“El hijo del capitán trueno /nunca fue un hijo digno del padre,/ salió poeta y no una fiera,/ hijo de su madre” dice Miguel Bosé en su canción El hijo del Capitán Trueno.

Quizá su autobiografía, que tiene el mismo título y que acaba de aparecer en Argentina a través de la editorial Espasa, sea el desarrollo, a través de 480 páginas, de estos versos que hablan de la personalidad avasalladora del padre, el torero Luis Miguel Dominguín. No es casual que, como nombre artístico, el cantante y compositor haya elegido el apellido de su madre, la actriz Lucía Bosé.

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“El capitán trueno, dice contestando a una pregunta sobre el nombre de la canción que se repite en el libro, era un cómic español popular en el 56.” Y agrega: “A mi padre lo llamo el Capitán trueno porque era heroico, valeroso, hacía viajes interminables, se iba para nunca volver, y para mí esa imagen era mítica. Yo soy el hijo del Capitán Trueno y la canción que escribí relata muy bien la relación que teníamos mi padre y yo. En la biografía está la parte más inédita de la relación que tuve con mi padre. Conviene escuchar la letra de esa canción porque es complementaria del contenido del libro.”

Estas memorias, que comienzan con una escena violenta entre su padre y su madre y presenciada por él y sus hermanos menores, abarcan su infancia y su adolescencia hasta que el hijo del Capitán Trueno logra salir de la sombra proyectada por su padre y en 1977 se sube a un escenario marcando el inicio de una larga carrera artística como músico y actor. El libro fue presentado ayer, por Zoom, para el periodismo de América Latina.

“Yo tengo la extraordinaria facultad de borrar lo que es malo de un plumazo”, dijo Miguel Bosé, aunque sus memorias de infancia -que evitan la simple enumeración y están contadas con recursos literarios- parecen desmentir sus palabras. Y agregó: “Lo malo lo saco, con lo cual las cosas duras, las cosas desagradables que me han sucedido, desaparecen.” También el hecho de que en su biografía de infancia y adolescencia se nombre a sí mismo en tercera persona como Miguelito habla de un deseo de tomar distancia, de poner una frontera entre su ayer y su hoy, aunque él sostiene que la tercera persona tiene que ver con que narra hechos del niño y del adolescente que fue, no de la persona que es hoy, aunque en otro tramo admita que todo lo vivido en esas primeras etapas, como no podía ser de otro modo, hicieron de él quien es.

De hecho, ante la pregunta de cuánto de ese Miguel del pasado hay en su presente, contestó: “Me reconozco cien por cien en el pasado y mis recuerdos. Allí estuve y fui el protagonista”, aunque matizó la frase diciendo: “Es cierto que, vistas desde hoy, las cosas se ven de otra forma, como cuando miras una fotografía de los años 60 o 70. En la memoria todo es más desproporcionado. Las cosas que se recuerdan anecdóticamente, cuando pasas por ellas y ellas pasan por uno, tienen otra intención que en el pasado. Pero, desde hoy, esas cosas las veo con otro tipo de estética porque hay una diferencia en cómo percibíamos los olores, las luces, las  texturas… Esas cosas ya no pertenecen al presente. Los perfumes han sido trastocados, las luces son más frías, el tiempo corría de otra manera, se estiraba mucho. Hoy hay una velocidad, una inmediatez que es totalmente natural y que no se corresponde a la pausa, a lo pausado que recuerdo de toda aquella infancia.” La conductora observa en este punto que ese modo pausado se nota en la forma en la que él entra en “los arcones del recuerdo”.

El libro, cuenta Miguel Bosé ante la pregunta de si su autobiografía implicó dejar de lado el pudor, tenía ochocientas y pico de páginas, pero prefirió dejar casi la mitad, dar a conocer “un contenido sin rencor ni revanchas ni dolor, donde todo se resuelve.” Admite que el pudor puede dejarse de lado, pero que en sus memorias de infancia y adolescencia está lo fundamental, lo que tiene que estar. Dice, además, que cosas a las que en su pasado se les daba mucha importancia hoy han dejado de tenerla, razón por la que no vale la pena referirse a ellas. Si su relación con su padre fue conflictiva, la ha contado de una “manera limpia, sin rencor, porque el tiempo todo lo ajusta, el tiempo todo lo encaja, todo lo explica, todo lo cura.” A esta altura de la vida y con un camino artístico como el suyo, “puedes contar las cosas sin tanto dolor”, afirmó.