Es probable que cualquier argentino que se pueda permitir viajar desde su verano al invierno español decida también acudir a un partido de La Liga. Ya en el estadio elegido, resulta posible que se encuentre también a chavales detrás del arco entonando cantitos originales de las canchas de donde procede. Desde hace 30 años, cuando se empezaron a televisar en España los entonces potentes torneos de la AFA, esa forma de apoyo al equipo se hizo tremendamente popular. Sin embargo, el visitante argentino se topará con más dificultades para que esos hinchas vean en el césped a un futbolista de su país, el campeón del mundo.
Buena parte de los nombres más gloriosos del fútbol argentino pasaron por La Liga. Ahí están los gigantescos éxitos de Di Stéfano, Kempes o Messi, también la etapa de Maradona en el Barcelona, que a base de vídeos de youtube se va revalorizando cada vez más. Italia y España son tradicionalmente el destino que mejor se ajusta al jugador de la Argentina, circunstancia que remite también a un provechoso diálogo con la propia historia del país. Pero eso parece cambiar. En La Liga se intuye cierta desvalorización.
La nostalgia de Messi resulta contagiosa. No afectó solo al Barça -que no empezó a superarla hasta la aparición de Lamine Yamal- sino a toda la competición. Pero la importancia argentina en los torneos españoles viene de mucho antes. Un repaso indica que en la primera campaña completa del rosarino en el Barcelona (2005/2006) había 45 jugadores argentinos en Primera. Veinte años después, con la tercera estrella en vigor, son casi la mitad, 24. Pero la cuestión más que cuantitativa parece cualitativa. No hay argentinos en el Barcelona. Y solo uno en el Real Madrid.
Uno de los periodistas más seguidos de la radio deportiva española, Paco González, de la Cadena Cope, opinó la pasada semana sobre el desempeño de Franco Mastantuono desde su llegada al Bernabéu. “Es una bakalá infame”, dijo. Bakalá viene a ser un neologismo que se podría traducir como “estrella trucha”. La joya salida de River apenas ha mostrado su calidad en medio año con la camiseta blanca. Y los 70 millones de dólares pagados por el traspaso empiezan a pesar cada vez más. Así, Mastantuono lucha por igualar el impacto que tuvo la principal inspiración de su fichaje, Gonzalo Higuaín, que llegó al club en 2007 también desde Núñez apenas convertirse en mayor de edad, pero firmó un notable estreno demostrando potencial inmediato. El último partido en Champions del exdelantero de River -un 6-1 al Mónaco, el martes, donde marcó un gol- simboliza esa necesidad: “No tuve mis mejores seis meses, ni cerca de lo que puedo ser, pero voy a por mi mejor versión”, señaló.

Sin cambiar de ciudad surge la única colonia argentina como tal en La Liga, la del Atlético de Madrid. De los solo 12 jugadores seleccionables por la albiceleste que fueron titulares en la última fecha, tres eran del Atlético de Madrid: Thiago Almada, Julián Álvarez y Giovanni Simeone, hijo del DT, que se acompañó en el banco por Nahuel Molina y Juan Musso, ya que Nico González está lesionado. No obstante, el equipo rojiblanco muestra síntomas de agotamiento que apuntan directamente al bajo rendimiento este curso de La Araña, muy lejos de la sensacional versión que ofreció la campaña anterior. Su pobre actuación este miércoles contra Galatasaray en Liga de Campeones (1-1) agranda ese discurso. Según Miguel Quintana, periodista de Radio Marca: “Si el crack no decide y el entrenador no soluciona, será una temporada frustrante”. Cita a dos argentinos, pero tampoco destaca Almada en su año de debut. Y las responsabilidades se dirigen, sobre todo, al entrenador, un Diego Simeone al que, a pesar de su condición de símbolo del club, se le empieza a acusar. La sensación de desgaste se extiende con el Atlético en cuarta posición, por debajo del Villarreal.
Precisamente es en Villarreal donde milita uno de los pocos argentinos de alta consideración que quedan en La Liga, Juan Foyth, que sobrevive en un Villarreal donde antes destacaron juntos Riquelme, Palermo o Sorín. Porque ahí surge otro indicio de esa pérdida de acento en el fútbol español: su escaso peso en equipos del segundo escalón, dónde antes eran referencia absoluta. En la actualidad, además de Foyth, apenas Lo Celso alcanza ese valor en el Betis. Son apreciables también los desempeños de Gazzaniga y Batalla en los arcos de Girona y Rayo Vallecano, respectivamente. Y no mucho más. Boyé lleva cuatro goles en el Alavés y Beltrán pena por Valencia, con más ganas de repatriarse que otra cosa.
