La feria internacional de arte Arco, que tendrá sede en Madrid entre el 22 y el 26 de febrero, tiene como invitada de honor a Argentina. Se trata de un evento en que el país tiene la oportunidad de desplegar un abanico de la producción plástica local. Por eso sorprende tanto que el dinero de las arcas públicas se concentre exclusivamente en la producción de artistas porteños.

El dato no es menor, ya que no sólo se ignora olímpicamente la producción de las provincias, sino que se usa su dinero para sostener la más que costosa presencia de la Ciudad de Buenos Aires. El valor de la participación asciende a 3 millones de euros (casi 50 millones de pesos). Entre los participantes, se encuentra la galerista María Calcaterra, sobrina de Mauricio Macri e hija de Ángelo Calcaterra. Este último es uno de los principales favorecidos por la obra pública de la Ciudad y está siendo investigado por lavado de dinero.

El ministro Pablo Avelluto, además, expuso su expreso convencimiento de que esta muestra de la industria cultural argentina se diferencie de la de los gobiernos kirchneristas, esto es, no hacer énfasis en el pasado sino en el presente, es decir, en el arte contemporáneo: “Nosotros queremos trabajar sobre la cultura del presente. Queremos promover la Argentina contemporánea, a los artistas argentinos contemporáneos, sean del color político que sean”. Sin embargo, luego de muchas idas y vueltas la actual gestión ha decidido (nuevamente) que la Argentina termina en la Av. General Paz, aunque deban pagar por ella todos los argentinos. A estas alturas, se podría decir que la política migratoria macrista da un giro payasesco, excluyendo a todo no porteño de la feria Arco.

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La encargada de la selección de galerías y artistas fue Inés Katzestein, directora de arte de la Universidad Torcuato Di Tella. Este último dato resulta relevante –para que el “índice de sorpresa” no decaiga– por la gran cantidad de artistas seleccionados que están relacionados a dicha Universidad. Katzestein afirmó su criterio: “Esto es una feria de arte y no me voy a hacer cargo de una bandera”, sin embargo, lo que parecía ser apenas una aserción ideológicamente liberal, se descubrió como una acción local sin ninguna otra pretensión más que promover algunas galerías de arte.

La presencia de Argentina, finalmente, recalca que la asociación de fabulosas sumas de dinero público, empresas privadas y familia marcan la gestión del actual gobierno en todas sus esferas y es lo que realmente determina la dirección de las políticas públicas, también en el terreno del arte plástico y las industrias culturales.