Lisandro es el Martínez que no vemos en la selección. O el que menos aparece en los primeros planos. No es el Dibu, su histrionismo out of context y sus atajadas clave. Tampoco es Lautaro, toro salvaje, goleador del ciclo de Lionel Scaloni. Lisandro Martínez es el futbolista que, ante Chile en Calama y ante Colombia en Córdoba, en esta anteúltima doble fecha de Eliminatorias, se ganó su lugar en el Mundial de Qatar. Fueron sus primeros partidos como titular en la clasificación. El tercer Martínez hasta podría pelearle un lugar a Cuti Romero y Nicolás Otamendi, la pareja de centrales que corre con ventaja, campeona en la Copa América. Lisandro intervino con ese remanido primer pase en la jugada del gol de Lautaro, antes del centro de Marcos Acuña. Ningún jugador completó más pases en el 1-0 de la selección en el Mario Kempes: acertó 79 de 81 intentados, el 98%.

Pases filtrados que rompen líneas -en corto y en largo, rectos y cruzados-, asistencias, salida limpia, conducción, lectura de juego, anticipo, seguridad, agresividad en la marca. En Newell’s, que lo descartó después de jugar apenas un partido en Primera porque era bajito. En Defensa y Justicia, donde logró el subcampeonato histórico en la Superliga 2018/2019. En Ajax, la casa en la que pule el estilo. Y en la selección, donde le ofrece alternativas a Scaloni, ya que jugó de lateral izquierdo y de mediocampista central, posición en la que terminó ante Colombia, en tándem con Guido Rodríguez. Sea donde fuera, Lisandro Martínez juega la pelota redonda y al pie. Lo intenta, al menos. No le teme al error porque al final aprende. “Lo que perfeccioné -suele repetir- es la toma de decisiones”. Con contrato en Ajax hasta 2025, apareció en el radar de Xavi, que lo quiere en Barcelona, siempre amante de la filosofía holandesa.

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Lisandro Martínez es un estudioso del juego que persigue los detalles. Entrevistado por el periodista y analista táctico Vicente Muglia, dijo la frase que lo pinta: “Me fastidio cuando erro un pase”. En pleno partido, suele contar los duelos ganados y perdidos, un método de concentración. El año pasado, en la Champions League, anuló al noruego Erling Haaland en los cruces del grupo ante Borussia Dortmund (3-1 y 4-0). Ajax enfrentará en octavos de final a Benfica. De 1,75 m, pone en práctica la inteligencia: no ir al choque, que el delantero no gire -y toque hacia atrás-, ganarle la pelota. En la selección argentina, escucha los consejos de Roberto Ayala y Walter Samuel, centrales de élite en sus años de futbolistas. Aunque Lisandro, recordó, jugaba de enganche en el campito de la casa de su abuela.

“En Argentina, somos muy apasionados en lo que hacemos -contó en el canal neerlandés NOS, porque en el Ajax lo llaman ‘carnicero’ por alguna patada de más-. Como siempre decimos: cuando vamos a jugar al fútbol lo hacemos por la comida de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestras novias. Es una motivación que no se explica”. Antes de la Copa América, Lisandro Martínez puso de fondo de pantalla en su celular una foto de Ramón Ismael Medina Bello. No cualquiera: una del Mencho levantando la Copa América de Ecuador 93, el último título que había ganado la selección. Medina Bello es uno de los campeones con Argentina nacido en Gualeguay, Entre Ríos. El otro es Jorge Burruchaga, el autor del 3-2 en la final ante Alemania en el Mundial de México 86. Lisandro es el tercer gualeyo. Como en la cancha con los Martínez.