Alaska, Nueva York, Villa Urquiza. Ir y venir. La travesía conlleva, sobre todo, la búsqueda de una geografía personal, el posible hallazgo de un lugar donde los zapatos no aprieten y la gola se temple para decir al mundo –que es ancho, ajeno y prosaico– las verdades del alma. La argentinidad ya conoce, al menos desde la era de la reproducción fonográfica y de “Volver” para acá, que la nostalgia, el desarraigo y la identidad se cifran mejor con canciones. La poesía de Gardel y Le Pera hasta nos legó una matemática del existencialismo: esos 20 años que no son nada y al mismo tiempo, parecen serlo todo. “Por supuesto que 20 años es un montón”, dice Kevin Johansen dedicándoles el merecido homenaje “al mudo” Carlitos y a su eterna evocación de las nieves del tiempo. “Y si bien no soy budista, sí creo mucho en la reencarnación en esta vida, en que hay muchas vidas en una sola”, cuenta el músico que hoy celebra las dos décadas de The Nada, su proyecto más personal, ese que se le reveló en Mahattan, floreció en Buenos Aires y desde 2001 le permitió encontrar una voz propia e inconfundible. Una exploración lúdica y honesta con la que su “gringo” interior –Johansen nació en Alaska–, políglota y errante, pudo dejar de sentirse un hombre de ningún lugar y empezar a ser el trovador de todas partes.

En una mística propia, Johansen y The Nada llegan al Hipódromo de Palermo para celebrar un gran camino recorrido y de un público encontrado. “Es nuestro momento de autobombo y platillos. Y también de agradecer que desde hace 20 años compartimos este grupo, y siempre con mucha armonía. Logramos transitar momentos hermosos y otros que no lo fueron tanto… Y pudimos sortearlos, acompañarnos y querernos. Si no… ¿pa’ qué?”, sintetiza el cantante y compositor.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

La gesta de The Nada es una de las tantas reencarnaciones de Johansen. La sucesión de anécdotas, ya bastante conocidas, empieza con su nacimiento en Fairbanks, Alaska, como hijo de madre argentina y padre estadounidense. Durante la infancia vivió en distintas ciudades de los Estados Unidos, en épocas de agite cultural y activismo político, hasta que la separación de sus progenitores lo trajo a las dos orillas del Río de la Plata: primero a Montevideo y después a la Buenos Aires de la última dictadura, donde transcurrió su adolescencia (“siempre a contramano lo mío”, ironiza). Tuvo un debut musical ochentero con el grupo Instrucción Cívica (un proyecto muy particular, ver recuadro) y en la flor de la juventud, en los ’90 decidió volver solito al norte e instalarse en Nueva York. Con la guitarra a cuestas llegó al mítico CBGB, donde el mismísimo Hilly Kristal le abrió las puertas no solo para tocar, sino para grabar las primeras composiciones que marcarían The Nada, esa receta multigénero donde ya cocinaba con rock, folk, country, cumbia, bolero, milonga y más, entre otros ensayos eclécticos. Otras vueltas de la vida, esta vez ya convertido en padre de familia, trajeron a Kevin Johansen a la Argentina a comienzos del nuevo siglo, lo que resultó una oportunidad ideal para el comienzo de una nueva carrera artística.

