La sorpresiva entrega de Saab a los Estados Unidos siembra dudas en las bases populares del oficialismo. Entre el pragmatismo político de la dirigencia y la amenaza latente de nuevos bombardeos, la izquierda latinoamericana debate los límites de la resistencia y los sapos que restan tragar.

Así, atolondrarse es fácil. La situación demanda un esfuerzo redoblado por separar la paja del trigo, y apuntar a los procesos más que a las provocaciones, que las hay y muchas. Al cierre de esta nota, por caso, se preparaba en Caracas un inédito “simulacro de evacuación” en la reabierta embajada de los Estados Unidos, con sobrevuelo controlado de aeronaves norteamericanas. Es decir, la vuelta de helicópteros, iguales -o los mismos- que secuestraron a Maduro. Una provocación del Departamento de Estado.
Y hace apenas una semana el empresario y exministro Alex Saab era deportado a los Estados Unidos. Saab es el mismo por quien se reclamó su libertad durante tres años, hasta que fue enviado a Venezuela en las postrimerías de la administración Biden, en un intercambio de prisioneros. Saab fue recibido con honores por el presidente Maduro, mientras el chavismo festejaba su regreso como una victoria.
Desde ese momento hasta el arranque de este 2026, Saab ocupó cargos en la administración, incluido el de ministro de Industria, desde donde cultivó bajo perfil, sin construir empatía con la base del chavismo. Aún así, su deportación a los Estados Unidos, donde quedó detenido y encausado en un proceso por lavado de dinero, confunde a la base chavista.
La presidenta encargada pidió confianza. “El pueblo venezolano debe saber que el interés primario es Venezuela”, indicó. “Cualquier decisión en adelante y las que hemos tomado desde que asumimos luego de lo que fue el 3 de enero han sido por el interés de Venezuela”, gráfico. Dijo que el deportado “es un ciudadano de origen colombiano, cumplió funciones en Venezuela y son asuntos entre Estados Unidos y Alex Saab”.
En paralelo, los otros dos componentes de la tríada de gobierno, el presidente del parlamento, Jorge Rodríguez y el ministro de Interior y jefe del partido, Diosdado Cabello, aseguraban que pronto se sabrá más sobre las razones de la deportación de Saab. Por ahora, dijeron que el empresario y ex ministro usaba un documento venezolano falso, y que cultivaba vínculos con “agencias” de EE UU, hasta ahora desconocidos por Caracas.
Aun así, casi todos aquí parecen asumir que Saab fue deportado por pedido gringo. La pregunta del millón parece ser entonces por qué el gobierno venezolano da vía libre. En el ensayo de una respuesta es donde muchos ya han optado por jugar adelantado y fijar posición, especialmente en la variopinta izquierda intelectual de América Latina. Antes que pontificar respuestas definitivas, conviene repasar dos o tres cuestiones.
La primera: el 3 de enero Venezuela quedó indefensa ante la principal potencia militar (al menos de este lado del mundo) con arsenal nuclear. Al ataque que precedió al secuestro de Maduro y Flores, donde cayeron en resistencia desigual 32 combatientes cubanos y cerca de medio centenar de militares venezolanos, siguieron amenazas de más bombardeos contra el alto gobierno. Tiempo Argentino pudo saber que esa misma madrugada se activaron planes en bastiones populares del chavismo ante la posibilidad cierta de que los ataques continuaran.
La segunda cuestión se desprende de la primera: ¿el chavismo tenía que intentar una resistencia tan heroica como testimonial o, por el contrario y como ocurrió, hacerse fuerte en la certeza de que es la única fuerza -hoy por hoy- en condiciones de gobernar Venezuela? Esto último parece lo más sensato. Y dispara la tercera pregunta: ¿cuántos sapos más habrá que tragar? “No tienes idea de todo lo que estamos soportando para mantener la paz”, le dijo a este cronista hace algunas semanas un integrante del alto gobierno.
Flexibilidad táctica y paciencia estratégica, repiten en Caracas cuando las noticias se acumulan y se desordenan y el árbol tapa al bosque. Pero lo cierto es que cinco meses después, las amenazas son las mismas y son mucho más que políticas. Los bolivarianos atraviesan su momento más difícil. La supervivencia misma del proyecto de Hugo Chávez está hoy en entredicho y disputa.
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