Argentina jugará este lunes ante Austria en Dallas con el recuerdo de Diego. Será a 40 años de su hazaña ante Inglaterra en 1986 y contra el único país al que le marcó tres goles en la selección, pero también en la ciudad donde en 1994 dijo su frase más triste: "Me cortaron las piernas".

Aunque son tres las ciudades estadounidenses conectadas al último Maradona con la selección, Dallas fue el territorio final. Un día antes de que la Argentina perdiera con Bulgaria por 2-0 en el tercer partido de la fase de grupos del Mundial 94, Diego caminó taciturno por el césped durante el reconocimiento del campo de juego del Cotton Bowl, el estadio que se usó por entonces. Se refugió en un arco y se agarró de la red mirando a la nada, hablando por momentos con algunos de sus compañeros, atravesando la angustia de lo que ya no tendría retorno.
La orina de Diego se había recolectado en el Foxborough de Boston luego de que la Argentina le ganara 2-1 a Nigeria con él como su gran figura. Luego se analizó en el laboratorio olímpico Paul Zibbern de la Universidad de California, en Los Ángeles, y, por último, el castigo llegó cuando la selección ya se encontraba en Texas. Fueron los días en los que conocimos la efedrina. Diego le dijo su frase mitológica a Adrián Paenza en el Sheraton Park Central, un hotel que hoy tiene otro nombre, es el The Westin Park Dallas Central.
Dallas ya era el escenario de un crimen. El 22 de noviembre de 1963, Lee Harvey Oswald disparó tres veces su Mannlicher-Carcano italiano desde el sexto piso del Texas School Book Depository. Una bala dio en el cuello y otra en la cabeza de John Fitzgerald Kennedy, el presidente de Estados Unidos, que cayó mientras saludaba desde el Lincoln descapotable junto a su mujer, Jacqueline Bouvier. La tercera bala dio sobre el asfalto de la calle Elm. Ese lugar exacto, en donde hoy hay un memorial y se puede visitar el Sixth Floor Museum, queda a media hora de caminata desde el nuevo mural de Messi.
A Dallas lo persiguió el estigma del asesinato de Kennedy. Le decían “Deshonra, Texas” y “Vergüenza, Texas”. Para la selección argentina es la ciudad maldita, el entierro futbolístico de su héroe cuya fecha patria es el 22 de junio. Este lunes se van a cumplir cuarenta años de ese triunfo contra Inglaterra que tuvo al Azteca como el escenario. “El día que Maradona explicó a un país”, tituló Jorge Valdano su última columna en el diario El País. “Un genio -escribió- que eligió un día para elevar el fútbol a obra de arte y lo convirtió en el día D de la historia del fútbol argentino”. Lo que además transformó a Diego en San Maradona, como dice Andrés Burgo, autor del libro El Partido, sobre el que se basa el documental del mismo nombre.
Como Maradona es el ausente más presente, según la bella elegía de Valdano, Austria también merece una anotación al pie en la vida de Diego. Fue contra esa selección que por única vez hizo tres goles en un mismo partido con la camiseta argentina, el 21 de mayo de 1980, una victoria por 5-1 en Viena.
Bajo el amparo de los recuerdos maradonianos, la selección se presenta para su segundo partido después de que su genio también hiciera tres goles en un mismo encuentro por primera vez en un Mundial, lo que además le permitió alcanzar al alemán Miroslav Klose como máximo anotador en Mundiales.
Este domingo, después de su último entrenamiento antes de jugar contra Austria al mediodía de Dallas, dejará el Origin Hotel, su refugio en Kansas City, centro del revuelo esta semana por la fake news sobre la muerte del padre de Messi. Maradona también fue víctima de falsas noticias, incluso jugando con su fallecimiento en Punta del Este durante el verano del 2000. No eran tiempos de influencers y streaming. Eran periodistas y medios tradicionales quienes las difundían.
Quienes tienen acceso a la intimidad del plantel cuentan que las molestias comenzaron cuando el periodista profesional Eduardo Feinmann reveló detalles de la salud de Jorge Messi, algo que la familia pretendía mantener, con todo derecho, en el ámbito de su privacidad. Los padres del capitán argentino nunca tuvieron un alto perfil en los medios. Messi, además, sólo había hecho alusión a problemas personales después del partido con Argelia, en el que se lo observó dominado por la emoción, sobre todo en su primer gol. Diego, que no llegó a conocer la explosión del streaming, también supo lo que era la violación de su intimidad.
Si bien el malestar fue inevitable, la prioridad fue el cuidado hacia adentro del plantel y de todo el grupo de trabajo que lidera Lionel Scaloni. La tarea fue abrazar al capitán sin exageraciones. Que nada saque del Mundial al equipo y a Messi. El plantel compartió además un asado junto a toda la delegación, el ritual que se mantiene donde esté. Entre provoletas y mollejas hubo muestras de buen ánimo para lo que sigue, sobre todo después del gran debut con Argelia.
Dallas espera con más de 30 grados y con pronóstico de lluvias para el lunes. Ya hubo tormentas que produjeron inundaciones y un gran caos en el tránsito. El día que Maradona lloró ante las cámaras fue agobiante. Después de la entrevista, Diego se encerró en el cuarto de hotel para su duelo personal. La selección ya jugaba en el Cotton Bowl en medio de su estado somnoliento, extrañando a su tótem. El final fue rápido, en octavos de final contra Rumania. Diego, que ya estaba afuera del Mundial, se había convertido en comentarista de televisión. Todo a la velocidad maradoniana, ese rayo de luz que cruza caminos tan distintos como los que se cruzan este lunes mientras la selección juega con Austria.
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