Matías Manna siempre jugó de mediocampista central. De 5. Durante todas las inferiores en el Club Bochófilo Bochazo de San Vicente –al sur de la santafesina Rafaela– fue capitán (en 2005 alcanzó la Primera y jugó en la Liga Rafaelina). “Y a los 14, 15 años, ya tenía mi primer trabajo de entrenador: hacía entrenamientos para los más chiquitos mientras jugaba”. De ahí que Manna –42 años, entrenador asistente de Lionel Scaloni en la selección, analista de partidos– haya escrito en El tiempo de los árboles (2024): “El mediocentro debe ser una luna en medio de las estrellas. No quiere brillar como ellas, pero sin la luz de esa luna, no se podrían ver”.
Manna irá en Estados Unidos, México y Canadá 2026 por su quinto Mundial consecutivo después de trabajar en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 (Chile) y en Rusia 2018 y Qatar 2022 (Argentina). De chico, en San Vicente, vio “cinco mil veces” la grabación en un VHS del Brasil 4-Italia 1 de la final de México 1970, su “partido favorito”, mientras su madre profesora de inglés daba clases y su padre trabajaba como empleado bancario. En el minuto 69 de la final Argentina-Francia en Qatar, recordó el video del Brasil 70 en la altura del Lusail. “Me fui un poquito del partido. Era muy parecido a lo que estaba pasando. Hasta me emocioné un poco. Pero duró 30 segundos, porque Francia hizo el 2-1 y enseguida el 2-2. Eso es el fútbol. Más allá de la anécdota, encuentro muchas similitudes con el juego de Argentina: cuanto mejores mediocampistas haya, va a jugar mejor”. En la era Scaloni, destaca el Argentina 3-Uruguay 0 en 2021 y el Argentina 4-Brasil 1 en 2025, con “cinco N° 10, mismo resultado de aquel Brasil 70, pero al revés”. Ese, entonces, pasó a ser su favorito.
–¿Qué brotó a partir de El tiempo de los árboles?
–Con la venta del libro se plantaron árboles en mi ciudad. El libro es leído por parejas de futbolistas y de deportistas. Creo que se entienden muy bien temas relacionados a la distancia, viajes, concentraciones, a la soledad. Y pasó a ser referencia para el juego relacional (el personaje del brasileño Douglas Gerson, acostumbrado a jugar en la playa de Río de Janeiro, va a la Europa posicional y lo hacen jugar únicamente bien pegado a la banda), para el fútbol femenino (Alma Segato, inspirado en la antropóloga argentina Rita Segato, termina atajando en la final) y, también, para entrenadores y analistas en la relación entre jugador y entrenador. Todo es una ficción, pero pone interrogantes y miradas en las tensiones del fútbol “moderno” versus el fútbol “antiguo” y en los vínculos humanos actuales.

–¿Qué te dice que el Mundial se juegue sobre todo en Estados Unidos? ¿Cómo influirán los cambios de reglas, como el parate obligatorio llamado “pausa de hidratación”?
–Es el primer Mundial donde se jugarán partidos con cuatro cuartos, no con dos tiempos como el fútbol habitual. Tendremos primer, segundo, tercer y cuarto cuarto, como en la NBA y la NFL. El césped y el calor serán determinantes.
–¿Qué selecciones mirás porque te interesan qué aspectos del juego y de qué jugadores?
