El 10 de julio cumplirá 105 años y el próximo martes 5 el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) le rendirá homenaje con una exposición que reunirá 28 piezas, algunas de las cuales fueron realizadas durante la pandemia.

Dedicó su vida a la pintura “desde que era una nena” asegura en una entrevista. Durante casi 80 años lo hizo de forma casi secreta, como si su actividad fuera parte de un hábito tan arraigado como tender la cama y prepararse el desayuno, actividades vitales que, sin embargo, no gozan de una popularidad muy especial en nuestra sociedad.

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 Lamentablemente, no conservó la totalidad de la obra hecha durante tantos años, porque, sin conciencia de su trascendencia, muchos cartones y telas los reutilizó para hacer otras obras. Se hizo conocida hace recién unos 20 años. Puede decirse, parafraseando a García Márquez que,  prácticamente,  su obra vivió 80 años de soledad.

Hoy, en 2022, tiene una nutrida agenda de homenajes comenzando por el que le rendirá el Museo Nacional de Bellas Artes, el de la Universidad Nacional de Córdoba  y el de La Cárcova.

María Florencia Galesio es la curadora de las obras que podrán visitarse desde el día de la inauguración, el 5 de julio próximo, hasta el 7 de agosto, en la sala 42 del segundo piso de MNBA. Sobre el material que será expuesto dice Galesio en el texto curatorial: “incluye una selección de 28 piezas de Kihlen, desde las creaciones automáticas que cruzan de modo constante sus indagaciones sobre pintura y música, hasta los trabajos más recientes de la serie “Pandemia”, en la que predominan el blanco y el negro.” Destaca, además, que recién a comienzos del siglo XXI “a sus 85 años, sus pinturas salieron a la luz pública. En 2002, realizo su primera muestra individual, una retrospectiva en el Museo Nacional de Arte Decorativo. Desde entonces, ha exhibido su trabajo en galerías y ferias de artes nacionales y del exterior.”

Por su parte, dice el director del MNBA, Andrés Duprat: “Dueña de una carrera tan extensa como secreta, durante ocho décadas Kihlen trabajó en su taller indiferente a las modas, a los movimientos y, sobre todo, al sistema del arte.” Y agrega: “Su interés se centraba en la creación misma, sin preocuparse por cumplir con los mandatos y las estrategias que suponen la construcción de una carrera artística. Su pulsiónn por crear la impulsó a soslayar la idea de atesorar y conservar su propia producción, por lo que incluso llegó a destruir sus telas o a reutilizarlas como soporte de nuevas piezas, como si la pintura fuera pura expansión, puro porvenir, un eterno work in progress.”

Señala, además, Duprat: “Hasta fines del siglo pasado, su obra constituyó uno de los secretos mejor guardados de la escena de las artes visuales en la Argentina. Fue recién en el inicio del siglo XX cuando sus pinturas abandonaron su taller y salieron a la luz pública.” Cuando organizó una gran retrospectiva tenía 85 años.

De  un modo similar en el campo de la literatura,  Aurora Venturini fue “descubierta” por un concurso de Página 12 del que resultó ganadora.  Ya había cumplido los 80, pero tenía tras de sí una obra enorme que no había encontrado los canales adecuados para salir a la luz. Hoy, su obra se reedita y no deja de sorprender. Tan innovadora es su escritura que algunos de los jurados de aquel concurso, Juan Forn entre ellos, apostaban a que el material que había leído, por supuesto, de forma anónima, correspondía a alguien de muy poca edad cuya juventud le dictaba la audacia formal y la irreverencia.

Una vez “descubierta” Kihlen, según lo señala Duprat “su producción comenzó a circular y a suscitar gran interés, lo que la llevó a exhibir en galerías y ferias de artes nacionales y del exterior. Rápidamente las instituciones públicas se hicieron eco de su trabajo, y fue invitada a participar de exposiciones individuales y colectivas en el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano de la Plata (MACLA), el Museo Caraffa de Córdoba y el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Disciplinada  y trabadora, Ides comparte su pasión por las artes plásticas con su amor por la música. Todos los días estudia y toca el piano.

En una entrevista para Télam realizada por Dolores Pruneda Paz, la artista hace  algunas afirmaciones  tajantes respecto de su arte que podrían ser una guía involuntaria para cualquiera que decida emprender una carrera artística: “El reconocimiento me llena de alegría y orgullo, pero no hubiese modificado mi recorrido artístico. El arte es para mí la vida misma, lo hice durante 80 años sin que nadie viese mi obra.”. “Cuando a los 80 mi obra salió al mundo, no niego que me alegró que haya sido valorada, pero no es el motor de mi actividad artística.” Y agrega: “Es un poco triste haber vivido tantos años y ver que continúan las guerras, aunque trato de pensar que también hay gente buena, gente sensible que es solidaria y espero que los jóvenes empiecen a cuidar este planeta. No hay otro adonde ir. No pienso en la vejez. La edad no me impide continuar haciendo aquello que es mi pasión. Tengo proyectos, siempre pienso a futuro, nunca digo no puedo, solo lo hago.”

Kihlen nació en Rosario, Santa Fe, en 1917. Su infancia transcurrió en las orillas del Paraná y también en las provincias de Chaco y de Corrientes. Siempre se mantuvo ajena a las modalidades artísticas dictadas desde Buenos Aires.

Por su singularidad creativa suele ubicársela en el grupo de pintoras al que también pertenecen la surrealista Leonora Carrington, Leonor Fini y Remedios Varo.

Se formó en la plástica en la Escuela de Artes Decorativas, en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, en la escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Además, frecuentó los talleres de Emilio Pettoruti, André Lhote, Vicente Puig y Battle Planas. Es decir que su formación como artista plástica fue sólida. A partir de ella realizó una obra singular que jamás adscribió a tendencias ni modas. Siempre buscó y acaso encontró lo que buscaba en la soledad, absolutamente alejada de las tradicionales vidrieras en las que las que los artistas suelen mostrarse más a sí mismos que a sus obras.

Nunca entendió la pintura como una “carrera” a seguir, sino como una forma de vida. Jamás buscó ser reconocida ni famosa, sino trabajar continuamente sin otro objetivo que el trabajo mismo.