Transiciones vertiginosas (tras un ataque del París Saint-Germain, contra y penal a Luis Díaz). Una apilada de Michael Olise (Bayern Múnich) obtiene como réplica una de Désiré Doué. Harry Kane, el 9 del Bayern, baja para armar y liberarle el espacio a los llegadores. Últimas líneas adelantadas. 1 vs 1. Gambetas por adentro. Fútbol total del PSG contra fútbol maquinal del Bayern. Sin pausas (ni de “rehidratación”). Marcación hombre a hombre en toda la cancha. Táctica. Y calidad técnica, y talentos ofensivos por doquier. Ousmane Dembélé, Balón de Oro 2025. Khvicha Kvaratskhelia (“Kvaradona”). Superequipos del club-Estado (PSG-Qatar) y del gigante monolítico de Alemania. Otro gol de pelota parada. Kane asiste a Díaz: control de taco, amague y definición. Nueve goles en 68 minutos. Travesaño de Senny Mayulu (PSG). Jugadores extenuados. Esfuerzos al límite. Salvada en la línea después de un cabezazo de Joshua Kimmich casi en el último segundo. Son 90 ataques. PSG 5-Bayern 4 en la noche del Parque de los Príncipes de París, semifinal de ida de la Champions League 2025/26, el partido por esa instancia con más goles en la historia del torneo.
¿Qué fue lo que vimos que pasó tan rápido? ¿“Defienden mal” –como batieron tirapostas desde Argentina– los equipos con menos goles en contra en las “disfuncionales” Ligue 1 y Bundesliga (Bayern ya es campeón)? ¿Por qué el PSG no “durmió” el partido, no lo “controló” tras la ventaja de tres goles en el 5-2? ¿Acaso no se retrasó ni defendió con la pelota porque intuía que podía ampliar la diferencia? ¿Lo intentó pero no resistió el machaque alemán? ¿Y los mediocampos? El PSG 5-Bayern 4 fue memorable por su rareza, por lo fuera de lo común de que coincidan en tiempo y espacio dos equipos que prioricen el ataque constante.
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La trama del partido fue el riesgo abrazado por ambos, el flujo de movimientos y el intercambio frenético de ataques, “buenas jugadas que no construyeron una totalidad orgánica de belleza”, consideró Emérico en @FtUniversale, porque “el juego no se compone como un flujo unitario de invención, ni fue tejido por el desfile carnavalesco del espíritu que se muestra a través de las invenciones individuales”, más bien “lo que vimos fue una acumulación de jugadas evanescentes sin esa alternancia de momentos teatrales que distingue al fútbol y expresa a la vida”. ¿Y si lo que vimos fue algo parecido a la hiperactividad de nuestros días?
Juan Antonio Pizzi compartió la temporada 1996/97 en el Barcelona con Ronaldo. El brasileño, quien había arribado desde el PSV de Países Bajos, tenía 19 años. Cada vez que Pizzi llegaba al entrenamiento lo encontraba en el gimnasio, sin ningún compañero, con un fisioterapeuta personal, dándole a la máquina de cuádriceps. “No digo que la base del juego de Ronnie haya sido el gimnasio –me aclara Pizzi–, pero él podía marcar una diferencia muy grande en base a su habilidad por la potencia; tenía freno, y para frenar hay que tener fuerza, y para tener fuerza hay que trabajar el tren inferior, las piernas. En estos 30 años el fútbol cambió por completo y en la actualidad todos los jugadores necesitarían tener un personal trainer o algún complemento a los trabajos que se hacen en el fútbol. Está bien que son los mejores equipos de Europa en la Champions, pero es un nivel inigualable. Nosotros, en nuestra época, éramos más lentos, menos agresivos, teníamos incluso más tiempo para decidir; el ritmo con el que se juega hoy es infernal, una precisión en velocidad, una técnica individual admirable”.
