Con casi 40 años de historia -debutó en 1985-, el Dúo Coplanacu se convirtió en un actor esencial de la música argentina. Julio Paz y Roberto Cantos hicieron de los sonidos de su tierra, Santiago del Estero, un símbolo de esa Argentina a la que definen como un lugar que “no termina nunca”.

Sin salirse nunca del folklore, consiguieron “cercanía” con intérpretes de muchos estilos, desde rockeros como Diego Arnedo hasta la última invitación de La Delio Valdéz para participar en su presentación en el Luna Park, que por esas cuestiones de agenda no se pudo concretar. Ahora llegan a Buenos Aires, donde el domingo 18 se presentan con Gira patagónica íntima y La Peña de Los Copla en Buenos Aires, en el que conjugan el formato intimista que les dio origen con el del encuentro de baile y fiesta que los consagró.

“En las salas más chicas nos vemos más de cerca y compartimos intimidad -cuenta Julio Paz sobre la primra propuesta-. Por muchísimo tiempo nuestro ámbito natural fue estar bien cerquita, en lugares chicos y volver a hacerlo resulta hermosísimo”. Por su parte, señala Roberto Cantos: “Lo hicimos cuando comenzamos a cantar y durante mucho tiempo, hasta que nos hicimos conocidos, digamos. Y volvimos a hacerlo al comienzo de la postpandemia, por los aforos, y porque era como empezar de nuevo. Incluso charlamos con Julio que teníamos las mismas sensaciones de cuando comenzamos, emociones muy intensas por estar tan cerquita de la gente”. Paz recuerda que “en Córdoba hacíamos una sala una vez por mes, que tenía capacidad para 60 personas y entraban 100 apretados, un lugar que se llamaba Tonos y Toneles, que ha sido una marca muy fuerte en nuestra carrera y donde compartimos escenario con medio país”.

Oriundos de Santiago, Julio Paz y Roberto Cantos comenzaron su carrera en 1985.
Foto: Prensa

En aquellos primeros años de democracia, mientras el rock estallaba en las grandes ciudades, el Dúo Coplanacu y muchos otros artistas folklóricos reivindicaban la libertad que les daba estar lejos de las modas y el valor de la identidad musical de las regiones. Tantos años después, las diferencias no parecen tan marcadas y las distancias, que se recorren a otra velocidad, produjeron novedades. “Después de la pandemia hay muchos cambios -dice Paz-. Yo estoy en Córdoba y el cuarteto está ocupando un lugarazo; en Santa Fe, la cumbia; en todo el país, el trap; o sea que hay una movida grande. Pero los mismos chicos que hacen trap, en sus reuniones también cantan folklore, ya sean de ellos, o reuniones familiares . El mismo Trueno pone muchas cosas que tienen que ver con códigos que son del folklore, es decir que en cierta medida los cambios se van sucediendo, pero una de las patas, que tiene que ver con la identidad y la tradición, en cierta medida se mantiene.”

“Tiene que ver mucho con la evolución de las comunicaciones -aporta Cantos-. Antes cuando no había Internet, tenías que estar en Buenos Aires para que te conozcan en el resto del país. La infraestructura que hay en la ciudad es mucho más compleja; es mucho más caro y difícil convocar en Buenos Aires que en otra ciudad del país: el acceso a los medios está más restringido, ya sea por la propia política de los medios, porque hay que pagar o porque hay mucho interés por las modas.” Esa diferencia en las distancias que marcó Internet tiene un buen ejemplo en un hijo de Paz: “Tiene 23 años y hace trap. Es un músico tremendo y ha estudiado mucho, y encontró que se puede expresar a través de ese estilo. Pero, aunque no haya ningún giro folklórico en lo que hace, lo que aprendió de mí y vivió de chico con los abuelos y los tíos y su propia vida en Santiago lo nutren”.

Sin embargo, esa hibridación, mezcla e integración entre los distintos géneros y estilos musicales, antes que eliminar la tensión que siempre se generó entre lo urbano y lo folklórico, la resignifica, por decirlo de algún modo. Y aporta enseñanzas más que disputas. “Tiene que ver con estéticas muy diferentes y con estímulos muy diferentes. Lo que veo es que a los músicos que viven en Buenos Aires, sobre todo a los de folklore, les cuesta mucho salirse de la gran ciudad, darse cuenta de que para que te escuchen en Jujuy, hay que ir a Jujuy. No hay otra manera. Buenos Aires es en sí misma un ecosistema muy particular. Y se habla del Interior como una sola cosa y es algo inmenso y muy heterogéneo”, reflexiona Cantos. “Cazzu en un reportaje dijo que escuchaba al Dúo y al otro día me llamaron como mil (risas). Creo que todos estos chicos se nutren y tienen un canal abierto en el afecto hacia su identidad”, cierra Paz.

-En varias entrevistas definieron al Dúo Coplanacu como un camino, pero no un camino que lleva a algún lugar o destino, como si no hubiera un objetivo a alcanzar.

Julio Paz: Cuando elegimos cantar apuntamos hacia una dirección y un camino. Y lo vamos recorriendo. No en una meta cómoda, silenciosa, sino siempre en el camino, que nos agarre el encuentro, el abrazo. Es como el cerro, llegás a una punta y pensás que es la más alta, pero hay otra más alta, y también hay más bajas. Y ojalá que cuando todo se termine nos agarre recorriendo el camino. Porque va pasando el tiempo y uno se pone como un hechicero: descubre todo lo que viene del corazón.

Roberto Cantos: Nos hemos ido dando cuenta de a poco de que uno nunca llega a ningún lado con esto, porque lo verdaderamente sustancial es el camino mismo; caminar. Nosotros que nos dedicamos a recorrer el país cantando, nos damos cuenta de que nos faltan siglos para cantar en todos los lugares que se puede cantar. Y eso es lo que hacemos y lo que somos. Los objetivos son como vanos: uno nunca llega, siempre está andando.


Dúo Coplanacu

Presentan La Peña de Los Copla en Buenos Aires, domingo 18 de junio de 19 a 23.30, en el C. Complejo Art Media, Av. Corrientes 6271; y su Gira patagónica íntima, el viernes 16 de junio a las 21 en el Teatro Metro de La Plata, Calle 4 entre 51 y 53.