El gobierno intenta despejar el camino para tener más chances de conseguir la reelección en 2027 y así avanzar con las reformas que piden los organismos de crédito y el capital más concentrado, tanto internacional como local.

Se trata de convencer a los mercados de que de aquí a las presidenciales no faltarán recursos para el repago de la deuda pública. La idea de los funcionarios del Ejecutivo es sostener que la incertidumbre no viene desde lo económico: en todo caso estaría en “la política”, es decir, en la consolidación de una fuerza que capitalice el descontento y que tenga chances reales de modificar el actual modelo.

En este marco, las autoridades económicas presentaron el Programa Financiero para 2026-2027, donde “se ratifica que la Argentina continuará honrando todas sus obligaciones, sin aumentar el endeudamiento neto, y con una estrategia conducente a la consolidación del orden macroeconómico y la mejora sostenida de todas las métricas financieras”. Métricas elaboradas por las propias calificadoras de riesgo.

Respecto del argumento de que este gobierno no ha aumentado el endeudamiento, ¿cómo considerar, para dar un ejemplo, los fondos que ingresaron por el acuerdo que se firmó con el FMI en abril de 2025? El discurso no se condice con la realidad.

Se mencionó como “objetivo estratégico” que Argentina alcance el grado de inversión “al final de un eventual segundo mandato”, como expresó el ministro de Economía, Luis Caputo, en la presentación del Programa Financiero.

El objetivo de alcanzar el “grado de inversión” deja en evidencia cómo la política económica está subordinada a los intereses de los organismos y de los grandes bancos de inversión, que siguen diciendo qué está bien y qué no, en términos de política económica.

La actual administración también trata de generarles confianza a los mercados por la vía fiscal, garantizando que podrá conseguir los excedentes para el repago de los intereses de la deuda.

En este contexto, la motosierra avanza. En el acumulado a mayo de este año, los gastos primarios cayeron en términos reales un 2,2% respecto a igual período de 2025. Las reducciones más importantes se dieron en Otros Programas Sociales excluyendo AUH (-24,6%), Gastos de Funcionamiento (-9,5%) y Transferencias Corrientes a Provincias (-41,8%). Mientras tanto, el Gasto de Capital ha sido reducido a su mínima expresión, registrando una nueva baja real (-8,2%), con caídas adicionales en Educación (-94,9%) y Energía (-21,9%).

Por si fuera poco ajuste el realizado, el Presidente acaba de mencionar su intención de implementar un mecanismo de cierre (shutdown) del Estado, como ocurre en Estados Unidos cuando el Congreso no  logra aprobar una extensión al presupuesto del gobierno. Cabe recordar que en el país del norte los cierres han implicado en los hechos la suspensión de actividades no esenciales y la licencia sin goce de sueldo de miles de trabajadores.

Además, de haber estado en vigencia este mecanismo en nuestro país, ¿qué hubiera sucedido este año, cuando el Presupuesto, elaborado por el Poder Ejecutivo y aprobado por el Legislativo, consideraba como parámetro para gastos e ingresos una inflación del 10,1% para todo 2026? Esa previsión fue ampliamente superada por las estimaciones “del mercado” que la sitúan en el 30%. En Argentina pareciera que la idea está más enfocada en la intención de Javier Milei de destruir el Estado, algo que no se plantea en Estados Unidos, ni en la Unión Europea, donde mantiene un rol bastante activo.

¿Y la economía real?

Los “equilibrios macroeconómicos” tienen que ser evaluados de manera global y no sólo por la obtención de excedentes fiscales o del comercio exterior. Deben analizarse también a la luz de la evolución de la actividad económica y de su impacto en el tejido social.

Por ejemplo, las compras netas de billetes y divisas por parte de las personas humanas en el acumulado del año (a mayo) llegaron a casi U$S 13 mil millones, el 85% de las divisas que ingresan por el intercambio de bienes en idéntico período. Es una demostración de cómo los dólares que entran “por una puerta” salen “por la otra”, en un contexto de eliminación de prácticamente todos los controles de salida de capitales.

El resultado comercial a su vez está siendo influido por la reducción de las importaciones, provocada por la debilidad del consumo y por la disminución de las compras externas de bienes de capital, producto de la crisis que sufre la industria.

En particular, la inversión en el primer trimestre de 2026, de acuerdo al Indec, cayó un 11,6% interanual. Para la Consultora O.J. Ferreres, responde a una tendencia producida durante este gobierno, ya que el promedio mensual de la inversión durante la actual gestión es más bajo que los registros de administraciones anteriores.

La gran apuesta del Ejecutivo en materia de Inversión Externa Directa pasa por el RIGI. Pero incluso en el mejor de los escenarios en los próximos dos años ingresarían aportes estimados, según Ferreres, en U$S 8 mil millones. Una cifra muy inferior a la del total de proyectos ya aprobados hasta el momento.

También hay que tener en cuenta que las inversiones promocionadas en el marco del RIGI no son precisamente empleo intensivas. Respecto de América Latina, la CEPAL afirmó en un informe que “el aumento de los megaproyectos en sectores intensivos en capital ha tenido como consecuencia la reducción gradual del impacto de los proyectos anunciados en la creación de empleo”. En el texto también se señala que entre los sectores que recientemente han generado el interés de los inversionistas y que requieren poca mano de obra se encuentran las energías renovables, que crean 0,26 puestos de trabajo por cada millón de dólares de inversión, semiconductores (0,5) y carbón, petróleo y gas (0,35).

En contraposición, siguiendo con la CEPAL, “ha disminuido el peso relativo de los sectores con mayor generación de empleo. En la industria textil, donde se estima que se generarían 8,6 puestos de trabajo por cada millón de dólares de los anuncios de inversión, el monto de los mismos disminuyó un 33% entre 2020 y 2025 en comparación con la década de 2010”. En el sector automotor, donde se generarían 3,9 puestos de trabajo por cada millón de dólares, las inversiones proyectadas disminuyeron un 18% en igual período.

La reconfiguración productiva que persigue el actual gobierno es también del empleo y de los ingresos. Con la apertura de las importaciones, a muchas empresas les resultaría más rentable traer el producto terminado desde el exterior en vez de producirlo fronteras adentro. Sin embargo, este accionar genera menos puestos de trabajo y afecta negativamente los ingresos de los trabajadores.

Estamos en presencia de un modelo en el que el ajuste fiscal y el deterioro de las condiciones de vida de los argentinos y las argentinas seguramente continuarán.

Es imperioso construir una alternativa que deje de priorizar la obtención del “grado de inversión” y que apunte al fortalecimiento del mercado interno, de la producción y el empleo locales, y al desarrollo de un proyecto soberano . «