Actor, utilero y albañil, también participó de clásicos como "Pizza, birra, faso" y "El Eternauta". Es defensor del cine independiente, mantiene un perfil bajo y se preserva lejos de las redes sociales.

—Llegaste medio de casualidad a actuar en tu primera película, Pizza, birra, faso. ¿Cómo fue esa experiencia y qué te motivó a presentarte?
—Fue totalmente inconsciente. Yo estaba laburando de albañil en lo de mi primo, en Capital: soy de Laferrere, en La Matanza. Mi primo estudiaba arte y, como él se fue, terminé ayudando a un amigo suyo con una maqueta. Ese muchacho terminó siendo el director de arte de la peli y me mandó a llamar. Yo no quería saber nada, pero mi vieja y mis hermanos me insistieron porque mi primo se había venido hasta allá a buscarme. Fui de compromiso, hice como seis castings y quedé. Fue más una actuación de los directores que mía; yo no tenía relación con el cine, pero me entregué a escucharlos porque sabía que ellos sabían lo que hacían.
—Pasaste por varios roles: utilero, actor, director de arte. ¿Qué rol te gusta más?
—Disfruto y le pongo el mismo empeño a todo porque lo que me apasiona es hacer cine, estar filmando. Empecé como meritorio de arte cuando ni siquiera se pagaba sueldo: los compañeros me juntaban unos mangos para el colectivo. Después fui ayudante, asistente y así aprendí el oficio. Me encanta actuar, pero lo tomo como una forma más de poder estar ahí, en el set.
— ¿Cómo elegís tus proyectos?
—Me motivan los guiones y ser útil para construir la historia. No importa si es una sola escena: si ayuda a contar la película, le pongo las mismas ganas que a un protagónico. También me fijo en las ganas del director y del productor. Me gusta mucho el cine de autor porque siempre hay una búsqueda artística detrás.
—¿Cuál es tu pasión?
—Filmar. Estar en el rodaje, ser parte de la construcción de la obra. Ya sea desde arte o frente a cámara, lo que me mueve es el proceso de hacer una película.
—¿Cómo es el trabajo de utilero?
—Es un oficio que se aprende trabajando. En el cine independiente, el utilero hace de todo: compra, realiza objetos y maneja la continuidad. Tenés mucha responsabilidad: si perdés o rompés un objeto que está en continuidad y no hay otro, cagás la película. A veces se le da mucha importancia a un lente o a la cámara, pero la utilería es fundamental para que la historia sea creíble.
—¿Cómo fue la experiencia de filmar Okupas y cómo llegaste al papel de Miguel?
—A Okupas llegué porque yo era el utilero de la serie. Armé todos los decorados y estuve en el rodaje desde el primer día. Ya sabíamos con Bruno Stagnaro que yo iba a entrar en ese capítulo. Me alegra mucho que hoy los pibes la sigan viendo. Para mí, el mensaje de Okupas va en contra de la comercialización de la marginalidad; te muestra que si andás mal, terminás mal. Me gusta que ese mensaje llegue.
—Hiciste mucho cine independiente. ¿Alguna película que te haya marcado especialmente?
—La araña vampiro (2012) fue un quiebre actoral y personal. Yo venía de unos años de andar muy mal, con tratamiento psiquiátrico, y hacer esa película me reimpulsó internamente. También El desierto, de Ulises Rosell. Todas me enseñan, pero esas tienen un lugar especial.
— Con Merlina Molina Castaño hacen cortos fantásticos. ¿Cómo nacieron y qué les interesa explorar?
—Nacieron de las ganas de filmar. Nos interesa la ficción fantástica, pero sostenida desde el hiperrealismo. Nos gusta explorar al ser humano en distintos territorios, especialmente en la Patagonia, y ver cómo resuelve situaciones en esos entornos.
— ¿Cómo fue trabajar en una producción tan grande como El Eternauta?
—Fue un gran aprendizaje. Lo loco es que, como el director era Bruno, él mantuvo su impronta de riesgo y cercanía. Yo no sentía que estaba en una megaproducción, sino construyendo una historia íntima. Después mirás para el costado y tenés 700 personas laburando, lo cual está buenísimo porque genera mucho trabajo. En lo emocional fue muy lindo volver a filmar con él después de 25 años de Okupas.
—No tenés redes sociales.
—Es una decisión personal, no me atraen. Entiendo que son una herramienta para conectar y laburar, pero me parece que contribuyen a una individualización medio agresiva. Siento que sería una pérdida de tiempo enorme; ya me cuesta conectarme y verme con la gente que quiero en la vida real, imaginate dedicarle tiempo a algo que para mí no existe.
— ¿Qué te gusta hacer cuando no estás trabajando?
— Viajar, andar en bici y estar en casa tomando mate. Me gusta estar tranquilo, darle una mano a alguien que esté haciendo algo… Cosas simples.
— ¿Alguna película o serie que hayas visto recientemente y quieras recomendar?
—Película: Nuestra tierra, de Lucrecia Martel, que aporta mucho socialmente. También el documental El silencio es un cuerpo que cae, de Agustina Comedi. «
La sorpresiva entrega de Saab a los Estados Unidos siembra dudas en las bases populares…
La actriz se pone en la piel de Clara del Valle en la adaptación televisiva…
El documental reconstruye uno de los partidos más intensos de la historia del fútbol y…
El documental de Walter Peña y Nicolás Cuiñas ya está disponible en Prime Video. Pone…
Las propuestas más atractivas de música, cine, teatro, streaming y diversas actividades culturales.