San Fernando aún hay miles de familias que quedaron con la cotidianidad estancada en esa fecha. Más de tres semanas después, siguen reclamando a Edenor que restaure la luz. En medio del malestar creciente y pese a las múltiples advertencias de la población isleña sobre los riesgos que implicaban los postes caídos y cables en el agua, un trabajador murió electrocutado el último fin de semana.

“Está trabajando Edenor en las zonas afectadas, el municipio colabora en tareas de despeje”, respondieron a este medio desde Tigre. Según consignó el diario local Lo Nuestro, la empresa informó que “el servicio ya fue restablecido en el 60% de los hogares afectados y se comprometió a alcanzar la totalidad del territorio en los próximos días”, sin definir cuándo. Pero los porcentajes no son claros: la lluvia del domingo pasado volvió a generar cortes en una gran área de la Primera Sección de islas donde el servicio había sido devuelto.

Desde la Dirección Provincial de Islas, en tanto, indicaron que este lunes “se completó la entrega de 200 bidones que comenzó el sábado a familias de primera, segunda y tercera sección de islas. Y como complemento a los recorridos de Aysa se entregaron desde Absa 5.000 sachets de un litro de agua al municipio de Tigre que se irán repartiendo a requerimiento en los próximos días”.

Hasta última hora del lunes, según los datos del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), unas dos mil viviendas no tenían luz en el Delta de Tigre y San Fernando. Pese a los parches, el reclamo sigue. Y la comunidad isleña tiene la paciencia cada vez más colmada.

La noche en vela

Entre el 17 de diciembre, noche de la tormenta, y el último día del año que se fue, los cuatro hijos de Claudia González no comieron carne. Sin heladera, no tenían cómo refrigerarla y no daban los costos para ir y volver de la isla con las porciones justas para cada día. Después de pasar la Navidad a la luz de las velas, en Año Nuevo decidieron buscar refugio en la casa de familiares en Benavídez. Allí esperan con ansias la noticia del retorno de la luz, para volver a su hogar en arroyo Rama Negra Chico.

“Dicen que el 20 viene la luz. Apenas venga nos volvemos, tenemos animales ahí. Pero allá es un desastre, los chicos no saben qué hacer. Inventamos juegos, al rato se aburren, los llevamos a pescar. Es complicado. No podían tomar nada frío con el calor, de noche tenían que acostarse temprano y yo dormía de a ratos por miedo a que se prendiera algo con una vela y se quemara todo. Gastamos más en velas que en otras cosas, porque el paquete está caro. Ya no daba para quedarse ahí”, lamentó Claudia. “Los chicos -17, 13, 9 y 7 años- no aguantaban más”.

Belén, en Arroyo Rico, se las arregla con un generador desde el día de la tormenta. Pero los costos no dan para mantenerlo prendido todo el tiempo (según calcula otro vecino, consume unos ocho litros diarios de nafta). Lo que más le preocupa: la refrigeración de los medicamentos de su hija de cinco años. “Todavía ni pasaron a ver nada. Quedaron en venir a ver para poder dar luz a este trayecto”, se quejó.

“Tenemos un grupo electrógeno gracias a Dios, pero ya no podemos con el gasto de la nafta. Tuvimos que tirar algunos alimentos por la falta de frío, porque el grupo que tenemos no lo podemos dejar tanto tiempo prendido por el gasto. Entonces hay cosas que se echaron a perder”, contó. Y agregó que en la zona hay “personas mayores que necesitan electricidad aún más, con estos calores no se aguanta tomar agua caliente”.

Tragedia anunciada

Rubén Haíta era un vecino isleño de la Segunda Sección. Trabajaba para la empresa Rowing, contratada por Edenor para tercerizar tareas. El sábado, mientras realizaba reparaciones en Caraguata 369, murió electrocutado. Su compañero sufrió graves heridas. “El Delta está de luto”, difundió la comunidad isleña en un mensaje de reclamo de esclarecimiento.

“Decíamos que íbamos a lamentar un muerto, lo advertimos en tres circunstancias distintas, en las tres reuniones que tuvimos. No nos escucharon y tuvo que pasar este accidente fatal. Ese mismo día horas después cuando vuelven a dar la luz en otro sector quedó un transformador tirado en el piso, hizo un arco voltaico de 25 metros, casi fallece un vecino”, se indignó Alejandra, isleña y miembro del Comité de Crisis del Delta.

“Los arreglos que se vienen haciendo son muy provisorios, muy desprolijos. Están empalmando, están entrando postes usados, transformadores arreglados. Dan la luz con transformadores o cables de media tensión en el piso. En cuanto caen dos gotas, vuelve a explotar”, dijo tras la nueva caída del servicio en gran parte de las islas, el domingo último.

“Ya venía teniendo Edenor una falta de inversión de 20 años y los arreglos que están haciendo ahora son paupérrimos. Tuvimos una víctima fatal el sábado y un pibe muy mal herido. Hay una causa abierta, un fiscal trabajando. Desde el Comité de Crisis desde el día uno del reclamo estábamos reclamando el peligro que había tanto para los transeúntes como para los laburantes por cómo estaba el tendido eléctrico”, cuestionó.

Victoria, en el Canal Rompani, está sin luz desde la tormenta del 17. “Desde ese día hasta que empezamos el plan de lucha vecinal (hacia el 30), no hubo ningún miembro de la Municipalidad, ni de Edenor, ni de Provincia de Buenos Aires, ni de Nación que viniera a ver qué había pasado acá”, lamentó. La organización asamblearia ya generó una manifestación, una caravana náutica y relevamientos realizados por la propia comunidad, con la dificultad extra de la falta de señal para dar con algunos sectores.

“Esto pone en evidencia la falta de infraestructura que Edenor tiene sobre la isla, algo que venimos denunciando hace tiempo. Transformadores viejos, con cada vientito se corta la luz, postes de luz en mal estado y mal enterrados. Terceriza el trabajo y no contrata mano de obra isleña, el trabajo se hace a los ponchazos y eso se vio”, criticó la isleña.