Vale preguntarse por qué no hubo un crack-estrella a lo Ronaldo en PSG-Bayern. ¿No hubieran tenido cabida? ¿Por eso Kylian Mbappé se fue al Real Madrid? “Lo que más me impactó al tener el privilegio de presenciarlo fue el atletismo puro e implacable dentro de patrones de juego conocidos que permitían a los jugadores tiempo para pensar y crear. Atletas excepcionales realizando proezas. Y lo hicieron una y otra vez, durante más de 90 minutos”, apuntó el periodista italiano Gabriele Marcotti en ESPN. Apenas un modo de entender el fútbol.

En los últimos días, en el fragor del debate, sobrevolaron rótulos. “Fútbol en modo NBA”. De “Playstation”. “Un partido símbolo de la época TikTok”, escribió el colega francés Frédéric Hermel. ¿Este PSG 5-Bayern 4 se inscribe en el intento de volver “artificial” al fútbol, con partidos plagados de goles-estímulos, un show de diseño para neutrales-clientes? “Real Madrid no compite con el Barcelona, sino con EuroDisney”, afirmó Florentino Pérez, hoy también presidente de Real Madrid, en el lejano 2013. EuroDisney, como el PSG, está en París. “La Champions no es fútbol: es el Cirque du Soleil, un espectáculo internacional con los mejores malabaristas del mundo que hace soñar a niños de todo el planeta. Si vas al desierto de Atacama, donde empezó Alexis Sánchez, y le preguntas a un niño dónde sueña con jugar, te dirá el Real Madrid, el Manchester City. No mencionarán el club local, porque el equipo local juega al fútbol de verdad, partidos de esos que no se televisan, de esos en los que no conoces a los jugadores, de esos que no interesan a nadie. Si te gusta la competitividad, la adrenalina, los negocios, el espectáculo, el glamour, los jets privados y las supermodelos, deberías ver la Champions. Ahí es donde brilla más el sol”, le dijo el cronista chileno Juan Pablo Meneses a la revista francesa So Foot antes de Qatar 2022. En 2026, antes del Mundial, Meneses publicó Postfútbol, el deporte, dice, que le siguió al antiguo fútbol.

Como fuese, el fútbol –el que jugaron en las semifinales de la Champions, el de la Copa Libertadores– es aún un juego indomable. ¿Qué “aseguró” Claudio Úbeda con el armado de la línea de cinco cuando Cruzeiro ni siquiera inquietaba a Boca en Belo Horizonte a pesar del jugador de más? ¿No proporcionó con el hundimiento del equipo que le marcaran el gol de la derrota casi debajo del arco? El miércoles próximo, en el Allianz Arena de Múnich, Bayern y PSG jugarán la vuelta de la semifinal. Antes, el martes, de Arsenal-Atlético Madrid (1-1), equipos de corte especulativo, saldrá el primer finalista. Nunca ganaron la Champions. “Desde el punto de vista del espectáculo es genial, pero hubo un tiempo en que defender también era un arte y se apreciaba, y tiene que formar parte del juego”, marcó el ex futbolista neerlandés Clarence Seedorf, campeón de la Champions con Ajax, Real Madrid y Milan, hoy comentarista televisivo, luego del PSG 5-Bayern 4.
¿Es posible que el Arsenal de Mikel Arteta o el Atlético de Diego Simeone le ganen al PSG de Luis Enrique o al Bayern de Vincent Kompany con un gol en contra tras un córner en una final olvidable? Sí. ¿El campeón de la Champions determinará la tendencia, hacia dónde irá el fútbol del futuro? La historia del juego es cíclica. Y el fútbol desafía la capacidad de adaptación al caos y la reacción ante lo imprevisto más que la búsqueda del control. “Prefiero ganar por 5-4 que por 1-0. Yo represento una época que dejó claro que el fútbol bonito es divertido y que con él se conquistan triunfos”, patentó Johan Cruyff. Los corazones infantiles tampoco se conquistan con buenas defensas.