Esta semana se conocieron los datos de empleo registrado de agosto que difunde el Ministerio de Trabajo basados en datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) de la AFIP.

Una primera lectura indica que se acumulan 25 meses consecutivos de recuperación del trabajo registrado del sector privado. Un crecimiento ininterrumpido desde julio de 2020, cuando el país y el mundo comenzaban a salir de las restricciones impuestas por la pandemia. Un escenario similar se verifica en el empleo registrado en general que, con la excepción de diciembre de 2020, mantuvo una fase ascendente desde ese mes.

Sin embargo, para el caso del trabajo registrado del sector privado, la recuperación de 416 mil puestos en poco más de dos años que llevaron la cifra total hasta los 6.185.400 puestos, sirvió apenas para retrotraer la situación a febrero de 2019, cuando incluso existían dos mil empleos registrados más que en la actualidad.

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Si, por ejemplo, se comparara con lo que sucedía siete años atrás, en agosto de 2015, el número de empleos registrados del sector privado retrocedió en términos absolutos en 49 mil puestos. En aquel momento existían 6.234.400 puestos del sector privado.

Más precarización

De hecho, la recuperación del empleo luego de la pandemia muestra un marcado sesgo de precarización. Según datos de la Cuenta de Generación del ingreso del Indec, entre el segundo trimestre de 2020 y el mismo trimestre de este año, el sector privado generó apenas 375 mil empleos asalariados registrados y 2.236.000 de puestos asalariados no registrados, a razón de un empleo y medio registrado por cada diez nuevos puestos. Las retricciones de la pandemia se verificaron con un ensañamiento particular con el empleo no registrado que, por eso, se recuperarpó a mayor velocidad. Si se analizara el último año, la creación de puestos asalariados registrados netos suma 267 mil contra 907 mil no registrados, a razón de dos asalariados registrados cada diez puestos nuevos.

Si se decidiera pasar por alto el 2020 y 2021 para eludir la distorsión generada por la pandemia, al comparar la situación actual con la del segundo trimestre de 2019, se produce un resultado aún más desalentador. Existen 606 mil asalariados nuevos de los cuales apenas 49 mil resultan registrados, a razón de 0,8 asalariados registrados por cada diez nuevos empleados.

Retroceso de la industria

Así las cosas, resulta también ilustrativo de la evolución del entramado productivo analizar la evolución del empleo al interior del sector privado. De los datos del SIPA, que omite el empleo no registrado, surge que en la última década hubo un crecimiento neto de 156 mil empleos en el sector privado. Más allá de que tomando en cuenta el crecimiento vegetativo anual de la población se trata de una contracción en términos reales del 7,4%, lo cierto es que se produjo una marcada transferencia desde la industria, que perdió 94 mil empleos en términos absolutos desde agosto de 2012 hacia los servicios.

En el mismo período el comercio creó 61.500 puestos, los servicios sociales otros 55.300  y la enseñanza privada otros 59.400. El único sector, además de la industria, que resignó puestos en términos absolutos, fue el de transportes y comunicación, que perdió 9200 puestos.

A la hora de analizar la industria, según datos del Centro de Estudios para la Producción (CEP), dependiente de la cartera homónima y que cuenta con datos desde el año 2014, resulta que, desde julio de ese año solo seis de 23 sectores industriales relevados incrementaron sus plantillas aunque solo uno lo hizo por encima del crecimiento vegetativo de la población. Se trata del sector farmacéutico, que creó 5054 puestos, que representan una suba del 13,4%.

La industria alimenticia, que hoy genera el 27% de los puestos industriales, incrementó su participación sobre el total aportando 22.559 nuevos empleos, un crecimiento del 7,2% en el período. También crecieron levemente maquinarias (6%), equipos electrónicos (6%), el caucho y plásticos (2%) y minerales no metálicos (0,89%).

En el otro extremo, descollan las refinerías de petróleo, que destruyeron el 43% de sus puestos –equivalente a poco más de 3 mil–, el cuero y el calzado (cayeron un 38,8% y 17 mil puestos), imprentas y editoriales (-27,6%), tabaco (-26,4%) y prendas de vestir (-23%). La industria química perdió el 8,71% de sus puestos de trabajo y la industria auotomotriz el 7,61%. «

Salarios industriales, un 20% arriba del promedio

El retroceso relativo del empleo manufacturero tiene impacto en la economía porque es allí donde se genera la mayor agregación de valor. Pero además, el empleo industrial cuenta con mejores condiciones que las que goza el promedio de los trabajdores. Según datos del CEP, en julio de este año, el salario promedio del sector llegaba a los $ 189.908 cuando el haber promedio se ubicaba en $ 158.685, un 20% más alto. Si se lo comparara con el sector de comercio, que muestra un dinamismo superior al de la industria y que percibe un salario promedio de $ 139.471, se trata de salarios un 36% más altos. Con la construcción, la diferencia es del 66 por ciento.

Pero además, según datos del Indec- CGII, el empleo no registrado en el sector se ubicaba durante el segundo trimestre de 2022 en un 33% cuando, excluyendo al sector público, el empleo asalariado no registrado, en promedio, llegaba al 43%. En el sector agropecuario la informalidad afecta al 60% de la fuerza laboral al igual que en el sector de la construcción. En el comercio, el porcentaje es del 44% y en la hotelería y gastronomía llega al 47%.