Una adolescente que atravesaba una situación de conflicto familiar pidió –a través de la abogada de su mamá- hablar con una jueza. La magistrada accedió. La chica contó lo que estaba viviendo y argumentó por qué no quería que la cambiaran de escuela secundaria. Su deseo iba en contra del de su padre. Pero la Justicia –tras una evaluación interdisciplinaria- la escuchó a ella. Y le dio la razón.

Sucedió en Catamarca. La jueza del Juzgado de Familia de Segunda Nominación, Olga Amigot Solohaga, aplicó la perspectiva de infancia y falló a favor de la adolescente. Es el primer caso de este tipo, por lo que el fallo genera jurisprudencia.

“Fue un caso con particularidades. Y se replicó tanto que me ha sorprendido”, dijo la magistrada, en diálogo con Tiempo. “Cuando se trata de niños, niñas y adolescentes, en la mayoría de los casos del fuero de Familia las causas son reservadas. Pero es importante que la ciudadanía conozca este tipo de resoluciones para cambiar la mirada sobre las niñeces. Verlos como sujetos de derechos. Como a cualquier persona. Tenemos un sinfín de tratados que así lo respaldan. Esa es mi perspectiva”, definió.

“Ella pide hablar conmigo y accedo”

La adolescente en cuestión creció en un ámbito donde ya había sido judicializado el conflicto familiar, en el marco de un proceso de divorcio complejo. En ese contexto y ante una nueva situación de conflicto –vinculada a su educación, pero no sólo eso-, ella pidió a través de la abogada de su madre conversar con la jueza.

“Ella pide hablar conmigo y accedo. No tenemos en la provincia de Catamarca todavía la figura del abogado del niño (una deuda pendiente en muchas provincias), pero sí asesoras de menores. La escucha activa se hace ante ellas”, contó Amigot Solohaga.

“Pudimos constatar a través de la interdisciplina que estaba existiendo una situación de vulneración sobre su persona. La estaban violentando psicológica y moralmente”, relató la magistrada.

Si bien el caso tuvo “varias aristas”, trascendió por darle prioridad a la adolescente en la elección de dónde seguir su educación secundaria. Preservando los detalles para resguardar la identidad de la joven, la jueza contó que asiste a una escuela privada con una orientación relacionada con lo que ella quiere para su futura carrera. “Nada tenía que ver con la escuela donde el progenitor la quería cambiar. Hubiera sido perjudicial para su interés superior”, explicó.

El cambio que el hombre pretendía –y que la Justicia rechazó- no estaba relacionado con una cuestión económica. “Simplemente creo que obedecía más a una cuestión cultural, de idiosincrasia, de lo que él entendía que era lo mejor para que ella tuviera una salida laboral. Pero no tenía que ver con lo que ella quiere hacer en su vida”.

Además, remarcó Amigot Solohaga, a la adolescente “le había costado sociabilizar. Hizo mucha terapia, ama su escuela, es su espacio de acompañamiento. Desde muchos puntos de vista era negativo acceder al cambio de escuela”.

“Ojalá deje de ser noticia”

El principio del interés superior de niños, niñas y adolescentes se establece en la Convención sobre sus derechos y luego fue tomado por la ley nacional y también por la provincial en el caso de Catamarca. La Ley Nº 26.061, de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, sancionada y promulgada en 2005, establece entre otros postulados el derecho de personas menores de edad a dar su opinión y ser oídas.

“Suena bonito pero además hay que darle contenido –postuló la jueza-. Hacer lo mejor para cada niño, niña y adolescente en su caso concreto. Cada familia es única y la solución en muchos casos va a ser única”. Y lo reforzó con una metáfora: las “soluciones sastre”, hechas a medida. “Para esta adolescente, esta decisión era la mejor”.

El caso tuvo gran repercusión mediática, con reacciones también de mucho rechazo. “Lo que está faltando es que la sociedad entienda que nuestras niñeces y adolescencias tienen derecho a ser escuchadas. A no minimizar sus decisiones, sus pensamientos. Seguramente fue noticia porque todavía nos está haciendo falta un camino largo por recorrer. Lo que pasó no debería ser algo judicializado. Si hace falta llegar a eso, es porque como sociedad todavía nos falta. Estamos en el camino, pero no hay que aminorar la marcha. Siempre va a haber personas detractoras de lo nuevo, pero ojalá deje de ser noticia”.