El domingo por la noche toda Sudamérica posó su mirada sobre la tierra del vallenato y el sancocho, la cumbia y el café. Sí, “Colombia, el país de la belleza”, como dice la promoción turística del gobierno de Gustavo Petro. Desde el resultado electoral de la primera vuelta, que dejó primero al outsider de ultraderecha Abelardo de la Espriella (43,74%) y segundo al representante de la coalición de izquierda Iván Cepeda (40,90%), la región volvió a ser testigo de un triunfo de la internacional trumpista.

La pole position, en rigor, fue para un paladín caribeño apadrinado por Donald Trump. Aunque se trate de un desenlace provisorio porque la puja -que ya venía polarizada- se definirá en veinte días, en balotaje. ¿Y qué significa para la Argentina? ¿Cómo impacta aquí?

El domingo por la noche la transmisión en directo de las cadenas locales e internacionales mostró los festejos de De la Espriella, un abogado penalista e hípermediático que construyó su figura inspirándose en el salvadoreño Nayib Bukele pero con algún guiño, incluso, al propio Javier Milei (en campaña usó el dibujito de un tigre para representar, supuestamente, fuerza y determinación). La definición, de todos modos, está abierta.

Por otro lado, decenas de argentinos -la mayoría legisladores de distintos partidos- presenciaron la elección colombiana desde el terreno; hubo también extranjeros de otras latitudes. Habían viajado a Bogotá en condición de observadores, invitados oficialmente para monitorear el llamado a las urnas: eso les permitió seguir todo el proceso en detalle y en tiempo real.

¿Cuáles fueron las conclusiones de quienes estuvieron atentos a la campaña y estuvieron allí en la definición, en la jornada del domingo? El economista y consultor español Alfredo Serrano Mancilla, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), aportó una primera definición. Nacido en Cádiz (Andalucía) y especialista en procesos electorales, sostuvo que los resultados (provisorios) de Colombia dejaron una enseñanza importante para toda la región.

“Lo que pasó en Colombia refleja que existe una raquítica ‘avenida del centro’. Es decir, las candidaturas que abonan a la tesis de la equidistancia constante, de la moderación y del centrismo, no tienen mucha cabida en la ciudadanía colombiana… pero además es lo que está pasando cada vez más en América Latina y en el mundo”, advirtió en conversación telefónica con Tiempo. En su visión, las preferencias electorales requieren de consistencia y nitidez ideológica para diferenciarse claramente de los adversarios.

“La ciudadanía prefiere ideas claras; firmes, valientes, sin titubeos. Por eso la segunda lección (de la elección colombiana) viene derivada de eso: las alternativas políticas se polarizan y hay un contraste muy nítido de modelos económicos”, amplió. Luego, al referirse al electorado del centro a la derecha, planteó que ese tipo de votantes está eligiendo “candidatos más firmes, más agresivos, que no tengan bajas”. “La ciudadanía más conservadora, la ciudadanía de derechas, tanto en Colombia como en América latina y me atrevo a decir que también a nivel global, prefiere candidatos más a lo Abelardo de la Espriella y no tanto a lo Paloma Valencia”, arriesgó. Y entonces agregó una frase sobre Argentina, a modo de ejemplo: “Prefieren más a Milei que a Patricia Bullrich.”

La lección que deja Colombia: no hay lugar para la moderación y el centrismo
Iván Cepeda, candidato de la coalición de izquierda

Otra de sus recomendaciones apuntó a tomar nota de la ‘espectacularización de la política’. Se refirió así a los recursos casi teatrales -histrionismo, audacia, cero pudor, presentaciones propias de un showman en concierto como Milei cantando con su banda en el Movistar Arena- que el abogado de ultraderecha ligado a los paramilitares fue mostrando a lo largo de su raid proselitista.

“Abelardo de la Espriella ha hecho campaña en ese plano constantemente”, observó el titular del Celag.

En efecto, quienes siguieron a De la Espriella en las últimas semanas pudieron verlo lookeado con una camiseta amarilla de su selección, o mientras profería insultos y palabras amenazantes, o incluso resguardado detrás de unos paneles de acrílico transparente sin explicar demasiado por qué. La puesta en escena no difería mucho de un recital masivo del talentoso portorriqueño Bad Bunny (que por suerte expresa otras ideas, una suerte de anti-imperialismo emocional) o de una figura emergente del trap y la música urbana.

Serrano Mancilla, de todos modos, le dio chances de revertir la elección a Cepeda, el filósofo con lentes de intelectual que a sus 31 años vio a su padre, senador de la Unión Patriótica (izquierda), asesinado a tiros dentro de su vehículo: se encontró con la escena en agosto de 1994, mientras caminaba hacia la universidad en el suroeste de Bogotá.

“La votación del domingo es muy similar a la que obtuvo en 2022 la derecha colombiana: en el ‘22, en primera vuelta, la sumatoria de los dos candidatos de derecha (Rodolfo Hernández y Federico ‘Fico’ Gutiérrez) tenía 2 millones y medio más de votos que Gustavo Petro (que terminó ganando el balotaje). Ahora es parecido: 2,3 millones (la suma de De la Espriella y Paloma Valencia). Por lo tanto, no hay tanta diferencia en ese sentido”, analizó el analista y encuestador. Y completó: “Deberíamos sacar la conclusión de que Colombia está en disputa, igual que América latina está en disputa, y que hay dos fuerzas (regionales) contrapuestas.”

