“No habrá ninguno igual” reza el título de la nueva exposición de Edgardo Giménez, como si se tratara de una remake pop del tango de Rivero. La muestra pone en escena “la actitud completamente desenfadada de autocomplacencia y promoción propia del artista”, dice la curadora María José Herrera, pero también refleja la singularidad de su obra. Diseñador gráfico en los orígenes, Giménez pasó por un gran abanico de disciplinas de manera simultánea: la escultura, la pintura, el diseño de interiores y de objetos artísticos, la edición de libros de arte, la arquitectura y la escenografía.

“Esta combinación heterogénea lo hace único. Hay pocos artistas que hayan hecho todas estas cosas juntas desde los sesenta hasta la actualidad. Él cree en la multidisciplina y en la idea de que cada objeto puede expresar arte, tanto un mueble de interior como un cuadro pintado”, apunta Herrera a Tiempo.

Foto: Alejandro Guyot / Malba

Giménez y su universo estético

En el Museo de Arte Latinoamericano (MALBA), la entrada a la exposición (sala 5, nivel 2) está dispuesta con la fascinante figura de la drag queen norteamericana Divine, quien con una pistola en la mano le da la bienvenida a los espectadores. La escultura retrata una de las escenas más famosas del film Pink flamingos. “¿Quiénes se van a sacrificar por el arte y la belleza?”, preguntaba Divine en la película, para luego apuntar con la pistola directo a la cabeza de quien se animara a decir “yo”. Un humor exagerado hasta el absurdo.

Foto: Alejandro Guyot / Malba

La cita no es casual, se entrelaza con el universo estético de la obra de Giménez. “Es un artista que comprendió que ser optimista y tener sentido del humor es una cosa seria. Optar por ver el costado irónico y paródico es una de las tantas maneras de mostrar la realidad. Giménez siempre ha utilizado estos recursos para decir cosas y señalar, por ejemplo, lo importante que es ser diferente. Es un artista que puso el cuerpo en épocas en donde los jóvenes se definían de otra manera, con identidades sexuales distintas, y que desafiaban a la sociedad más tradicional con las camisas floreadas, el pelo largo…todo lo que implicó la década del sesenta”, dice Herrera.

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Foto: Alejandro Guyot / Malba

Con cerca de 80 obras e instalaciones que hacen foco en su filosofía y activismo en pos de una “obra de arte total”, la exposición está divida en seis secciones: Selva, Nubes, Espejo, Blanco, Negro y Arcoíris. “En cada uno de los seis núcleos se desarrolla un clima diferente. No es un recorte cronológico sino que decidimos trabajar con todos esos elementos que están desde los sesenta hasta la actualidad”, explica Herrera. 

Foto: Alejandro Guyot / Malba

En “Selva”, por ejemplo, se puede ver una serie de objetos, pinturas y muebles que giran alrededor de ese núcleo temático. De esta sección participa un conjunto de monas vestidas como bailarinas clásicas, con actitud refinada; la pieza muestra irreverencia y parodia frente al famoso refrán “aunque la mona se vista de seda, mona queda”.

“Edgardo humaniza animales y eso tiene influencia de Disney, que es la cultura de su niñez, del cine. En el 66 se disfrazó de Tarzán para una exposición que se llamó Las panteras. A través de la parodia, muestra el desparpajo, la idea de que el cuerpo no es algo que no pueda mostrarse, que no es pecado estar desnudo. Toda una serie de cosas que en su momento fueron muy importantes de ser dichas», dice la curadora.

«Y en la actualidad también porque, por ejemplo, en una de las escenografías que reconstruimos de Psexoanálisis (1968), el personaje principal era Libertad Leblanc, que era una vedette y actriz, y hoy la performance se hace con una drag queen: esa transformación es parte de la actualidad”.

Foto: Alejandro Guyot / Malba

En efecto, para esta exposición se reconstruyeron dos escenografías que fueron realizadas por Gimenez para la industria cinematográfica. Son parte de los decorados las películas Psexoanálisis (1968) y los Neuróticos (1971), ambas bajo la dirección de Héctor Olivera, que reflejan el espíritu onírico y desprejuiciado de los films. El segundo de ellos -un gran huevo que permite ver su interior- será activado periódicamente por performers los días miércoles, sábados y domingos de 16 a 19 horas.

Pink Flamingos

Otra de las joyas de esta exposición es cómo muestra el mapa de relaciones y el profuso diálogo entre el artista y distintos referentes del campo cultural argentino. Da cuenta de esto una sala completamente revestida de espejos, obra que es una réplica del trabajo que le encargó Jorge Romero Brest para decorar el hall de su departamento en Recoleta. 

Foto: Alejandro Guyot / Malba

Hay, además, una cronología con imágenes en blanco y negro que siguen la trayectoria de Giménez desde fines de los 60 hasta la actualidad, mostrando su trabajo como diseñador gráfico. Aparece, también, “Fuera de caja”, el negocio que tuvo con Romero Brest de objetos para consumir. Hay un recorrido por sus producciones. La serie termina con una imagen del principio, que es de los setenta: Edgardo Giménez posa desnudo sobre la arena en Punta Indio. La cronología, así dispuesta, muestra algo fácil de advertir en la obra del artista. Logró, como ninguno igual, lo que todos desean: ser eternamente joven.

Con entrada arancelada, la exposición puede visitarse hasta el 12 de noviembre en el MALBA (Figueroa Alcorta 3415)