En el mundo que imaginó Daniel Santoro, las casas hacen equilibrio sobre las piedras, un hombre yace emboscado por los árboles, enormes bibliotecas nacen de las montañas, los pájaros atraviesan troncos, edificios en ruinas sostienen la lluvia de una nube negra. Con carbonilla y acrílico diluido, Santoro dibujó un “Panorama” -como los murales circulares del siglo XIX- de 30 metros, en donde la vida se enmaraña y se aísla, inestable, bajo el péndulo de la catástrofe.

Hasta el 19 de noviembre en el Museo Nacional de Bellas Artes puede verse esta pieza inédita en la exposición “Panorama. El teatro de la memoria”, que se completa con una selección de trabajos en tinta sobre papel, bocetos y cuadernos de artista, y un dibujo en carbonilla realizado sobre una de las paredes de la sala 42, en el segundo piso.

panorama
Foto: Gustavo Cantoni / Prensa Museo Nacional de Bellas Artes

-¿Dónde se origina el desastre?

El “Panorama” intenta mostrar una experiencia al viejo estilo inmersivo del siglo XIX, pero es una distopía que retrata una catástrofe inminente. El tiempo está quebrado. No hay ni presente ni futuro ni pasado, está todo mezclado. Es algo que va a pasar, que ya pasó y que está pasando. Y, de alguna manera, el tema fundamental es la codicia, un tipo de comportamiento humano que no está identificado de la misma manera que el alcoholismo o la drogadicción -por mencionar otros-, pero causa problemas infinitamente mayores. Sin embargo, la codicia está homologada y naturalizada. El capitalismo necesita un motor para poder devorar el planeta. Es lo que está pasando ahora. El panorama muestra el fin del Antropoceno, el fin de la administración a cargo del humano sobre la tierra, y hay distintas instancias en las que eso va ocurriendo. Es como un archipiélago, una serie de islas y en cada isla sucede algo paradigmático. Son distintas formas de anuncios de que las cosas no están bien, de que el planeta está a punto de colapsar. Y también hay otra isla donde está toda la militancia, las ideas políticas, todos los intentos de agruparse en algún tipo de pensamiento que pueda poner a salvo, subsanar estos inconvenientes, estos problemas.

-¿Cuál sería la respuesta?

.La respuesta tiene que ser política, a partir de la moderación de la codicia, el reparto de la riqueza, todo ese tipo de cosas que tienden a controlar ese afán de lucro que parece invulnerable hoy en día. Son todos intentos de redención. Y también está la cuestión de “emboscarse”, el lugar del bosque es el lugar de la protección. Hay tres materiales que son lo que se ve ahí en todo el panorama que son la piedra, la madera y la carne. Esos tres paradigmas materiales son los que tienen que convivir en armonía para que la cosa funcione. Cuando no está la cubierta vegetal, entre la carne y las piedras, ahí hay un problema grave. La madera es el agente que hace posible que la carne pueda convivir con la piedra. Son distintos registros de la política y la ecología.

Foto: Gustavo Cantoni / Prensa Museo Nacional de Bellas Artes

-¿Por qué armaste un “Teatro de la memoria” y cómo se conecta con el panorama?

-El Teatro de la memoria es una deriva del panorama, es una especie de teoría del tiempo. Pensar cómo se desarrolla a lo largo de las imágenes también un hilo temporal. La sociedad o cada uno construye su propio teatro de la memoria a lo largo del paso del tiempo, con los paradigmas que le van pasando uno constituye su novela personal a partir de los grandes eventos, sean personales o sean sociales quedan instalados en una especie de hilo del tiempo. Después, finalmente, hay un dibujo en la pared que es una conjetura sobre cómo se va enroscando esa línea del tiempo, como si fuera el ovillado de la lana, cuando se ovilla la lana, el hilo del tiempo ovillado constituye lo que sería un Aleph, donde se ve todo lo que está pasando y lo que pasó. Tiene un sentido único, donde el tiempo se concentra en esa esfera.  El panorama que está extendido horizontalmente a lo largo de treinta metros de la otra pared está enroscado en una especie de esfera en donde todas las cosas están sucediendo ahí adentro.

Foto: Gustavo Cantoni / Prensa Museo Nacional de Bellas Artes

-¿Los bocetos muestran que también hay simultaneidad de la línea temporal en el proceso creativo?

-Exacto. También ahí está eso presente. Por eso muestro los cuadernos abiertos, que uno puede chusmear ahí, porque también cada uno de los cuadernos es en cierto modo un teatro personal de mis lecturas, del proceso creativo, todo eso está depositado en este cuaderno, como en una especie de historia personal que es la historia con la cual hice la muestra, el proceso por el cual fue pensada. 

Foto: Gustavo Cantoni / Prensa Museo Nacional de Bellas Artes

“Daniel Santoro: Panorama. El teatro de la memoria” podrá visitarse hasta el 19 de noviembre de 2023 en la sala 42 del segundo piso del Museo, de martes a viernes, de 11 a 20, y los sábados y domingos, de 10 a 20, con entrada libre y gratuita.