Esta situación contrasta con la comparación histórica. Volviendo a la primera temporada completa de Messi en el Barça, hace veinte años, encontramos un auténtico despliegue de figuras argentinas por todos los principales equipos españoles. Entonces, incluso fuera de los más grandes o del citado Villarreal, el Zaragoza contaba con los dos hermanos Milito y Leo Ponzio; Saviola jugaba en el Sevilla; Zabaleta y Pochettino en el Espanyol; Gustavo López y Placente en el Celta; Aimar en el Valencia o Coloccini, Duscher y Scaloni en el Deportivo La Coruña.
La Liga pierde calidad
Son muchos los factores que aspiran a explicar este fenómeno. Obviamente, no parece que el talento futbolístico del jugador argentino se haya secado. También aparece el factor de los intereses monetarios de bolsillo ansioso, propios del turbocapitalismo, con futbolistas que de la mano de sus representantes dan el salto a Europa demasiado jóvenes, quizás a medio hornear, con los casos riverplatenses de Mastantuono y Echeverri a la cabeza, pero que también afectan, por ejemplo, a Valentín Barco desde Boca. O, simplemente, en el caso concreto de las figuras argentinas en España, se trata de un efecto más de la pérdida de calidad de La Liga.
Hubo años en el que el español se situó como el fútbol de clubes más importante del mundo. Pero desde aquellos duelos en la cumbre de hace dos o tres lustros entre Messi y Cristiano, su caída resulta evidente. Muchas responsabilidades del declive pertenecen a la gestión del presidente de LaLiga, el polémico Javier Tebas, que patrocina un modelo más parecido al de Portugal que al de la Premier inglesa, que camina victoriosa hacia su conversión en una especie de NBA del fútbol europeo. En la presente Champions se han disputado ocho partidos entre clubes españoles e ingleses. Siete acabaron con triunfo británico. Asoma un abismo donde antes unas zancadas.
Y es precisamente en la Premier donde mejor brillan futbolistas argentinos de élite, toda una novedad histórica, al borde de lo antinatural. Pero allí, entre otros, destacan Enzo Fernández (Chelsea), Alexis McAllister (Liverpool), Dibu Martínez y Emi Buendía (Aston Villa), Cuti Romero (Tottenham) o Lisandro Martínez (Manchester United). Nada que ver con aquella pionera aventura de Ardiles y Villa con los Spurs en los duros años 80.
Es en Inglaterra donde el futbolista argentino puede ahora encontrarse con una cultura de fútbol aún resistente, en parte, a la hípercomercialización. Al contrario de lo que ocurre en España, allí el hincha sigue siendo actor principal. Y en los estadios se sigue viviendo una agitación que llama a la intensidad, al revés de la abulia y rutina que se detecta en competición doméstica en el Bernabéu o el Camp Nou, bastante entregados al Palco VIP y la turistificación. Se trata ese de un factor a tener en cuenta, como también cierto igualitarismo económico, muy diferente al español. En Inglaterra los ingresos televisivos se reparten sin grandes desequilibrios entre las entidades. La temporada pasada, el último clasificado español -el Leganés- ingresó 45 millones de dólares por ese concepto; el último de Inglaterra -el Southampton- unos 145, una cantidad superior a la de 17 clubs -de 20- de La Liga. Y el Real Madrid recibe el triple que el que menos.
En marzo, Argentina y España cruzarán sus caminos. La Finallisima reunirá a sus selecciones nacionales a pocos meses del Mundial, con título oficial en disputa. Como síntoma de los nuevos tiempos de clubes, parece imposible que Lionel Scaloni -residente en Mallorca e ídolo total en la Galicia del Deportivo La Coruña- presente un once titular sin jugadores de la Premier. En cambio, y en vista de la crisis de Julián Álvarez, podría perfectamente alinear un equipo sin futbolistas que militen en La Liga. Se detecta ahí un puente histórico que necesita mejor mantenimiento.