M. K. Bhadrakumar es un diplomático indio ya retirado, pero no inactivo. En efecto, cada tanto –y es seguido- nos brinda análisis internacionales desde el punto de vista de la India. Entre oriente y occidente, entre el norte y el sur, desarrolla una mirada inteligente y argumentada sobre la realidad.

Es así que este 15 de julio comenta la gestión política en el estado de Kerala, al sudoeste de la India, que cuenta con apenas 36 millones de habitantes, aunque la mayor tasa de alfabetización de la península-continente, con un envidiable 96 por ciento. Dos meses después de ganar las elecciones, el ministro principal de Kerala, V. D. Satheesan expone en el New Indian Express los proyectos que encara desde el gobierno.

En primer lugar desea transformar a Kerala en un “destino educativo” con la expansión y creación de universidades; mejorar y ampliar las capacidades en salud pública, para que también sea “un destino saludable” y construir a lo largo del extenso litoral “ciudades-puerto” con infraestructura de primer nivel que integre el territorio al mundo y que pueda crear empleos. Ser también “un destino económico”. Bhadrakumar señala que para concretar esos objetivos, V. D. Satheesan prevé la utilización generalizada a gran escala de la Inteligencia Artificial. “En la era de la IA hay que prestar atención a las consecuencias en la economía, la educación, la ciencia, la cultura y lo más importante que es el mercado de trabajo”.

Y es allí donde decimos que V. D. Satheesan deberá tomar una decisión de fondo. Como todos los decisores mundiales, diríamos, incluso si algunos por acción u omisión ya la han hecho. La Inteligencia Artificial, ¿debe ser una mercancía o una aptitud? ¿“Una cosa mueble que se hace objeto de venta o trata” o la “capacidad para operar competentemente en una determinada actividad”? Si ambas son definiciones de la Real Academia, el carácter técnico e instrumental devela la dimensión política de la cuestión. Por un lado, comprar un modelo de gestión llave en mano de alguna de las multinacionales en las que los billonarios suelen volverse trillonarios, sin duda completará el objetivo, pero tendrán por siempre la capacidad de manejo efectivo, con la consiguiente pérdida de soberanía. Por el otro, apostar por la aptitud de quienes entiendan, manejen y sean capaces de crear sistemas de Inteligencia Artificial acorde a los problemas que encuentren, y vaya si los hay y los habrá. Y no se trata de una decisión “técnica” contrapuesta a una elección “política”, sino el modo y la forma que adoptara el poder inminente de la IA.

Eso lo deja bien en claro Sam Altman, dueño de Open AI, la mano que mece el algoritmo de Chatgpt. Altman desea, constata o proyecta que las interacciones humanas con los algoritmos serán cada vez más frecuentes e intensas, al punto que la IA será el asesor en la toma de decisiones hasta cotidianas. ¿Por quién votar? ¿Qué hacer con mis problemas personales? ¿Esa persona me conviene? Son algunas de las preguntas que la máquina estará encantada en responder, será su “sistema operativo de vida”. Por supuesto, la respuesta podrá variar según el abono que elija pagar. Pero va más allá, y propone de hecho la mercantilización del conocimiento. ¿Para qué investigar o pensar? El modelo occidental de IA le proporcionará la cantidad exacta de inteligencia que usted necesita, sólo paga por noción consumida o por concepto aplicado. “Cuando el pensamiento sea un servicio pago, es posible que muchas personas olviden cómo pensar”, afirma el médico e investigador norteamericano John Nosta. Le preocupa el modo en que la Inteligencia Artificial rediseña “no sólo los sistemas sino las maneras en las que los humanos, piensan, deciden y disciernen” y advierte “la inteligencia artificial puede ayudar a profundizar el pensamiento, o puede sustituirlo”. Es ahí donde entra la aptitud como cualidad para manejar la IA, y es cuando Bhadrakumar nos propone ir a China.

Es que el gobierno chino ha decidido que la IA debe ser considerada una habilidad de base para las masas. La alfabetización en IA es una aptitud clave en la educación de niños y de estudiantes. El objetivo no es sólo enseñarles a los alumnos cómo usar herramientas, sino brindarles la capacidad de entender los principios de la tecnología, que los habiliten para aplicar la IA en análisis, diseño y resolución de problemas en el mundo real.

El panorama que describe Bhadrakumar es impresionante. La IA, nos dice, es integrada en toda la enseñanza, la big data, las plataformas digitales los modos de aprendizaje transforman los modos de enseñanza, los exámenes, la formación docente, la investigación y la propia trayectoria pedagógica de cada uno. “La IA no es un objeto en un estante, sino la infraestructura de todo el sistema educativo».

El objetivo de las reformas chinas es “la preparación de generaciones para quienes la IA no va a ser un servicio externo, sino una secuencia natural que cada uno pueda desarrollar cuando piensa, aprende y trabaja”. Por supuesto que le deseamos la mejor de las suertes a Kerala, para que pueda transformar el deseo en destino. Por aquí solía llamase “Proyecto Nacional”. Hace un tiempo que no se lo ve mucho, por cierto. ¿O por olvido? Queda pues demostrado que considerar a la Inteligencia Artificial como un servicio pago envilece al ser y condena la sociedad a la dependencia. Del mismo modo que incorporar esa IA como aptitud de todos y de cada uno nos puede reabrir las puertas de la liberación nacional. Namasté. «