Franklin. Historia de un billete es la ópera prima de Lucas García Lagos y cuenta con el guión original de los hermanos Slavich (Epitafios y Sr. Ávila). Permite que se luzcan Sofía Gala Castiglione y Germán Palacios en los roles de Rosa, una prostituta, y Correa, un exboxeador y presidario, que, para redimirse deben escapar de un pasado delictuoso  y sobrevivir a las garras de un narcotraficante despiadado encarnado por Daniel Aráoz 

Se trata de un estreno que dará que hablar. Por un lado, une por primera vez en la pantalla grande a Sofía Gala y Germán Palacios, dos figuras de trayectoria artística inusualmente prolífica y prestigiosa en el séptimo arte. Títulos como Alanis (Berneri, 2017) o El resultado del amor (Subiela, 2007) particularmente consagraron a la talentosa hija de Moria Casán que hace años brilla con luz propia y El sueño de los héroes (Renán, 1997) o Las vidas posibles (Gugliotta, 2006) son, dentro de una vasta producción, títulos determinantes protagonizados por el actor.   

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Por otro lado, el debut del director Lucas García Lagos pone a ambos artistas en el límite de las exigencias físicas y actorales. A la vez que componen a dos amantes pasionales intensamente enamorados, dos encantadores e irredimibles perdedores,  de esos hermosos y malditos que el público suele adorar, las escenas los llevan a escenas plenas de acción, violencia y permanentes suspenso y acción.    

–¿Cómo describirían y cómo compusieron los personajes de Rosa y Correa?  

Sofía Gala Castiglione: –A mí, cuando me preguntan cómo describiría o definiría a un personaje que interpreté, me resulta muy difícil, me cuesta mucho. En realidad, me cuesta hablar de mis personajes en tercera persona porque los transito a partir de mí. Más allá de que el personaje no soy yo, los construyo a partir de mi propia emocionalidad. Entonces, es como si me pidieras que me definiera o me describa a mí misma o algún rasgo de mi personalidad. Creo que, a grandes trazos, lo que puedo decirte de Rosa es que es una mujer fuerte, luchadora, pero me cuesta un huevo describírtela. No la tengo muy analizada. Ni a ella, ni a ningún personaje que hago. Durante el tiempo que los interpreto y en ocasiones por más tiempo, pongo todas mis emociones, mis deseos y mis sentimientos en ellas y soy yo. 

Germán Palacios: –Creo que los construimos sobre la base de que son personajes muy maltratados por la vida. De alguna manera, concebimos como un bloque a Rosa y a Correa. Como una dupla, como a dos personas cansadas del desamparo y de la marginalidad, que un día deciden que van a plantarse y a afrontar a una nueva opción de vida. Entonces, trabajamos mucho sobre todo lo vincular. Lo más obvio es que Rosa es una prostituta que trabaja para Bernal y que Correa es un exboxeador que trabaja para el mismo líder mafioso, interpretado por Daniel Aráoz. Pero lo que más nos importaba era lo que podíamos crear a nivel vínculo. Cómo podíamos ir generando ese vínculo no convencional entre dos personas que no están demasiado confiadas en la vida, que no están demasiado seguras, que están muy golpeadas. De dos personas que parecen amarse con la desesperación y la pasión de aquellos que no tienen nada más que a sí mismos. Eso fue lo que más nos interesó y lo que trabajamos. 

–¿Por qué creen que los espectadores empatizan con personajes que conviven en el delito y la violencia? 

SGC: –Creo que es porque Rosa y Correa son personajes leales. Tienen un código que es también lo que los mantiene a flote, lo que los lleva a relacionarse entre ellos y a crecer. A afianzar la relación que tienen y en algún punto a seguir adelante. La lealtad puede darles significado hasta a las situaciones más extremas. Que eso ocurra en esos universos tan despiadados, en esos submundos en donde pareciera que la vida carece de valor o es explícitamente frágil resulta conmovedor. Ahí donde parece proclive que no te quede nada porque el contexto te lleva a perderlo todo surge un amor extraordinario. Esa es la empatía mayor hacia esos personajes: vivir en un ambiente y una situación hostil y a pesar de eso crear un vínculo leal y verdadero y un código vital.     

GP: –Ellos pelean por su libertad. Eso torna todo muy épico. Rosa y Correa son dos desclasados que tienen valores. Lo cual se vuelve muy lindo como metáfora de que no hace falta tener una clase social privilegiada para tener ciertos valores. Muchas veces, en esos contextos tan adversos, hay gente que puede tener conductas ejemplares que, desde otras perspectivas, son insospechadas. Eso los convierte en personajes heroicos. Ojalá en este caso el público también empatice con ellos.   

–¿Cuáles fueron las escenas que más les conmovió interpretar? 

SGC: –No puedo ver una escena separada de un recorrido. Me parece que crear esos personajes es un recorrido a partir de cada escena que hacemos juntos con Germán. Todo mi encuentro vincular es con el personaje de Germán y eso es lo que va haciendo crecer y afianzar la narración. Es de esa manera que los personajes van creando la historia. Lo vas haciendo mientras lo vas haciendo y me pasó de ir conociendo y entendiendo a los personajes a medida que vas interpretando. No puedo seleccionar una escena. Todo el conjunto de hechos es emocionante para la mirada final de lo que quedó. Todo este cuento terminado, este vínculo es lo más emocionante de todo, todo lo que se construye como un todo entre ellos, más que una escena en particular. 

