Donald Trump llenó las redes de autoalabanzas muy ilustrativas de su vanidad desmesurada, en medio de una pulseada geopolítica a dos semanas de su programado viaje a Beijing para una bilateral clave con Xi Jinping. Porque es cierto que desde que el 28-F lanzó a una aventura contra Irán las cosas no están saliendo como decía el libreto de los servicios israelíes, Benjamin Netanyahu y sus “asesores” Jared Kushner y Steve Witkoff, pero al mismo tiempo, Estados Unidos fue extendiendo el control de los recursos energéticos de gran parte del mundo en una maniobra bastante arriesgada.
Este viernes se vencía el plazo legal para incursión militar sin acuerdo parlamentario y envió una carta al Congreso en que aseguró que desde el 8 de abril rige un alto el fuego, por lo que desde su punto de vista la guerra terminó. Bien puede ser una estrategia a la manera del minuto en el básquet en un momento clave del partido. Mientras tanto, siguen llegando tropas, buques y aviones a esas regiones, lo que hace temer una ofensiva con “las botas en el terreno”. Se sospecha que ya hay unos 100.000 efectivos, que para una invasión son pocos, pero podrían ser suficientes si pretende hacerse del uranio enriquecido iraní. Sería un plan plausible si no fuera porque un operativo como ese a principios de abril en Isfahán resultó en uno de los mayores fracasos de fuerzas estadounidenses en su historia.
Las fichas, a todo esto, se están acomodando para los nuevos escenarios y el canciller iraní anduvo de gira por Islamabad, Omán y San Petersburgo. En Pakistán acercó las propuestas de Teherán para un acuerdo de paz definitivo, que entre otras cuestiones deja el tema nuclear fuera de las negociaciones en una primera etapa. En Rusia, Abbas Araghchi se reunió por más de una hora con Vladimir Putin, quien le aseguró el apoyo de Moscú “para acelerar un proceso de paz en toda la región”. Teléfono para Trump, que respondió con un encuentro con el rey Carlos III donde volvieron a sellar el compromiso histórico entre “los imperios” anglosajones. Teléfono para Javier Milei.
Hubo alguna chanza del monarca de la casa Windsor en la Casa Blanca y una loa desmesurada del que se sueña Donald I, que trató de mostrar músculo cuando el enfrentamiento con los socios de la OTAN se profundiza. Así, Trump anunció un aumento de aranceles para el ingreso de automóviles y camiones fabricados en la Unión Europea hasta el 25%, pero al mismo tiempo, elimina las tasas aduaneras al whisky y el bourbon, “dos industrias muy importantes en Escocia y Kentucky”.
En otros ámbitos, en tanto, las cosas revelan otra estrategia que parece estar dando resultados más promisorios para la administración Trump. El miércoles Emiratos Árabes Unidos -el más cercano de los países árabes a Israel- anunció que deja la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con lo que se libera de la restricción que el club de productores establece a la producción para sostener los precios. El incremento “a voluntad” de EAU beneficiaría a Trump con una baja del crudo, que estos días superó los 120 dólares el barril. Aunque de modo paralelo acercará más a Arabia Saudita al eje que como se avizora -por el resultado de la guerra contra EE UU e Israel- va a girar en torno a Teherán.
El periodista e investigador británico Richard Medhurst agrega datos sobre las movidas de EE UU para sostener el dólar a través del control del combustible mundial. “Resulta tentador creer que la maquinaria bélica estadounidense ha llegado a su fin. Militarmente, Irán le ha infligido a EE UU su peor humillación en la historia moderna (…) Pero en segundo plano Washington ha estado llevando a cabo discretamente un robo a mano armada del suministro mundial de petróleo y gas”, afirma Medhurst.
Y abunda: en tan solo 90 días EE UU concretó “cientos de ataques contra petroleros y refinerías rusas, cortó un tercio del suministro de petróleo y GNL a China, capturó las mayores reservas de petróleo del planeta y estableció un bloqueo naval global desde el Ártico hasta el Océano Índico (… mediante el) proceso, secuestro y asesinato de dos jefes de Estado”. Y concluye, lapidario “Estamos presenciando la transición de Estados Unidos de un imperio a un Estado pirata sin ley, y el nacimiento de lo que denomino el Petrogas-dólar o GNL-dólar”.
Trump, a todo esto, en su red Truth mostró una foto suya de perfil sobre el fondo de los rostros tallados de los presidentes George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln en el Monte Rushmore, de Dakota del Sur.