Hace unos días lo escuché a Messi reflexionar sobre su penal errado ante Egipto. Me puse a pensar, humildemente, en cómo debería resolver la cuestión si llegaba otro penal anoche ante Suiza. ¿A qué palo debería patear Lionel esta vez? ¿Insistir, cambiando o cruzándola como en penales que no falló? Cuántas dudas, ¿no? Se parece al voto: “Me fui con Milei y me fue muy mal, pero al anterior no lo quiero. Sin embargo, la verdad estaba mucho mejor. Voy a la izquierda, entonces. ¿Justo ahora, cuando pueden mejorar las cosas de la derecha? Pero trabajo no dan, salario tampoco. Voy a la izquierda, pero ¿cómo gobernar con lo que les dejan?”.

El voto, mientras cae en la urna, es igual que los penales mientras viaja la pelota. Hay un destino desconocido. Dicen que los de antes robaban, ¿pero qué es esto de ahora? De lo que pasó no tuve pruebas: ahora lo aprecié con mis propios ojos. Tomo carrera, me quedan unos cuantos pasos aún. Voto pensando o con la rabia de haber fallado. Si Milei es el arquero, apelará a lo que sea para detener al opositor, por caso, cuanto troll tenga a mano para decir que el peronismo quiere que la Selección pierda… Así, el éxito final lo ubicaría a él también en otra vuelta olímpica. Festejo en la Rosada para celebrar un lowfare que impulsa los sentimientos más abyectos para promover el odio que tan buen resultado le da siempre y pasearse en triunfo como si hubiera jugado.

Claro, debería contar con la complicidad de los campeones para que estuvieran con él a diferencia de lo que ocurrió con Alberto Fernández. Pero todo puede esperarse de los psicópatas. Si fue capaz de ponerse a la altura de San Martín y el cruce de los Andes con su miserable ajuste fiscal. Si es capaz de elevarse a la condición de héroe y creérselo, ¿qué le impide intentar la patraña de los antihéroes que no quieren que gane Argentina?

Detengámonos un instante, justamente, en el Día de la Independencia, que se inviste del alto carácter de nación libre e independiente. Para el Congreso de Tucumán fue voluntad unánime e indubitable de esas provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España y de toda otra dominación extranjera. También que «era universal y constante el clamor del territorio entero por la emancipación, investirse del alto carácter de una nación libre y soberana», que tiene profunda urgencia geopolítica de supervivencia y asume de manera racional, madura y soberana la capacidad de regir su propio destino.»

¿Puede Milei en nombre de los conservadores que también integraban el Congreso de Tucumán, y los de ahora, decir esas palabras? El mar, el puerto de Ushuaia, el oro, los tribunales, el Rigi, el Superrigi, la libertad de negociar con quien se quiera, el industricidio, la pobreza, el desempleo. Están perdidos, están entregados a la potencia dominante.

¿Es el hombre indicado para el discurso de libertad e independencia? La fragata Libertad en Hudson, el Día de la Independencia de EE UU en la fiesta con drones coloridos; la presencia en la embajada como el primer presidente que allí estuvo un 4 de julio; sumisión a EE UU en términos económicos y políticos; la decisión de sus votos en la ONU: el banderazo en Rosario con la bandera yanqui en el monumento elegido para la enseña nacional.

¿Un grito soberano? En el papelón de la madrugada del 9 de julio se comparó con los patriotas de 1816. ¿Él, la hermana, su entorno, sus ministros, iguales a los patriotas de 1816 en el reparto de dignidades autoconferidas y desmentidas? Cipayos que protagonizan la dependencia.

Si pudiera medirse el independentismo de una nación, sería difícil  hallar etapas de más bajo índice que el presente en tiempos de democracia.

Y en tren de atajar penales, el presidente, impertérrito, debió atajar el que remató el arzobispo Jorge García Cuerva. Un penal anunciado. La Rosada es una cueva de corrupción: están los que roban para volverse ricos y los que siendo muy ricos roban cada día más. Hablo de los empresarios, por ejemplo, de los que ahora se quedan también con parte del negocio de las Cataratas. Es increíble. Todos los días, a cada rato, un negociado, y otro y otro más. Todos escandalosos.

El obispo advirtió que sus reflexiones estuvieron dirigidas a todos los sectores de la Argentina. Pero no todos los sectores son los verdaderos destinatarios: se debe enfatizar en los que hacen el mayor daño. La Iglesia, que mejoró tanto gracias a Francisco y que tiene un buen arzobispo en García Cuerva, igual es una Iglesia a la que le cuesta mucho ir contra los ricos y lo que está pasando en la Argentina. Milei está porque los ricos lo quieren: son los que dominan absolutamente todas las claves para determinar cuál es el gobierno y cuáles son los negocios. Impresiona lo que hacen. La transferencia de recursos a esas clases es inmoral.

Siempre me pareció que los temas de la corrupción, un millón de dólares, póngale 5 millones… para Adorni o para cada uno de los integrantes de LLA, unos ladrones casi cómicos, que dejan las huellas en todos lados, se denuncian entre ellos, lo cuentan. ¿Incide verdaderamente en la vida de la gente? No. La corrupción es un caballito de batalla que usan como pantalla del verdadero robo de los que consiguen el dinero cuándo quieren y cuánto quieren. Son a los que hay que denunciar. Si la Iglesia quiere jugar con la fortaleza moral que evidentemente tiene García Cuerva, por ejemplo, o la que tuvo Francisco, tiene que apuntar un poco más alto.

La corrupción es nada, digámoslo de una vez: es una vergüenza, una inmoralidad, una pena, una tristeza. Pero el problema es el robo tremendo que le hacen a la Argentina: desde afuera, con los buitres o el FMI y desde adentro, los que se quedan con todo. A ellos no les importa cruzarse en el camino de una victoria limpia. Van por lo que lo sea al punto de ser campeones.

Por todo eso, no podemos dejar la vida en pausa. Decidamos nosotros cómo patear el próximo penal. El que abandona no tiene premio, como decía el Indio. «