En el último tramo de la campaña para las nuevas presidenciales peruanas, los candidatos aceleraron. Por su lado, Keiko Fujimori aseguró que pretende gobernar como su difunto padre, condenado por crímenes de lesa humanidad, según ella con orden y mano dura. Por el suyo, Roberto Sánchez no se bajó de su propuesta de indultar a Pedro Castillo, al contrario, la reconfirmó, y se mostró como el representante de “pobres y excluidos”.
La extrema derecha de Fuerza Popular y la izquierda –y no “extrema”, aunque algunos sectores la presenten así- de Juntos Por el Perú representa dos caras absolutamente opuestas de los proyectos de país que el Perú vota hoy.
Será una segunda vuelta ultrapolarizada que anticipa un desenlace agónico, semejante al de la última elección de 2021, en la que Fujimori, que reincide por tercera vez en su pretensión de gobernar el país, perdió por unos pocos votos frente al encarcelado Castillo. La diferencia con aquella última elección en que la fragmentación política colocó a un candidato inesperado en el balotaje es que los resultados de la primera vuelta se hacían un poco más previsibles y que en los últimos días, quien quedó en tercer lugar, Rafael López-Aliaga, se pronunció a favor de Fujimori. El escenario en ese sentido es más parecido al de la Argentina de 2023, con Patricia Bullrich trasladando sus votos a Javier Milei.
En cualquier caso será una historia repetida. Por las expresiones que llegan a la segunda vuelta y por lo ajustado que seguramente resulte el escrutinio.
La última encuesta de Ipsos publicada la semana pasada otorga a la candidata de Fuerza Popular el 38% de los votos frente el 35% de su rival de Juntos por el Perú, después de que a finales de abril estuvieran empatados. Se considera que el buen desempeño de Roberto Sánchez en el debate televisado del domingo pasado le pudo sumar un caudal de adhesiones, pero la ley impide publicar nuevos sondeos a una semana de los comicios.

Futuro de dificultades
Si efectivamente logra la victoria Sánchez, con propuestas populares, la intención de convocar a una Constituyente y el perdón al expresidente Castillo, de quien fue ministro, enfrentará seguramente a una derecha abroquelada que obstaculice su eventual gestión, lo mismo que condicionó al exmandatario, ahora detenbido, durante más de un año y que lo llevó a intentar la disolución del Congreso –acción que está habilitada en la Constitución peruana- cuando este cuerpo estaba a punto de votar su destitución.
Si gana Fujimori, significará el regreso de un neoliberalismo de derecha envalentonado por los movimientos que se afirman en algunos países de la región y el mundo. Si bien no se le pueden adjudicar a Keiko los crímenes por los que fue condenado su padre, la reivindicación que hizo de su gestión en términos políticos supone una línea de continuidad que implique la reducción al extremo del tejido estatal, beneficios a los sectores concentrados de la economía y el ejercicio de una mano dura que en el caso de su padre concluyó en un autogolpe con control militar de todos los poderes y la herencia de una Constitución que según diversos análisis es la principal causa de la inestabilidad política del país.
Motivo por el cual antes de estas elecciones pasaron tres presidentes interinos: Dina Boluarte, José Jerí y José María Balcázar, quien entregará la banda a su sucesor. Otra cuestión que tampoco fue novedad. Hace diez años, desde Ollanta Humala –otro mandatario que acabó en prisión por corrupción- que ningún presidente puede finalizar su mandato.
Un cambio sustancial para el siguiente período presidencial será la reposición del Senado, que a diferencia de la Asamblea, no puede ser disuelto por el presidente. En ese sentido, será clave en esta nueva legislatura ya que tendrá la última palabra para aprobar leyes, que pueden ser revisadas, modificadas, o rechazadas sin necesidad de tener que pasar de nuevo por la Cámara de Diputados.

Indecisos
Una vez más, el alto porcentaje de indecisos tiene la palabra. Según la mayoría de las encuestas, un 23% de se decantaría por Fujimori para evitar al candidato de Juntos por el Perú, mientras que el 15% votaría por Roberto Sánchez por el antagonismo que le genera Keiko, quien promete crecimiento económico y mano dura contra la delincuencia, por la grave crisis de seguridad que arrastra el país.
Para ciertos sectores, el candidato progresista es visto como una figura disruptiva, apreciado por representar un cambio y por pronunciarse contra la corrupción. En el cierre de campaña se declaró con firmeza contra el autoritarismo fujimorista y su historia corrupta, y en la misma dirección anunció que con su triunfo el país recuperará la división de poderes. También se comprometió a garantizar justicia social y derechos para todos los habitantes del país.
En definitiva, en este domingo clave, uno más para la historia de Perú, están en condiciones de votar más de 27 millones de habitantes. La primera vuelta se celebró el 12 de abril y los resultados definitivos fueron difundidos con gran demora, más de un mes después. No sería extraño que en este caso pudiera suceder algo similar. «

Viejos fantasmas
En una actitud que parece anticipar un escrutinio reñido y sobre todo cuestionado, la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, no descartó la posibilidad de no reconocer los resultados de la segunda vuelta de este domingo, en la que se enfrenta al candidato de la izquierda, Roberto Sánchez, sobre quien tiene una ligera ventaja, según los sondeos publicados hasta la semana pasada. «Bueno, vamos a ver. Que se pronuncie el pueblo peruano», respondió Fujimori a su paso por la ciudad de Chiclayo, cuando la prensa le preguntó si reconocería los resultados en caso de no ganar, informa La República.
A lo largo de toda la campaña electoral, la candidata de la ultraderecha estuvo agitando viejos fantasmas sobre el fraude electoral, aprovechando las irregularidades que se produjeron durante la primera vuelta del 12 de abril. Sus declaraciones adelantan una posible actitud similar a la adoptada en 2021, cuando perdió por escaso margen frente a Castillo y se negó durante semanas a reconocer el resultado, presentando incluso una demanda por supuesto fraude. La presión fue tal que la propia Justicia electoral no reconoció el triunfo de Castillo por unos 45 días y lo hizo recién cuando Fujimori decidió levantar su reclamo.

Perfil de candidatos
JUNTOS POR EL PERÚ
Roberto Helbert Sánchez Palomino: 57 años, nació el 3 de febrero de 1969, en Huaral, Lima. Psicólogo y político, actual congresista (2021-2026) y exministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno de Castillo. Defensor de Evo Morales. Propone convocar de inmediato a una Constituyente; indultar a Castillo, y ahondar las reformas sociales que encabezó el presidente de quien fue ministro. Candidatas a vices: Analí Márquez y Brígida Curo.
FUERZA POPULAR
Keiko Sofía Fujimori Higuchi:
51 años, nació el 25 de mayo de 1975, en Lima. Administradora de empresas y política. Hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado y destituido. Es la cuarta vez que se presenta como candidata presidencial. Propone el regreso de un neoliberalismo profundo que encarnó su padre, ella envalentonada por la tendencia afirmada en la región y el mundo. Candidatos a vices: Luis Galarreta y Miguel Torres.