Es notable lo cerca que, a veces, está la gloria del colapso. Tal es, por cierto, la gran enseñanza que dejó el último campeonato de la FIFA en lo que se refiere a la Selección Nacional.
Ya en su debut contra Argelia, los tres goles de Leonel Messi cimentaron una fe que movería montañas. Y días después, los dos “pepinos” (también de su autoría) contra Austria, consolidarían la certeza de la invencibilidad albiceleste.
Un triunfalismo contagioso, tal como, por ejemplo, supo demostrarlo el insólito fanatismo que la Scaloneta despertaba entre la afición futbolera de Bangladesh, mientras que en las canchas norteamericanas, desbordadas de compatriotas, el equipo de la AFA parecía jugar de local. Sus rivales sólo debían meter el primer tanto para así firmar su condena, porque las remontadas argentinas pondrían las cosas en su lugar. Y la victoria ante Inglaterra, con la bandera malvinera de por medio, fue el summum del asunto.
De modo que la final contra España sólo sería un trámite.
Pero ya se sabe que algo falló. Y a las 19:50 (hora local) del 19 de julio, un zurdazo de Ferrán Torres fusilaría el arco de “Dibu” Martínez. Aquella tardía alteración del marcador cayó aquí con el mismo peso que una gigantesca roca en el océano.
Desde ese instante empezaron a suceder ciertas rarezas. Como, por caso, una apurada intervención en X (antes Twitter) del troll libertario Daniel Parisini (a) “Gordo Dan”, de sólo cinco palabras: “(Claudio) Tapia arrestado en Estados Unidos”. Una fake sobre el titular de la AFA que terminó redondeada por Jonatan Viale en su programa radial con detalles de color no menos imaginarios. Es decir, un embuste a cuatro manos. Sin embargo, no fue el único.
En paralelo, se viralizaba un video filmado a hurtadillas en el vestuario argentino antes de salir a la cancha. Allí, muy serio, a Messi se lo oye arengar al equipo con la siguiente frase: “Pensemos en jugar nomás”.
Hubo quienes percibieron resignación en su tono.
Pues bien, eso bastó para que circularan versiones sobre una interna entre los jugadores o algún “arreglo” para dejarse ganar.
Por supuesto que las derrotas no suelen ser un recurso para lograr elogios. De manera que algunas injurias expresadas a través de las redes sociales por personajes del star system internacional hacia el país de la selección derrotada, junto a escaramuzas en España contra argentinos, desembocaron en la denuncia sobre una “Campaña Antiargentina en el Exterior”. Una lástima que esa carátula ya fuera utilizada en el pasado con idénticos vocablos; específicamente, durante la última dictadura. Y frente a otro Mundial, el de 1978.
Bien vale echar un vistazo a tamaña coincidencia.

Hace ya 48 años, aquella misma expresión fue el justificativo para que la Junta Militar que gobernaba al país lanzara una enorme y costosa “opereta” de propaganda y contrainformación de carácter goebbeliano para así embellecer la imagen argentina más allá de sus fronteras, ante las denuncias realizadas por los organismos de DD HH y la prensa internacional.
Esta cuestión había quedado en manos del Estado Mayor Conjunto y de la Secretaría de Información Pública (SIP). Desde luego que, en vista de la poca expertise castrense en la materia, terminaron por contratar a los creativos de la agencia Burson-Marsteller con tal finalidad.
Así nació la consigna “Los argentinos somos derechos y humanos”, junto con folletos, libros y solicitadas en medios internacionales, sin otros argumentos que negar la existencia del terrorismo de Estado con el latiguillo de que “sólo hubo excesos aislados en el marco de una guerra contra la subversión”. También se difundían fotografías de fábricas humeantes y de algún matrimonio argentino tomando mate en una plaza mientras sus hijos juegan al amparo del orden.
A cambio de ello, los uniformados pagaron millones de dólares, pero al divino botón, puesto que sus atrocidades fueron imposibles de ocultar.
Ahora, el gobierno de Javier Milei apela a otra “Campaña Antiargentina en el Exterior”, por iniciativa de su libretista ideológico, Agustín Laje.

¿Acaso es un homenaje a esa vieja experiencia publicitaria?
“El kirchnerismo –según sus dichos– ha sido una pieza fundamental de la campaña antiargentina. Porque validaron al wokismo que ahora nos acusa de racistas (…) Ellos fomentaron el odio contra Messi, alimentando desde la propia Argentina la gran mentira de que la selección triunfaba gracias a los árbitros y el favoritismo de la FIFA”.
Claro que ni vale la pena refutar a ese sujeto, pero sí reparar en él.
Fue en enero de 2025 cuando Milei le anunció al mundo, desde el Foro de Davos, su epopeya contra lo que él denomina “ideología woke”, una desviación de la cultura contemporánea que –según él– sacraliza a las personas trans (“que violan en las cárceles a otros presos”), a los matrimonios gay (“que incurren en relaciones pedófilas con sus hijos adoptivos”), a los migrantes (“que cometen toda clase de acciones horrorosas contra la gente”) y a la mujeres (“que, con la excusa del feminismo, pretenden privilegios sobre los hombres”).
Ya entonces, trascendía –desde fuentes oficiales– que su discurso había sido redactado por su escriba de cabecera: el bueno de Laje.
El dato sonaba verosímil, ya que los tópicos expuestos coincidían con la cosmovisión que él, a los 38 años, repite sin variaciones desde su adolescencia hasta la actualidad.
Es que este precoz adorador de la última dictadura abandonó la carrera de Ingeniería en Sistemas y obtuvo una beca de la Universidad Nacional de Defensa, en los Estados Unidos, para estudiar Tácticas de Contraterrorismo. A continuación cursó Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba. Ya recibido, escribió algunos libros que giran en torno a una misma hipótesis: la sobrevivencia de las ideas comunistas después de caer el Muro de Berlín, con la aparición de lo que él denomina “marxismo cultural” y sus criaturas más peligrosas: la “tercera ola del feminismo” y su “ideología de género”. Milei lo considera el timonel de la doctrina libertaria.
Quizás sea una broma de Dios que semejante lunático alcanzara el rango de comisario político del pensamiento liberal. Y que fuera una bendición para él que artistas como Samuel L. Jackson calificaran a la Argentina en sus posteos como “el país más racista del mundo”.
Ya han corrido ríos de tinta para desmentir eso.
No obstante, en esa formulación hay simplemente un error de concepto. Porque la población argentina no es –mayoritariamente– racista, aunque Milei sí lo sea, al igual que sus colaboradores y adláteres.
Es más, ellos no son ajenos a esta “campaña antiargentina”. Tanto es así que sus posteos en X lo indican a las claras.
Como uno del inefable Santiago Caputo (después de la derrota de Brasil ante Noruega); a saber: “Que piedra se volvió ser negro. Es culpa de Hollywood. Las advertencias fueron debidamente presentadas”.

O como otro de la vicegobernadora mendocina, Hebe Casado, quien tuvo la ocurrencia de tildar a la selección francesa de “equipo africano”, aludiendo al número de sus jugadores que no son de la denominada “raza blanca”.
Lo cierto es que la cantidad de “humoradas” similares es inabarcable. Tan inabarcable como los idiotas con poder. Un maldito signo del presente. «