El arreglo alcanzado con el Club de París y la anunciada emisión de derechos especiales de giro (DEG) por parte del Fondo Monetario Internacional despejan sensiblemente el horizonte financiero del gobierno, que en 2021 abonará deudas con un desembolso de divisas mínimo en comparación al que se preveía algún tiempo atrás.

En concreto, el 28 de julio se abonarán U$S 215 millones al Club de París como primer pago a cuenta del capital adeudado; la segunda cuota por un monto similar se cancelará recién en febrero de 2022. Mientras que las obligaciones de este año asumidas ante el FMI podrían cubrirse con los DEG que distribuirá el propio organismo, posiblemente a fines de agosto.

A estas necesidades se agregan los U$S 154 millones de intereses de los bonos emitidos el año pasado, en ocasión de la reestructuración de la deuda soberana, a abonar el 9 de julio. De esa manera, la salida de divisas para obligaciones financieras se reducirá a U$S 369 millones. Apenas un sexto del vencimiento reprogramado con el Club, una décima parte de las amortizaciones pautadas ante el FMI para este año y una ínfima parte de los U$S 8400 millones que iban a insumir en 2021 los bonos canjeados en septiembre pasado.

Por cierto, no serán los únicos pagos en divisas que realizará el gobierno en 2021. Entre julio y diciembre hay otros vencimientos con organismos bilaterales y multilaterales que redondearán unos U$S 1700 millones, según cálculos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC). Pero en el Palacio de Hacienda los cuentan en un renglón aparte porque en su mayoría son préstamos destinados a obras de infraestructura.

Esa fue la raya que trazó el ministro de Economía, Martín Guzmán, quien en la última semana volvió a cargar contra la lógica de endeudamiento del ciclo macrista: “El gobierno anterior tomó un préstamo récord con el FMI que no se utilizó para aumentar la capacidad productiva, sino para pagar deudas insostenibles a acreedores privados y financiar salida de capitales. Lo que se hizo fue muy grave”.

Solución intermedia

En el Club de París también se percataron de que Argentina decidió seguir realizando pagos de otras deudas a otros países y bancos. Por eso, se resistieron a prorrogar sin más el vencimiento por un año que había planteado Guzmán en sus dos recientes giras por el Viejo Continente. Razonaron: si hay plata para ellos, ¿por qué no para nosotros?

Para evitar el default, la solución intermedia a la que se llegó el miércoles en un Zoom clave con el francés Emmanuel Moulin, titular de la entidad, fue que el Club no reciba menos dinero que cualquier otro acreedor hasta marzo, cuando se converse por los U$S 2000 millones remanentes. El convenio fue ratificado en un DNU publicado este sábado en el Boletín Oficial.

En cuanto al diálogo con el FMI (que acogió “con satisfacción” la novedad), su curso está teñido por el inicio del proceso para la emisión de DEG por U$S 650 mil millones, para paliar los efectos de la pandemia: el directorio aprobó la propuesta el viernes y ahora debe refrendarla la Junta de Gobernadores. Por su aporte de capital, parámetro según el cual se hará el reparto, el gobierno sabe que le tocarán algo más de U$S 4300 millones. La llegada de esa partida calzaría con las dos primeras cuotas de devolución del stand by de 2018, cada una de U$S 1800 millones, previstas para septiembre y diciembre, y con el pago trimestral de intereses de noviembre por U$S 300 millones (el anterior, en agosto, debería ser liquidado con fondos genuinos).

El recurso genera resistencias de parte del Frente de Todos. La alternativa para evitar ese conflicto interno es apurar un acuerdo con el FMI que reordene de manera integral el cronograma de pagos. La oportunidad será el encuentro de líderes de finanzas del G-20, que se realizará en Venecia en 10 días, en el que coincidirán Guzmán y la titular del Fondo, Kristalina Georgieva.

¿El ministro apurará las conversaciones? ¿Las pateará para después de las elecciones? ¿Esperará a marzo de 2022, fecha límite prometida ante el Club de París? Escudado en su monocorde tono académico, Guzmán no dio pistas: “Nunca hubo un plazo definido con el FMI. Nuestro objetivo es tener un buen acuerdo; cuanto antes mejor, pero la prioridad es que sea bueno”. «

Standalone: gobierno tranquilo

La evaluación anual de Morgan Stanley Capital International (MSCI) sobre las condiciones de los mercados internacionales fue más dura de lo esperada para Argentina: la consultora bajó al país dos escalones, de “emergente” a “standalone”, el nivel más bajo de los cuatro existentes.

La novedad provocó que este viernes las acciones argentinas cayeran hasta 8% en Wall Street. Sin embargo, en el gobierno le restaron dramatismo a la situación. “Los controles los puso Macri en 2019, cuando los capitales especulativos de corto plazo se fueron y provocaron la devaluación. Nosotros estamos trabajando para resolver esos problemas”, argumentaron voceros del Ministerio de Economía.

 Según MSCI, “la severidad prolongada de los controles de capitales sin resolución no está en línea con los criterios de accesibilidad del índice MSCI Emerging Markets”.