“Todo fue muy fortuito. Después de diez años en Nueva York, volví a nuestro país porque falleció mi suegra de un ACV. Ya estábamos barajando con mi mujer, la madre de mis hijas mayores, probar de quedarnos acá. Estábamos entre Buenos Aires y Manhattan, y en ese dilema nos agarró el 2001: se caía la Argentina con el corralito y a su vez se caían las Torres Gemelas en Nueva York. Y no íbamos a volver en el peor momento de la paraonia gringa por el terrorismo y el ántrax… Así que dijimos ‘veamos’…”, recuerda el músico. “Por suerte, vine con el primer disco de The Nada abajo del brazo, que finalmente editó acá Los Años Luz y fue muy bien recibido. Armé la banda, con gente del barrio, Colegiales, Villurca… Y nos quedamos. Fue un proceso muy particular. Muchos años después, Tweety González me dijo en México: ‘Cuando viniste con The Nada trajiste una brisa de aire fresco’, y hasta me acuerdo que hizo el gesto, me sopló en la cara, y por suerte tenía buen aliento (risas). Es que acá sonaba mucho un rock chabón, barrial, rollinga, y lo que Tweety intentaba decirme es que en el medio de esa movida yo traje este sonido medio latino, una cruza de Manu Chao y Buena Vista, pero al mismo tiempo argento… Y me sorprendió para bien ese comentario porque yo, medio caído del catre, no me daba cuenta. Hasta entonces, más que artista de culto yo era un artista oculto: estaba escondido debajo de una piedra en Nueva York (risas)”.

El eterno retorno

Este jueves Johansen estrenó un tema junto a David Byrne: se trata de “Last Night I Was Dreaming Wiht You” (una versión en inglés de su hit “Anoche soñé contigo”), producida por Juan Campodónico (Bajofondo, Peyote Asesino), que oficia de adelanto de un próximo disco que lo tiene muy entusiasmado. “Hicimos canciones propias y ajenas, versiones y traducciones, entre ellas también ‘Oración al tiempo’, de Caetano Veloso, que llevo del portugués al castellano. Juan (Campodónico) es un productor tremendo, fue muy lindo conocerlo más. Tenemos un carril estético de coincidencias: aunque él es más moderno y aggiornado que yo, que soy más bien ‘la aplanadora del folk’ (risas). Compartimos algo interesante: los dos tenemos vivencias en el exilio, en otras culturas. Él vivió la infancia y adolescencia en México, yo tuve mi infancia gringa y después en los ‘70 acá, en la época de los militares, además él también tiene mucha raigambre folklórica”. El álbum incluirá participaciones de Rubén Rada, Jorge Drexler y Natalia Lafourcade. Lo de David Byrne parece cerrar el ciclo virtuoso de 2021, el líder de Talking Heads también tuvo su nido musical en el CBGB, ahí donde un tímido Johansen se animó (a instancias de Hilly Kristal) a forjar la mistura que hoy caracteriza a su estilo.

“Más allá de todo lo que sucedió tecnológicamente en estos 20 años, y a nivel de la industria, hay cosas que siguen estando vigentes: la gente consume música, y también consume imagen con la música, como ocurre desde que apareció MTV”, dice Johansen y sobre esto último cabe recordar el proyecto que llevó adelante en colaboración con el dibujante Ricardo Siri “Liniers”, con quien montaron recitales de música y arte en vivo.

“Con la banda, después de la crisis, tipo 2002, empezamos a ir mucho a España. Hasta que explotó allá la burbuja inmobiliaria, fue un momento de tirar manteca al techo: en un pueblo de 5000 personas, el ayuntamiento contrataba a Stevie Wonder para que toque gratis”, ilustra. “De repente no fuimos más. Son vaivenes de mercado incontrolables, no tiene nada que ver con lo que uno pueda hacer. Como grupo, hay que acomodarse a ciertos movimientos, bancarte la crítica, momentos en que te dan para que tengas y otros en que te levantan… ¡Es muy difícil!”.

Uno de esos momentos se dio con la tremenda exposición que le tocó a Johansen y The Nada con el tema “Down with my baby”, que en 2003 se transformó en uno de los temas de la superexitosa serie Resistiré, de Telefe, protagonizada por Pablo Echarri y Celeste Cid. “Fue rarísimo, nunca me imaginé que pasaríamos al mainstream, fue un gran desafío personal. Ni me lo esperaba. Pero fue un proceso interesante: ser un artista popular también implica bancarte la pelusa”, describe. “Como era en inglés, me agarraba la cabeza de que pensaran que era un artista cachondo que hacía temas a lo Barry White… Y el miedo al que dirán, la exposición, el cambio. Y al público: porque el que ya te seguía mira medio raro al público nuevo. Pero creo que nos fuimos acomodando dentro de nuestra esencia ‘des-generada’”. 

