La calificadora de riesgo Moody’s acaba de subirle la nota a nuestro país. La decisión y los argumentos para fundamentar el cambio son similares a los que hace poco utilizaron Fitch y Standard & Poor´s.
Es interesante notar que tan solo dos meses atrás Moody’s había desestimado una suba inmediata, por la persistencia del “riesgo político” y la falta de un programa financiero para 2027. Si bien este último ya fue presentado por el gobierno, sostiene supuestos bastante optimistas.
Según Moody’s “aumentó la probabilidad de continuidad de las políticas y de ganancias sostenidas en liquidez externa y capacidad de pago de la deuda”. También afirmó que será necesario “un ajuste macroeconómico continuo hasta que se materialice una mayor proporción de los proyectos del sector externo en 2027”. Sostiene que uno de los grandes riesgos es político, “de cara a las elecciones generales” del año que viene. Están diciendo de manera más o menos explícita que el recorte de los presupuestos públicos debería seguir por largo tiempo.
El apoyo de las agencias, al igual que el de los organismos internacionales, apunta a mantener un clima social y financiero sin mayores sobresaltos, que le permita al gobierno profundizar la reducción del gasto público y las reformas estructurales, tanto para el corto plazo, como para después de las elecciones. También se deja en claro que la mentada estabilidad dependerá de que los/as ajustados/as sigan tolerando el ajuste, y que si a futuro hubiera un cambio de modelo, impactaría negativamente en la calificación.
La persistencia de las políticas implementadas lleva a la profundización del deterioro que sufren la mayoría de los argentinos y de las argentinas. Tratando de justificar el sacrificio, José Luis Daza, viceministro de Economía, señaló que “ya están los brotes verdes”, un argumento que se usó en 2024 y que demostró ser efímero. Al momento de dar explicaciones por la frase, que también remite a los tiempos de la gestión de Mauricio Macri, explicó: “es una simbología, (…) se están creando las bases, las empresitas, los empleos poco a poco, que todavía no se ven”. Una rémora del “crecimiento invisible”, metáfora que se adoptó durante el gobierno de Cambiemos.
Se repiten las justificaciones que siempre han tenido los gobiernos neoliberales: lo mejor siempre está por venir. Sin embargo, las estadísticas no acompañan. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC, anticipatorio del PIB, mostró en mayo una caída mensual del 0,5% para la serie sin estacionalidad, la segunda consecutiva. Los niveles de actividad son similares a los de febrero de 2025.
El titular de la cartera económica, Luis Caputo, destacó que el EMAE “acumuló un crecimiento de 1,7% en los primeros cinco meses del año en relación a igual período de 2025”. Un dinamismo escaso, ya que, para llegar al valor que estima el FMI para todo el año (+3,5%), se debería crecer de aquí en más a una tasa promedio del 1% mensual, objetivo que parece bastante difícil de lograr.
Si se toman los números interanuales, el crecimiento en mayo fue del 0,24%, una tasa más cercana al cero. Abriendo por sectores, el que más creció fue Explotación de Minas y Canteras, un 15,7% interanual, con una incidencia en la suba del EMAE de 0,6 puntos. Por su parte, Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura subió un 4,6% interanual (+0,64 puntos de incidencia) y Electricidad, Gas y Agua un 8% (+0,13). En contraposición, la Industria Manufacturera cayó 5,6% (-0,77 puntos) y el Comercio bajó un 4,3% (-0,51 puntos). Estos datos son una radiografía del modelo.
Las estadísticas de producción están en línea con la información mostrada en esta columna una semana atrás, relacionada con la dinámica del empleo: la destrucción de puestos en los sectores “perdedores”, que son los grandes demandantes de mano de obra, no llega a ser compensada con los trabajos que se crean en los “ganadores”. El desarrollo de la minería, la energía y el agro pueden llevar a que el país crezca, pero si se sigue este modelo, será casi seguramente con mayor pobreza, desigualdad y cierre de MiPyMEs. Ya lo vivimos en otras oportunidades.
El ministro Caputo señaló que “crecer implica más trabajo y más crédito, y eso es justicia social”. Una interpretación bastante particular del concepto.
En cuanto al crédito, los bancos tienen liquidez suficiente. El problema es la capacidad de repago de los tomadores de préstamos. Si hay un problema está en la debilidad de los ingresos personales y en la incertidumbre que viven muchas de las MiPyMEs.
Producto del achicamiento del mercado interno y de la demanda, se están viendo afectadas la mayoría de las empresas. No alcanza con que se empiece a desacelerar la inflación. El consumo de productos masivos sigue sin repuntar y cerró el primer semestre con una caída interanual acumulada del 2,9%, según el relevamiento de la Consultora Scentia. En el desagregado, disminuyeron las ventas en los canales tradicionales, y sólo creció el de comercio electrónico, pero sin llegar a compensar las bajas de los demás.
Respecto de los bienes no esenciales, el ingreso de mercancías importadas también hace mella en la creación de empleo. El caso automotriz es ilustrativo, ya que el aumento de los patentamientos hoy convive con una caída de la fabricación de autos en el país. Se podría argumentar que en definitiva la producción automotriz local la realizan empresas multinacionales, lo cual es cierto, aunque son multinacionales que contratan mano de obra argentina y se nutren de insumos provistos por industrias autopartistas, en su mayoría MiPyMEs. Cuando ingresan autos importados el contenido de trabajo proviene del exterior.
El otro componente del modelo que afecta a las empresas es la desregulación, que supuestamente vendría a quitarles de encima “el pie del Estado”. Sin embargo, ante la ausencia de regulaciones, quien asfixia a las MiPyMEs es el propio Estado. Por caso, el valor de la energía eléctrica llegó a su nivel más alto en décadas. Sólo en el último año, según datos de CAMMESA a junio, el valor medio de la energía eléctrica para grandes usuarios comerciales e industriales se incrementó un 99% en dólares. Esta evolución se refleja en el índice de precios mayorista, donde el rubro “Energía eléctrica” es el que más creció desde el cambio de gobierno (+633% entre noviembre de 2023 y junio de 2026, mientras que el índice general subió un 276%). Todo un golpe en términos de competitividad que podría evitarse, dado que, al igual que ocurre con los combustibles, nuestro país prácticamente se autoabastece y el precio doméstico no debería seguir la evolución del internacional. Además, juega el efecto de la reducción de subsidios del Tesoro, que influye en las tarifas. Lo que también está tendiendo al alza es sin dudas la rentabilidad de unas pocas empresas.
En cuanto a la iniciativa de “Inocencia Fiscal”, se presentó en sociedad una nueva versión. De aprobarse el proyecto de ley, se eliminarían los tres impedimentos para ingresar fondos al sistema financiero: límite de 1.000 millones de pesos en ingresos, 10.000 millones en patrimonio y no calificar como grandes contribuyentes según ARCA. Un cambio que favorece a los grandes patrimonios y empresas, pero que, desde la perspectiva del gobierno, colaboraría para mejorar las cuentas externas.