“En el saturado y vibrante paisaje del mundo, la pintura se ha desleído. Como un fénix fatigado es necesario sostenerla en cada escena, en cada aparición. Pero es gracias a esta negatividad, a su insistente capricho, que es capaz, a veces, de recuperar su aliento sagrado”, dijo Jorge Gumier Maier en el discurso inaugural de la galería de artes visuales del Centro Cultural Ricardo Rojas que dirigió desde 1989 a 1996.  La sala se inauguró en el mes de julio con una instalación de Liliana Maresca y un performance de Batato Barea. Expusieron en ella, entre otros artistas, Alfredo Londaibere, Sebastián Gordin, Pablo Suárez, Cristina Schiavi, Marcelo Pombo, Miguel Harte, Fernanda Laguna y Elba Bairon.

Puede decirse que Gumier Maier dedicó su vida a modificar el carácter  “desleído” del arte pictórico desde diferentes planos, pero la disidencia fue el signo común de todos ellos. Fue artista, crítico, periodista (escribió para El porteñoVox y Cerdos y Peces), curador y militante del Grupo de Acción Gay (GAG).

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Como promotor de un modelo curatorial que llamó “doméstico”, que propiciaba una metodología informalista y subrayaba el carácter laico pero sagrado de la obra de arte, fue tildado de light.

Dice Jimena Ferreiro en Jorge Gumier Maier, el último moderno: “El programa curatorial de Gumier puede ser analizado a través de sus silencios y el carácter performático de cada uno de sus gestos, desde la escritura programática en formato manifiesto, el hermetismo discursivo y su retórica poética, hasta la fuga mística. También podemos pensarla como la construcción de un contexto propio para la circulación de un grupo de artistas que Mariana Cerviño propuso definir como una comunidad moral.»

La nueva generación de artistas que impulsó  se conoció como El grupo del Rojas.  Este grupo inició un debate político y cultural acerca de las tendencias del arte en la Argentina en la década del 90.

Realizó su primera exposición individual en 1982.  Ente sus muestras más importantes se destacan la del Instituto de Cooperación Iberoamericano, en 1993, y la de la galería Belleza y Felicidad, en 1999 que fue, junto a la anterior institución, un emblema de la época.

En 2003 se instaló en el Delta del Paraná en una suerte de autoexilio, alejado del mundillo del arte. En el último tiempo  estaba trabajando  en la catalogación de su obra y sus trabajos habían formado parte de la muestra Inventar a la intemperie. Desobediencias sexuales e imaginación política en el arte contemporáneo, que se puede ver hasta mañana en el Parque de la Memoria, un recorrido por más de 40 años de expresiones artísticas, activismos y emergentes sociales que impulsaron nuevos sentidos.

Además, de marzo a agosto pasados se presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (Macba) la muestra colectiva Neo Post, 50 años de pintura geométrica en la Argentina 1970-2020 en la que sus obras se exhibieron junto a las de 80 artistas, entre los que se contaron Alfredo Londaibere, Pablo Siquier y Magdalena Jitrik.

La obra de este artista y curador acusado de «light» tuvo, sin embargo, un importante sesgo político. Pero este, fue sutil. No se concretó en su discurso pictórico, sino en la utilización de materiales «bajos», de uso masivo, como la bijuterie, el plástico y el telgopor, Fue, sin duda, un pensador lúcido sobre el arte en general y sobre su propio arte, que vivió a contrapelo para mantener hasta el final la coherencia con sus propias ideas.