Con más de mil casos por día y un 95% de las camas de terapia intensiva ocupadas, la situación epidemiológica de Rosario se muestra compleja. Para los médicos, lo mejor sería una vuelta a Fase 1, aunque ya no parece una opción el cierre de actividades, con manifestaciones casi diarias en reclamo aperturas, en una ciudad donde casi todo está abierto. En ese sentido, el gobernador Omar Perotti descartó un retroceso de fase y llamó a “convivir con el virus”, pidió mantener los cuidados “de la mejor manera, sin parar actividades”, y reclamó que si una persona tiene síntomas se comporte como caso positivo aun sin el resultado del testeo.

La visita de Alberto Fernández a Rosario evidenció la gravedad de la situación. Sentados con distancia social junto al intendente radical Pablo Javkin y Perotti, reprodujeron la foto de unidad que incluía a Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta cuando el problema era el AMBA. Pero Rosario sufre otras dos pandemias: la quema en las islas, que en el encierro multiplica las enfermedades respiratorias, y los heridos de bala que también van llenando los hospitales: en la ciudad hay un promedio de 30 balaceras diarias. Alberto anunció entonces no solo más tests y más rápidos, sino también 3000 millones para seguridad, además de brigadistas y aviones hidrantes.

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De ser la ciudad que mejor había manejado la pandemia durante meses, casi sin casos ni muertos, Rosario vio cómo a mediados de agosto la situación comenzó a complicarse. Una de las causas es el estrecho contacto con el AMBA, con contagios que rápidamente se esparcieron hasta generar una transmisión local del virus difícil de atacar.

Ernesto Kofman, matemático del Conicet, había anticipado que de no modificarse la circulación en Rosario, se superarían los 700 casos a mediados de septiembre, algo que finalmente ocurrió. El endurecimiento que se decidió durante septiembre evitó el colapso del sistema sanitario, pero el trabajo de Kofman proyecta que el máximo número de contagios llegaría en octubre, un “pico” que dependerá del contacto social que haya en los próximos días.

“Entre el 17 y el 27 de septiembre se verificó una reducción del contacto social promedio del 25% respecto de los primeros diez días de aislamiento –dice en su informe–. Esto implica que a la fecha hay unos 3400 contagios menos que los que hubieran ocurrido sin las medidas, que se habrían traducido aproximadamente en la ocupación de 60 camas de terapia adicionales durante dos semanas”.

Desde el lanzamiento de plan Detectar Federal en Rosario, los equipos de salud realizaron operativos en 19 barrios. Solo el jueves, por ejemplo, fueron visitadas 379 familias: 36 personas dieron positivo por laboratorio y a otros 26 contactos estrechos se los consideró infectados por criterio clínico epidemiológico. Si se detecta que una persona con diagnóstico de Covid-19 tuvo una amplia circulación en el barrio, el Detectar diagrama una visita casa por casa en un territorio que puede variar entre seis y nueve manzanas.

La importancia de estos testeos es la detección precoz de casos positivos con muy pocos síntomas. Esto permite aislar a esas personas y evitar que se desencadenen focos de circulación del virus. Hasta la fecha fueron contactadas en Rosario 7660 personas entre casos positivos y contactos estrechos, y los equipos realizaron 74.373 llamados.