Javiera Moreno empezó a jugar al fútbol en la escuela, a los nueve. Su familia la apoyaba y acompañaba. Hoy es la presidenta del primer Sindicato de Jugadoras de Fútbol Profesional de Chile creado hace poco más de un mes, el 16 de diciembre de 2025. En el medio, pasaron cosas: tuvo que encontrar algunos de los pocos lugares donde había fútbol femenino, pagar para entrenarse, convertirse en futbolista y fundar la Asociación Nacional Jugadoras de Fútbol Femenino (Anjuff), paso previo indispensable para la histórica presentación del gremio. “Cuando ingresé a la etapa competitiva las condiciones no eran las mismas que el masculino: no teníamos seguro médico y cada una lo tenía que pagar. Ni hablar de la remuneración. Todo era muy difícil”, dice Morena, que también es psicóloga y diplomada en Género, Desarrollo y Políticas Públicas.
-¿Cómo era el fútbol femenino cuando empezaste?
-Tuve la fortuna de estar en una familia futbolera que me acompañaba. En esa época quizá no estaba tan bien visto y no tuve ningún inconveniente. Nunca me sentí, afortunadamente y a diferencia de otras jugadoras, discriminada. Lo que sí, había poco espacio de formación, sobre todo tan pequeñas. Era todo muy distinto a lo que hay ahora. No había muchas referencias ni se conocían jugadoras de acá o del extranjero.

-¿Qué importancia tuvo esa etapa en tu carrera?
-A nivel identitario son aspectos clave para una deportista. Tuve ese privilegio de arrancar a los nueve años, pero en el fútbol femenino no era tan usual. En general empezaban más entradas al colegio, como a los 13, 14 o 15 años. Todo eso me permitió tener la noción de lo que costaba y de la importancia de la organización colectiva.
-¿Qué representa la creación de este nuevo sindicato?
-Es importantísimo. Vamos a cumplir ya diez años desde que generamos la asociación de jugadoras. En ese momento nos agremiamos con distintas jugadoras. Buscamos una figura pública que nos permitiera generar institucionalidad y nos sirvió para poder posicionarnos públicamente, para poder posicionar e instalar un tema. Quizás nuestra liga era muy desconocida y las condiciones de precariedad eran extremas. Hoy en día, afortunadamente, en nuestro país el 100% de las jugadoras, tanto de Primera como de ascenso, tienen su contrato y eso es significativo en muchas dimensiones. El sindicato era el paso lógico en este camino. Tiene que ver también con poder apostar a algo desde una nueva etapa y nuevos objetivos para consolidar lo que ya habíamos logrado y también ir por más derechos para las jugadoras.
-Llega casi en paralelo con los diez años de la Anjuff, ¿qué balance hacen?
-Hemos mantenido firme el avance. Hemos estado súper enfocadas en poder otorgar mejores condiciones. Hay desafíos en infraestructura, en una realidad quizá más comercial, un producto que pueda ser sostenido financieramente por sí mismo pero creo que mirándolo en perspectiva me gusta más bien ser positiva. Tuvimos una primera etapa en la que el producto no existía ni era indignante para la sociedad o la comunicación que las jugadoras no tuviesen seguros médicos o estuviesen desprotegidas en términos de acoso sexual. Tampoco era competitiva la Selección nacional ni tenía actividad en FIFA. Desde cómo comenzamos hemos logrado avances de forma colectiva, con todas las jugadoras y las instituciones.
-¿Por qué es importante organizarse?
-Es la manera que hemos logrado de poder posicionar la temática también a nivel social. Hemos logrado que un problema que para nosotras era personal y del ámbito más privado se convirtiera en social al organizarnos colectivamente. Entendíamos que para poder transformar esta realidad necesitábamos pasar desde esta organización colectiva de un problema social a un problema que tenía que ser de orden público, y así también generar nuevas políticas públicas que nos permitieran cambiar la realidad. No solamente logramos transformar cosas, sino que nos protegemos entre nosotras. Cuando una ha tenido dificultad con los clubes o dirigencias, queda más expuesta cuando se va al frente de manera individual. Hemos entendido que la manera en la que el gremio se hace fuerte es en su colectivo.

-¿Qué impacto puede tener la creación del sindicato a nivel regional?
-Esperamos que sea positivo. A través también de la presencia en FIFPRO, el sindicato mundial, hemos intentado articular acciones. En su momento trajimos a exponentes de Europa para que nos comentaran cómo era la organización y las historias de países que estaban mejor. Plantar estas semillas y unirnos a nivel sudamericano siempre ha sido positivo.
-¿Qué valores transmite el fútbol femenino? ¿Genera otra identidad?
-Hay cosas que son transversales a todo deporte, ¿no? Me parece que las niñas, las infancias, las mujeres de repente están muy despojadas de espacios propios y más bien comunitarios que sí se dan en instancias de hombres. El fútbol femenino da identidad, colectividad, de repente de poder tomar espacios de liderazgo, sacar la voz y aspectos comunicativos que quizás están un poco más cerrados para las niñas.
-El 31 de enero juegan Universidad de Chile contra River en el Estadio Nacional. ¿Qué importancia tiene?
-Es muy clave porque el Estadio Nacional en los últimos diez años sólo ha albergado tres partidos. Dos de la selección y uno preliminar entre la Universidad de Chile y la Universidad Católica. Es un espacio trascendental del que debemos ser parte. Es el principal estadio de nuestro país y nuestra selección no juega ahí. Espero que nos sirva como ejemplo. También genera un lazo entre países que buscan desarrollar el deporte, más con Argentina que está creciendo muchísimo.