Ponerle “fuerza”, el fantasma de EEUU y el estilo Zohran Mamdani (subtítulo)

Junto a las lecciones para la región, la primera vuelta en Colombia dejó otras enseñanzas y observaciones: en particular para las figuras y espacios de izquierda, progresistas o, en la tradición argentina, nacional-populares.

La lección que deja Colombia: no hay lugar para la moderación y el centrismo
Foto: Xinhua

Uno de los observadores que viajó desde Argentina, el parlamentario del Mercosur Gabriel Fuks (UxP), consideró que el domingo se adelantó el agrupamiento de los sectores de derecha que suele caracterizar a las segundas vueltas. “En Colombia se produjo un balotaje a la inversa: lo que en primera vuelta iba a ser una movilización de sectores de izquierda o del voto de Petro se convirtió en una movilización muy fuerte del voto de derecha”, describió.

El legislador del Parlasur, por otro lado, recordó las particularidades del proceso histórico colombiano, imposibles de extrapolar a otro país. “Colombia vive sobre una tonelada de dinamita cotidianamente, con una guerra civil de baja o alta intensidad. La democracia ha logrado avanzar, pero el tema del enfrentamiento se mantuvo durante los últimos cincuenta años… o ya perdí la cuenta. Allí es muy fácil pasar de una grieta a un enfrentamiento mayor”, avisó en diálogo con el programa ‘Doble Fondo’ de FM La Patriada.

Justamente, una de las claves de la gestión de Petro fue su llamado a la pacificación definitiva: lo llamó “la Paz Total”.

Antes de abordar su avión de regreso, Fuks hizo una evaluación de lo observado en Colombia. Opinó sobre dos cuestiones. Por un lado, mencionó las denuncias de injerencia de EEUU en las cuestiones del escrutinio provisorio (o “preconteo”); luego arriesgó una evaluación más política del tipo de campaña que realizó el Pacto Histórico (la coalición de Petro y Cepeda), al menos para la primera vuelta.

“No tengo una forma de certificar la injerencia de EEUU, que, por otro lado, está en toda la región, de distintas formas: en las redes, dando plata, financiando a los gobiernos de ultraderecha… Nosotros le hemos pedido al gobierno (colombiano) que si hay alguna documentación (que pruebe manipulación del recuento electoral) que la envíe y la agregaríamos a nuestro informe. El tema está denunciado, ya había algunas tensiones sobre el manejo del software”, subrayó. Pero de todas formas agregó: “Siempre hay que estar preparado para las trampas. Desde que la CIA conspiró para que (Salvador) Allende caiga en Chile, la intervención de EEUU en la región ha sido descarada.”

En cuanto a la observación más política de lo que pasó, Fuks esbozó que la coalición de izquierda -que, dato no menor, está en el gobierno y es la primera administración progresista de la historia colombiana- deberá poner más energía, más movilización y más fuerza en el balotaje del 21 de junio.

“Cepeda se presentó como un candidato austero, con una campaña austera. Pero los que tienen que ser austeros son los gobiernos, no las campañas, porque si no se pierden las elecciones… Las batallas hay que darlas con mucha más energía. Y hay que tratar de ampliar las bases de sustentación: una cosa es hablar a los propios y otra cosa es hablarle al conjunto de la sociedad”, dijo. Y añadió: “Con esta ola de la derecha que estamos viviendo hay que estar más preparados porque, si no, no hay alternativas.”

Otra recomendación dirigida al espacio de Petro -pero que podría aplicarse tranquilamente en la Argentina- provino de un compatriota de ambos, el consultor en comunicación Andrés Carvajal. Creador de contenidos digitales y fundador del sitio web Mucho Trópico, Carvajal se lamentó que el candidato a la Presidencia no haya hecho una campaña a lo Zohran Mamdani (alcalde demócrata de Nueva York). “El error más grave de la campaña de Iván Cepeda es no pensar como Mamdani”, provocó desde su cuenta de X.

Y en ese sentido profundizó: “Es un error pensar que entrar de lleno en la arena de la comunicación digital es traicionar la esencia y dejar de ser auténticos.”

Para Carvajal, en las tres semanas que restan hasta la segunda vuelta Cepeda y el Pacto Histórico tendrían que sumarle a lo ya hecho algunas enseñanzas del formato Mamdani. Les aconsejó, en concreto, hacer “videos con belleza cinematográfica” para viralizarlos a full desde redes, y usar en ellos la estructura del guión con “gancho, carne y llamado a la acción para conectar con los dolores de la gente”.

“Mamdani entró a la batalla cultural siendo cool. Emocionó con un discurso estructurado y con épica política. La campaña de Cepeda está a tiempo de entender esto”, exhortó finalmente el consultor e influencer colombiano. La pelota está en el aire, y las autocríticas (si se quiere) también.