–Argentina y Brasil siempre son las mejores en cualquier Mundial. Quiero ver a Colombia cómo empieza el torneo en México. Europa es todavía Europa porque tiene en el centro del campo a Frenkie de Jong (Países Bajos), a Vitinha con Bernardo Silva (Portugal), a Pedri (España) y a Luka Modrić (Croacia). Japón siempre junta a muchos N° 10 por encima de otras cosas; eso me gusta. El sector centroizquierda de Ecuador es muy bueno (Piero Hincapié, Pervis Estupiñán, Pedro Vite, Moisés Caicedo). “Sumaq kawsay”. Nigeria en la Copa África tuvo un juego simple: 4-3-1-2, dos laterales que pasan, dos delanteros, un 5, un enganche. Pero, una lástima, no la tendremos en el Mundial. Egipto (con un 5-3-2 con Mohamed Salah y Omar Marmoush arriba) o Costa de Marfil (Yan Diomande con Amad Diallo y Evann Guessand) juegan a otra cosa, con un gran contraataque. Las tres selecciones que más crecieron en los últimos diez años son Estados Unidos (United States), Japón y Ecuador, junto a Marruecos y Arabia Saudita. Utilizo un acrónimo para nombrarlos: “UJEMA”. Se parece a “ujamaa”, término africano de cooperación que me gusta utilizar en algunos equipos. Se puede reducir a “yo estoy bien si nosotros estamos bien”.
–¿Qué tendencia veremos en el Mundial 2026 en relación a lo que vimos en Qatar?
–Es mi quinto Mundial que voy a mirar de cerca, y creo que vamos a ver un fútbol distinto al de la Premier League. Hoy casi todos los equipos juegan a lo mismo, imitan a dos o tres entrenadores. Todos iguales. Pasaba lo mismo en 2004, cuando comenzó el blog “Paradigma Guardiola”, mientras Pep todavía era jugador: surgió para llamar a otra forma de jugar (Johan Cruyff), con extremos bien abiertos. Ahora es al revés. Todos fueron hacia lo posicional, y ahora las defensas ya encontraron las claves. Habrá que intentar jugar haciendo algunos cambios. El juego pasó a ser algo muy repetitivo, estándar y homogéneo. Fuimos todos para el mismo lado. Tener tu propia identidad, juego, cultura y respetar tu territorio marca una diferencia, y el fútbol argentino lo puede hacer.
Manna, quien dicta el curso “Asistente táctico. Del análisis al entrenamiento para el juego” en la Escuela Maradona Menotti, conserva un ritual con Pablo Aimar –asistente de Scaloni– antes de que lleguen los futbolistas para el inicio de los entrenamientos de la selección: le pide a Aimar que ensaye un golazo de tiro libre en River ante Flamengo en el Monumental por la Mercosur 2000. Manna lo imitaba en el arco que formaban dos árboles enfrente de su casa en San Vicente. Una caminata tempranera con Aimar por Bilbao, previa a la Finalissima 2022 en Londres, en la que buscaba una revista Panenka, germinó en el libro El tiempo de los árboles: traía dos semillas para plantar, para que con el tiempo pudieran ser palos de un arco (Ariel Burano, personaje de Saber perder, novela de David Trueba, se inspira en Aimar y se traslada a su libro como el N° 10).
Matías Manna: “Europa compra a los jugadores, ellos escriben libros sobre táctica, y nosotros compramos esos libros y tratamos de imitar algunas modas que vienen desde allá. Es muy distinto entrenar a un jugador en Sudamérica que en Europa. Muchas veces pasa: los ejercicios son… pic.twitter.com/UDDMy1ZUQI
— Roberto Parrottino (@rparrottino) January 6, 2025
–¿Qué es “la nuestra”? ¿Por qué 1973 fue un punto de inflexión en el fútbol sudamericano?