–Sofía, hace poco interpretaste a otra trabajadora sexual encantadora en Alanis. ¿Qué tienen en común y qué tienen de diferente con Rosa? 

SGC: –No. Alanis y Rosa son dos personas en dos contextos de vida distintos. Y yo también desde que hice Alanis, hasta hoy, soy diez personas distintas. Lo único que tienen en común es a mí. Y la emocionalidad que transita cada uno de estos personajes por separado, pero no pienso en otro personaje cuando pienso en Rosa o en cualquier otro. 

–En tu personaje, Germán, ¿cómo ves su apelación a lo religioso? ¿Se puede interpretar como una nueva versión del realismo mágico? 

–Son características de los personajes. Creo que es bastante común en la gente muy humilde, que también está muy necesitada de creer en algo y de depositar en algo sus sueños. Por eso la fe. También es interesante para una persona más culta o más racional tratar de pensarse a sí misma con esa sencillez y esa simplicidad. Creo que está muy bien aplicado en el relato. Y además es un punto de conflicto en la pareja amorosa. Discutimos mucho con Sofía de eso.   

–Pasolini solía decir que amaba los sectores populares, entre otras cuestiones porque amaba más los mundos religiosos que los profanos. Esa fe de Correa y esa apelación a lo irracional, ¿es también otra manifestación de sentimientos más nobles que, como los de su amor por Rosa, son inefables y no calculables? 

SGC: –Claro.

GP –Sin dudas. 

–La película se inscribe en el género policial. ¿Buscaron referentes locales para componer los personajes? 

GP: –En lo personal, el policial es un género que me gusta mucho. Me fascina que frecuentemente combina la acción y la pasión. En ese sentido, a veces, permite desarrollar aspectos de los personajes que en otro contexto estarían fuera de tono. Al poner sobre el tapete el delito o la subversión de lo legal y lo normativo al extremo, posibilita llevar al paroxismo sentimientos y emociones humanas. La convención del policial permite cosas que para la actuación son muy lindas y enriquecedoras. Creo que Adolfo Aristarain o Juan Carlos Desanzo son referencias ineludibles dentro del policial argentino. Para Lucas es una ópera prima, pero él tenía bastante claro que el guión es de los hermanos Slavich (Epitafios y Sr. Ávila), que tienen mucho oficio en el género, y eso estaba bueno. Lo que me gusta de la película es que no tiene mayor pretensión en sí y que Lucas la veía como un entretenimiento. Y que, en el mejor de los casos, se pretendía que la película estuviera bien realizada y actuada y que fuera entretenida. Me parece que, si cumple esos requisitos, está muy bien. 

–¿Se dan cuenta de que pueden convertirse en la pareja amorosa delictiva del cine argentino, algo así como Bonnie & Clyde contemporáneos y locales?

GP: –(Risas) No, no. Simplemente nos divertimos mucho entre nosotros dos, lo cual fue una gran sorpresa porque no habíamos trabajado nunca juntos. 

SGC: –Nos dimos cuenta de que teníamos una mirada de trabajo similar y coincidíamos en muchos aspectos en la forma de encarar los personajes. Siempre es un placer encontrarse con colegas con los que puedas crecer y crear algo que está buenísimo, y encima pasarla bien. Al final, es lo más importante: pasarla bien (risas). Y el placer del encuentro, de la palabra encuentro en toda su dimensión en el oficio de crear. «


Franklin. Historia de un billete

Director: Lucas García Lagos. Elenco: Germán Palacios, Sofía Gala Castiglione, Daniel Aráoz, Joaquín Ferreira, Christian Salguero, Luis Ziembrowsky, Isabel Macedo, Luis Brandoni y L-Gante. Estreno: 19 de mayo, en cines.


El dinero en los policiales argentinos

Franklin. Historia de un billete marca el regreso de un género en el cual, el campo local, supo brillar particularmente desde los clásicos orígenes en directores tales como Hugo Fregonese, Carlos Hugo Christensen o Daniel Tinayre, pasando por Adolfo Aristarain, Juan José Desanzo en los ochenta y, llegando los últimos 30 años, a directores de la talla de Alberto Lecchi, Bruno Stagnaro, Adrián Caetano, Fabián Bielinsky y Marcelo Piñeyro, entre otros. 

El thriller policial de García Lagos, particularmente, aborda un tópico que suele ser recurrente en el género y en el imaginario social argentino: el del negocio o el azar que dan cuenta de la ilusión argentina de salvarse, de escapar al trabajo, a la dependencia, a la rutina, a la vida gris o miserable y que iluminó cintas tales como Apenas un delincuente (Fregonese, 1949), La parte del león (Aristarain, 1978), Perdido por perdido (Lecchi, 1993) o Nueve reinas (Bielinsky, 2000), entre tantas otras.

A su vez, como en Plata dulce (Ayala, 1982), Billetes, billetes (Martin Schor, 1988) o Plata quemada (Piñeyro, 2000), esa salvación necesariamente precisa de billetes ya anticipados por el título.

En este caso, el billete es verde y está manchado de sangre (toda una metáfora) y es el que eventualmente posibilitaría para Correa y Rosa el pasaje a un mundo mejor, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad que, como para los personajes Pizza, birra y faso, solo es posible cruzando el charco hacia Uruguay.