El esquema económico oficialista muestra fisuras públicas en el frente cambiario. Luego de meses de insistir con que el dólar atrasado no sufrirá sobresaltos, el nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier —sucesor en la vocería tras la etapa de Manuel Adorni—, terminó por admitir abiertamente que una corrección en el tipo de cambio no solo es factible, sino que el valor de la divisa podría alcanzar los $ 1700 o 1800 en el corto plazo.
La declaración del funcionario en un medio de streaming afín al Gobierno intentó matizar el impacto al calificar la hipotética devaluación como una «corrección mínima» que no hundiría los ingresos. Sin embargo, la sola mención de un salto de esa magnitud enciende las alarmas de la economía real: el atraso cambiario ha sido, junto con el congelamiento salarial y la recesión, la herramienta central utilizada por la Casa Rosada para contener los índices de inflación a costa del consumo y la actividad productiva.
"El dólar no se va a cuadruplicar. Ahora, que suba a 1800 PESOS en los PRÓXIMOS MESES es una posibilidad"
— Arrepentidos de Milei (@ArrepentidosLLA) July 24, 2026
El Vocero de Milei dice que el dólar a 1500 está REGALADO. Comprá campeón, te diría Toto pic.twitter.com/RXAXz1MKmA
El sinceramiento de Ravier no hace más que alinear el discurso del Poder Ejecutivo con lo que los analistas y operadores financieros ya daban por descontado. Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica el Banco Central, las principales consultoras de la City proyectan un dólar rondando los $ 1700 para fin de año, impulsado por la desaceleración en la liquidación de divisas tras el cierre del período fuerte de la cosecha gruesa.
El eventual ajuste cambiario proyecta un horizonte sumamente complejo para los sectores populares y las pymes. Aunque el desplome de las ventas y el freno de la actividad económica actúan como un tope relativo para el traslado inmediato a precios, un salto en la cotización del dólar profundizaría la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados y aceleraría la persiana definitiva para comercios e industrias acorraladas por la caída de las ventas.
Frente a este escenario, la respuesta del equipo económico amenaza con ser más de lo mismo: profundizar el ajuste fiscal y monetario para contener las presiones cambiarias. La admisión del vocero expone las contradicciones de una estrategia que, tras licuar ingresos, empleos y liquidez, vuelve a recurrir a la amenaza devaluatoria para sostener un modelo que muestra signos crecientes de agotamiento.