El 11 y 12 de abril de 2026, la Quebrada de Humahuaca fue escenario del XXVII Cambalache y Trueque de la Red Puna – MNCI Somos Tierra, un espacio que volvió a reunir a comunidades campesinas e indígenas para intercambiar productos, saberes y organización.
La práctica del trueque, con raíces ancestrales en los territorios andinos, se reafirma año a año como una alternativa concreta frente a la crisis económica. Familias productoras de distintas comunidades llegaron hasta Maimará para compartir alimentos, semillas, tejidos y otros bienes, tanto para intercambio como para la venta directa al público.

El encuentro no solo tuvo un carácter económico, sino también político y cultural ya que es una apuesta por sostener la producción local, el arraigo y la soberanía alimentaria en territorios históricamente postergados.
Trueque comunitario
“Esta 27° edición es la prueba de que nuestras comunidades, nuestros productores, nuestra organización tiene respuesta frente a la crisis económica que nos toca atravesar”, señaló César Llanes, integrante de la Red Puna.
Frente a un contexto donde predominan las lógicas del mercado financiero, el referente destacó que el “Cambalache” expresa otra forma de entender la economía. “Mientras el mundo habla de mercados financieros, nosotros hablamos de las manos que producen, del valor que tiene esa producción para cada territorio. El trueque es la economía de la confianza, es también nuestro grito de libertad” indicó.
En ese sentido, el intercambio no se reduce a bienes materiales. Es, también, una red de contención comunitaria ya que “no solo es un intercambio, es asegurar que ninguno de nuestros hermanos pase necesidad de alimentos”, afirmó.

La edición 2026 estuvo atravesada por dificultades. Los altos costos de transporte, el aumento del combustible y la reducción del acompañamiento estatal impactaron en la participación de productores de zonas alejadas. Desde regiones como Yavi o Rinconada, trasladarse hasta Maimará implica recorrer entre 300 y 400 kilómetros, un desafío cada vez más difícil de sostener sin apoyo logístico.
«No es que falte voluntad de participar, sino que los costos hacen que muchos no puedan llegar» explicó Llanes. Aun así, «algunas articulaciones con gobiernos locales permitieron garantizar traslados y hacer posible el encuentro, que el año pasado no se pudo realizarse».