–“La nuestra” es el pase corto, la creatividad de los buenos, juntarse a tocar la pelota, el toque argentino, no imitar un modelo europeo. No es otra cosa. Es eso. “La nuestra” siempre fue no copiar el juego físico inglés. Cuando llegó el fútbol desde los barcos ingleses, ellos pusieron los nombres de los clubes, pero nosotros les empezamos a decir insai o centrojás a las posiciones que habían nombrado. Su juego era parecido al rugby y acá lo hicimos de otra forma. No pudieron con nuestra manera de entenderlo, de jugarlo, con nuestra canción: pase corto, gambeta, juego creativo asociado. Los libros de Eduardo P. Archetti y de Pablo Alabarces lo narran. Fue así hasta 1958. (Guillermo) Stábile no quería imitar el juego “europeo, científico”, pero con las derrotas aparecieron esas propuestas. Por eso el 73 es importante. (César Luis) Menotti pudo ganar fuerza y moral con el Huracán de (Carlos) Babington, de (Alfio) Basile. Hay un retorno al fútbol de toque y su llegada a la selección reestructura nuestro fútbol. El legado de Menotti es entender al mediocampo no como un lugar de tránsito sino donde se define un equipo. Poner mucha gente en el mediocampo para tener el control de los partidos, pase corto (Osvaldo Ardiles). Lo mismo ocurre post Rusia 2018. Cuando todo iba hacia el juego vertical, de transiciones, hacia el juego de Francia, Argentina tomó el camino de “la nuestra” y ganó ante esa misma Francia en Qatar 2022. Entrar a esa final con línea de cuatro para agregar a (Ángel) Di María y no con línea de cinco fue la decisión más importante en la historia de “la nuestra”, junto con lo pasó en la era Menotti.
–¿Cómo recambiaron las selecciones argentinas?
–Argentina debe continuar en este camino. Hace ochos años que miro entrenamientos en el Predio Messi, y se escucha más la pelota y los pases que los gritos alocados de los entrenadores. El estilo argentino se basa más en la creatividad de los buenos que en gritarles qué hacer. No hay ejercicios con líneas y estacas, o algo muy rígido. En todos los torneos (juveniles y absoluta), Argentina siempre va por la pelota, la tiene, con cuatro defensores y juntando varios creativos. Eso no se tiene que perder nunca. Ojalá que dentro de 15 años Argentina siga jugando de esa manera. Las reuniones con los jugadores donde se pasan videos son simples, cortas, concretas, mirando más a nuestro equipo que al rival con un análisis integrado a esa idea de juego. Si la Federación Alemana de Fútbol estuviera así harían documentales enseñando su método. En el Predio Messi eso pasa de manera natural: todos conocemos a los chicos de la Sub 15, la Sub 17, hay diálogo, un proceso. Es espectacular.
Matías Manna: “Al final, el fútbol es irrepetible. En un juego eso no se tiene que perder, sino (los jugadores) van a pasar a ser robots y está muy mal. Hay un estándar, muy homogéneo. Las nuevas tecnologías llevaron a eso. Se entrena igual en Rosario, China y Finlandia.… pic.twitter.com/l8tHerMEwt
— Roberto Parrottino (@rparrottino) April 16, 2025
–¿Por qué compraste Argelia 60, del sociólogo francés Pierre Bourdieu, apenas finalizado el sorteo de los grupos del Mundial (Argentina debutará ante Argelia el 16 de junio, en el J, que comparte con Austria y Jordania)?
–Es sobre cómo la colonización francesa modificó la vida social en Argelia, especialmente en poblaciones rurales. Se ve la relación entre economía y percepción del tiempo. Tuvieron que organizar el tiempo de forma distinta. Antes estaban ligados a lo natural (lluvias, cosechas), y no lo medían con reloj; todo era en un ritmo colectivo y comunitario y la economía era de subsistencia sin planificación. Cambió la forma de vivir el tiempo. Se formaron más ciudades, cambió la vida y el país en medio de la guerra de independencia de Argelia en la década del 60. Lo tenía pendiente de comprar porque tras la crisis de 2001 hice un trabajo con la doctora Andrea Delfino, doctora en Ciencia Política, por todo Rosario, en barrios populares en relación al uso del tiempo en el programa “Jefas y Jefes de Hogar Desocupados”. Fui a cada barrio de Rosario, merenderos, huertas cooperativas, a ver y a analizar cómo era esa economía popular. Bourdieu hizo esa investigación cuando fue a Argelia. Lo relacioné con lo del sorteo, pero no tiene que ver con el fútbol directamente.