Al final, festeja Johansen, acá están todos: la banda y su gente. Una magia sobre la que más allá de bromas y juegos de palabras, arriesga alguna noción: “Sostener un proyecto como este siempre va a ser un desafío. Pero depende también de lo que se proponga artísticamente. Porque desde lo artístico, el hecho creativo nunca es negar la realidad, sino querer transformarla en algo más potable, como diría el maestro David Lebón en ‘Un mundo agradable’. Uno quiere transformar la parte dura, y ‘al mal tiempo buena cara’. La máquina, el hecho creativo, no descansa nunca. Eso tiene mucho que ver con lo que es The Nada”. «


¿CUÁNDO?

Kevin Johansen presenta Fin de Fiesta: 20 años con The Nada. Domingo 5 de diciembre a las 19, en el Hipódromo de Palermo. Lo acompañarán Enrique «Zurdo» Roizner en batería; Andrés «Caio» Reboratti en bajo y vientos; Maximiliano Padín en guitarras, charanga y bajo; Pedro «Pepo» Onetto en teclados y acordeón; Sebastián «Cheba» Massolo en guitarra eléctrica; Lucas «Ove» Espina en percusión; Miguel Ángel Tallarita en trompeta y Mariano «Flaquito» Massolo en armónica.


Pachanga, celebración y catarsis

Según dice Johansen, este fin de fiesta por los 20 años de The Nada será “como un living masivo, nuestra zona de confort, o la mía, porque recaigo sobre una banda que me conoce las mañas”, ilustra. “Imaginate que contamos con el Zurdo Roizner, que tocó con Vinicius, Piazzolla, y a sus casi 82 años va a estar de nuevo, presente en la batería, ¡no podemos creer que toca con nosotros! Anda medio confundido (risas)…”, comenta Johansen sobre su admirado Roizner, quien hasta fue tapa del disco Mis Américas: Vol. 1/2. “Venimos todos medio cargaditos de la pandemia, aunque creo que lo positivo de estar encerrados, para muchos, fue desafiarnos a pensar ‘¿qué es lo que realmente quiero decir?’, sin caer en eso de ‘¡qué mal la estoy pasando!’, porque uno está en un barco privilegiado, tiene dónde caer y no todos pueden. En lo personal, me desafió a decir lo que tenía ganas, pero para arriba, que no sea para el corchazo, sino algo creativo”. Del show con su banda histórica, sabe que ahí estarán “escuchando a la gente gritar ‘¡Guacamole!’, o pidiendo algún tema fuera de la lista y que los músicos me puteen por lo bajo: ‘Este gringo que no lo ensayó…’”.


Johansen antes de Kevin

En plena efervescencia de la escena pop-rock argentina, en 1986 salía a la calle Obediencia debida, el primer disco de Instrucción Cívica, agrupación liderada por Kevin Johansen de la que participaron músicos como Fernando Samalea, Alejandro Terán y Axel Kryger.

“Estaban todos estos animales, también Julián Benjamin, gran tecladista y compositor; Sebastián Schon, socio de Cachorro López, que tocó los saxos; Daniel Krause en el bajo… Yo estaba un poco verde, todavía no había encontrado mi voz. Idealizaba las voces agudas como las de Sting o Charly, nada que ver conmigo: sonábamos como las ardillitas, porque yo me subía la cinta”, cuenta y se ríe el compositor. “Grabamos en los estudios Del Cielito, de Gustavo Gauvry… Yo estaba un poco imberbe, espero que Samalea me haya perdonado (risas). Gauvry nos decía: ‘¿No quieren que lo produzcamos mejor?’. Y yo: ‘¡No, quiero que salga ya’. Al final salió ocho meses después, que cuando tenés 20 años es un montón, y el disco no me gustó más…”. Así y todo, Instrucción Cívica tuvo sus “15 segundos de fama” en Lima, Perú, y hasta compartieron festivales con Sumo, GIT y David Lebón.