La diplomacia brasileña dio un paso drástico en el vínculo bilateral al llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, como respuesta institucional al encendido discurso con el que Javier Milei atacó a Luiz Inácio Lula da Silva. La medida, adoptada directamente por el canciller Mauro Vieira tras la tercera visita del mandatario argentino al país vecino —nuevamente sin agenda oficial con el Poder Ejecutivo—, supone uno de los gestos de protesta más severos de la praxis internacional previos a la ruptura de relaciones. Fuentes diplomáticas en Brasilia no dudaron en calificar de «inaudita» la intromisión de un jefe de Estado extranjero en la política doméstica y en los poderes constituidos del país.
El detonante fue el paso del presidente libertario por la convención del Partido Liberal en San Pablo, donde oficializó su respaldo a la candidatura del senador Flávio Bolsonaro. A lo largo de una alocución de 25 minutos, Milei apeló a un repertorio de descalificaciones directas contra Lula, a quien tildó de «el zurdo», «ladrón» y «presidiario», además de responsabilizarlo por un fallo de sonido en el escenario e imputarle haber financiado la campaña argentina de 2023.
Milei fue más allá de Lula
La arremetida cruzó las fronteras del Ejecutivo cuando Milei apuntó contra la justicia local y tildó de «basura calva» al magistrado del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes por denegarle el permiso para visitar al condenado expresidente Jair Bolsonaro.

La réplica de las principales figuras de la administración brasileña no tardó en llegar para repudiar el exabrupto en suelo propio. El titular del Partido de los Trabajadores, Edinho Silva, consideró «inadmisible que un jefe de Estado extranjero se dirija en términos irrespetuosos a los poderes de la República» y sentenció que Milei volvió a dar muestras de «no estar a la altura del cargo que ocupa». En la misma línea, el ministro de Relaciones Institucionales, José Guimarães, contrapuso el modelo de desmantelamiento de derechos que promueve la Casa Rosada con el mandato de cuidado social de Brasilia, confiando en que el pueblo argentino sabrá superar el actual «oscurantismo».
Esta tensión sin precedentes en el Mercosur evoca el antecedente de mayo de 2024 con el gobierno de España, cuando Pedro Sánchez retiró a su embajadora de Buenos Aires tras los ataques de Milei a Begoña Gómez. Aquella crisis escaló durante meses ante la negativa de la Casa Rosada a disculparse, marcando una dinámica de política exterior basada en el choque ideológico y la ruptura de los usos y costumbres diplomáticos. Ahora, el congelamiento preventivo del canal institucional golpea el corazón del principal socio comercial de la Argentina, tras los dichos de Milei contra Lula.